Por más cuestiones intrínsecas que externas, Newell’s arriba a la recta final de la fase de grupos de la Copa de la Liga atravesado por vientos cruzados que le pusieron un freno a su envión, que nublaron con desconfianza su horizonte y que llenaron de piedras de incertidumbre su sendero, justo en el peor momento. La derrota con Boca en el Coloso expuso la cantidad de problemas que acarrea y que lo ubicaron en una preocupante pendiente de dudas. Fue un crudo baño de realidad que lo sacó de la zona de clasificación poco antes de la última fecha, en la que tiene que visitar este martes, a las 19.30, a Defensa y Justicia en Florencio Varela, para tratar de conseguir un boleto para pasar a cuartos de final, ahora dependiendo de otros resultados.
Por sus propios pecados está obligado a ganar (no le sirve otro tipo de cosecha) en un reducto sumamente hostil para la suerte leprosa, está condenado a mirar de reojo lo que hagan Boca, Estudiantes y Racing, y no le queda otra que rezar para que se den algunos marcadores a favor. Debe creer en un desafío por demás de dificultoso.
Este equipo rojinegro quedó preso de lo que mostró en el inicio de la temporada. En las cuatro victorias en hilera sobre Central Córdoba (1-0) en Santiago del Estero, Lanús (2-0) en La Fortaleza, Belgrano (1-0) en el Coloso y Unión (3-1) en Santa Fe exhibió un nivel de juego y eficacia que sorprendió y entusiasmó a propios y extraños.
Ese arranque de neón mostró una apuesta decidida, intensa, directa y efectiva, siempre pensando en el área rival, con la conducción de un Ever Banega que mostró toques magistrales y destellos de gran calidad, con todo su bagaje, oficio y experiencia al servicio del liderazgo dentro del campo de juego. Con la pelota bajo la suela, con galera y bastón, fue el abanderado del comienzo de la era de Mauricio Larriera en la entidad del Parque que quedó grabado a fuego.
Esa carta de presentación en la temporada estuvo acompañada por el poder de fuego y los gritos del uruguayo Juan Ignacio Ramírez, quien pudo mostrar rápidamente que estaba a la altura de lo que se esperaba en su llegada al fútbol argentino y que no tuvo que esperar para evidenciar su capacidad de llegar al gol, con o sin la asistencia de sus compañeros.
Esas válidas postales que regaló Newell’s en los primeros pasos de la Copa de la Liga luego se transformaron en una indolente vara de medición y de comparaciones que le está jugando en contra a las pretensiones de un equipo que nunca logró parecerse a esos esbozos del comienzo.
El primer golpe
Ante el primer golpazo, la inesperada caída 4-0 ante Racing en el estadio Marcelo Bielsa en la 4ª jornada, el elenco rojinegro comenzó a exponer ruidos y vacilaciones en relación a las seguridades que brindaba su funcionamiento. Empezó a mostrar que le costaba superar los escollos de ocasión, una llamativa falta de inteligencia, astucia y rebeldía, para manejar la gestión emocional de los partidos, y que muchas veces queda entregado a la certeza del rival de turno. Ese choque fue el embrión que originó y desencadenó esa problemática.
Esa carencia evidenciada ante adversarios de mayor envergadura terminaba recurrentemente en situaciones de ceguera general y repeticiones en los tramos decisivos de los cotejos. Ese déficit también lo sometió en el clásico de la 7ª fecha, que graficó una metáfora de lo que está siendo este semestre para su trayecto. Comenzó con todo y se fue desdibujando con el correr de los minutos, y en ese curva le cedió los tres puntos a un Central que atacó muy poco y se aprovechó de la indecisiones de la Lepra.
En este certamen, Newell’s cayó ante Racing, Estudiantes, Central y Boca, nunca pudo imponerse en los choques más duros y más exigentes, ante conjuntos de mayor fuste. Esa insuficiencia persiguió a los dirigidos por Larriera en toda esta competencia y le quitó chances de reaccionar rápido, ya que ante cada ocasión que debía exhibir respuestas confiables, nunca pudo levantar un gesto que evidencie un salto de calidad confiable.
Este Newell’s nunca pudo explotar, y probablemente a eso se refirió Larriera cuando habló de “un equipo todavía en construcción”, término que no cayó tan bien en los hinchas, sobre todo teniendo en cuenta que se transita la mitad del calendario competitivo.
A esta altura de lo andado, en la alta competencia, las producciones deberían estar en condiciones de ser evaluadas y juzgadas. Sin entrar en argumentaciones o excusas de ocasión.
Rojas muy inoportunas
Las tarjetas rojas conformaron otro gran inconveniente. Este Newell’s sufrió expulsiones de jugadores importantes en momentos claves. Para muestra, la roja a Banega ante Estudiantes en La Plata, en la previa al clásico, y que no impidió dejó jugar contra Central. Y luego recibió otra frente a Godoy Cruz en Mendoza, dejando con uno menos al equipo por protestar promediando el primer tiempo frente al puntero del grupo. El mismo estado de irritación que tuvo Rodrigo Fernández, expulsado ante Sarmiento en Junín y sin poder actuar frente a Boca, en un choque en el que la Lepra nunca pudo disimular su ausencia.
En los partidos más chivos, a Newell’s siempre le faltó alguna pieza de relevancia y eso es una falla que lo puede seguir condicionando si no aprende a afrontar ese tipo de instancias.
Muchos bajones
En esta última etapa se verifican bajones pronunciados de la mayoría de los futbolistas. Y cuando eso sucede es responsabilidad de la propuesta del entrenador y de búsquedas que nunca encontraron respuestas en las alternativas. En esa situación se entiende que Brian Aguirre ya no es titular (en los últimos cotejos fue reemplazado por Misael Jaime) y Panchito González también está muy bajo y en cualquier momento puede padecer una determinación similar.
Por su parte, la salida de Franco Díaz por sus dichos en redes sociales expusieron la falta de variantes de un plantel corto, sobre todo en la función de volante central de contención. Eso quedó crudamente evidenciado en el duelo ante Boca.
Otro punto flaco del conjunto rojinegro en este semestre fue que perdió fuerza en el Coloso. Algo muy difícil de entender. Extrañamente, este equipo obtuvo 8 puntos en condición de local en 7 partidos, mientras que pudo conseguir 13 unidades en 6 cotejos fuera de su casa.
Un fenómeno realmente muy curioso ya que si la Lepra hubiera aprovechado esa colecta de visitante, con una mejor campaña en Rosario estaría peleando la clasificación desde una posición en el que tendría mayores probabilidades de conseguirlo.
Más allá de las polémicas por los malos arbitrajes que lo persiguieron también en este certamen, este Newell’s de Larriera nunca pudo enfocar los trabajos para lograr en la cancha versiones con rasgos similares a lo que insinuó en los inicios de este proceso. Los problemas están adentro y hay que ajustar clavijas rápido para tratar de conseguir el pase de ronda en la última bola de la fase de grupos.
Ya no depende de sí mismo, pero igual debe intentarlo.