OPINIÓN

"Borgen" y la Argentina

Una serie política danesa causa impacto en el país. Corrupción, corporaciones económicas y presiones mediáticas. Diferencias en la calidad institucional.

Sábado 10 de Octubre de 2020

La serie de televisión danesa “Borgen” ha captado a la audiencia argentina en las últimas semanas. Es una ficción con grandes toques de realismo que trata sobre la lucha por el poder político en Dinamarca, su compleja relación con los medios de comunicación y los intereses empresarios.

“Borgen” es la forma coloquial con la que se conoce al Palacio de Christiansborg, en Copenhague, donde tienen asiento las oficinas del primer ministro, el Parlamento, la Corte Suprema de Justicia y también algunas dependencias de la monarquía. Es decir, los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial trabajan en un mismo edificio, remodelado en 1928 en un estilo neobarroco.

La trama de la serie gira en torno a la vida familiar y política de la primera mujer que llega al cargo de primera ministra. Un partido de centro, alejado de laboristas (socialdemócratas) y liberales, obtiene un número suficiente de bancas en el Parlamento como para llegar al poder.

A partir de allí, se muestra cómo es la trama política danesa en una monarquía parlamentaria, más complicada que el sistema presidencialista. La figura del primer ministro es esencial a la hora de negociar cada iniciativa, en gobiernos de coalición, para obtener consensos y aprobación de las leyes. Problemáticas vinculadas a la ecología, la inmigración o la mediación en conflictos internacionales son ejes de gran debate que requieren estrategias políticas y mediáticas muy interesantes. En la realidad, no en la ficción, Dinamarca tiene una primera ministra socialdemócrata desde junio del año pasado.

Pero ¿por qué una serie de televisión, ahora en Netflix, entre tantas que se producen en Europa ha concentrado tamaña atención de los argentinos? Tal vez se deba a que muestra una calidad distinta a cómo se construye en política, a cómo la visión estratégica es a largo plazo y no se agota en un solo gobierno.

¿No hay corrupción en la política danesa? ¿No existen presiones de las corporaciones económicas? ¿No hay miserias humanas, rivalidades egocéntricas, xenofobia o mala praxis del periodismo? Claro que sí, pero en niveles y volúmenes absolutamente distintos a los de estas latitudes. Ex funcionarios llevando bolsos con dólares a un convento son difíciles de encontrar y ex presidentes que monten una red de espionaje contra miembros de su propio partido, opositores, familiares y periodistas, también.

Uno de los motivos por los que en “Borgen” el primer ministro liberal perdió las elecciones fue porque se ventiló, precisamente para perjudicarlo, que con una tarjeta de crédito oficial pagó compras menores de su mujer porque había olvidado su tarjeta de crédito personal.

Si a esto lo comparamos con uno de los mayores casos de corrupción de la democracia argentina, como los sobornos de la empresa alemana Siemens a varios funcionarios para obtener el contrato de confección de los DNI por 1.200 millones de dólares, queda clara la diferencia. Pese a que en la Argentina muy pocos de los procesos judiciales que investigan casos de corrupción terminan en condenas, el escándalo de los DNI tuvo la particularidad de que la propia empresa admitió haber pagado coimas. Y para seguir operando en la Bolsa de Nueva York tuvo que hacer frente a una multa millonaria. Siemens admitió haber pagado unos 100 millones de dólares a distintos funcionarios argentinos, Carlos Menem y Carlos Corach encabezaban la lista, para lograr el contrato, que finalmente nunca se concretó. La seguidilla de casos de corrupción en la Argentina es interminable.

También, a lo largo del desarrollo de la trama política de “Borgen” se refleja cómo, a pesar de las miserias de la política, hay quienes todavía colocan en primer lugar los intereses del país y luego las ambiciones personales. En la Argentina implicaría seguir la famosa máxima de Perón: “Primero la patria, después el movimiento y luego los hombres”. ¿Serán peronistas los daneses que aplican esa concepción que, sin embargo, aquí es solo un discurso muy pocas veces llevado a la práctica por distintos gobiernos de variada ideología?

La Argentina está muy lejos de alcanzar niveles de calidad institucional semejantes a los países escandinavos y más aún en un mundo globalizado que se aleja cada vez más de esos valores a gran velocidad.

Una investigación del diario The New York Times, que hace periodismo de calidad, reveló hace unos días cómo el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, uno de los principales magnates del país, eludió durante años el pago de impuestos a las ganancias. Según el diario, las empresas de Trump pagaron al fisco en 2016, año en que asumió, una suma irrisoria de 750 dólares, que repitieron en 2017. El motivo de esos magros pagos es haber declarado grandes pérdidas en sus negocios, pese a que Trump basó su campaña electoral en el éxito y manejo de sus empresas, que prometió replicar como presidente.

Pero volvamos a Dinamarca. Según recrea la serie, la vida parlamentaria de ese país no está exenta de rivalidades, golpes bajos y ambiciones de poder, aunque no es probable que el guión televisivo hubiese podido incorporar a un senador que pusiera su imagen con su cara frente a la computadora para simular su presencia o a un diputado “lactante” que no advirtiera que lo está viendo todo el país y después el mundo entero. Hubiera sido poco creíble para el público danés. Sin embargo, en la Argentina han sido posibles y seguramente habrá ocultas otras “delicias” parecidas.

El impacto de “Borgen” en el público argentino se origina, probablemente, por las marcadas diferencias con nuestra forma de hacer política y la escasa calidad de algunos gobernantes. Hay mucho para aprender.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS