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Infancia y tecnología: ¿fumando pantallas?

Un estudio a cargo de la Organización de Estados Iberoamericanos reveló que casi el 60% de los niños menores de 2 años están expuestos a tablets y celulares todos los días, llegando al 75% hacia los 5 años de vida. Riesgos y consecuencias de este fenómeno.

Domingo 17 de Junio de 2018

Sin dudas la tecnología, en general, hizo dar un enorme giro a nuestras vidas en las últimas décadas. Pero de todas sus variantes y aplicaciones, la aparición de los smartphones (teléfonos inteligentes) y tablets significó un cambio radical tanto para nosotros, los adultos, como para los niños. Sobre estos últimos pondré el foco.

Todos empezamos dándole el celular a nuestros hijos para que se distraigan y nos permitan hacer algo durante un rato, una tarea que no podemos postergar o cualquier otra cosa, como si fuera un "chupete electrónico". Este movimiento, sin conciencia del daño potencial que puede producir, es el principio del asunto que nos toca en esta breve reflexión. Después ellos lo empezarán a pedir, convirtiéndose pronto en un derecho que reclamen, una especie de necesidad irrevocable. Y su uso comenzará a ir en aumento.

La cantidad de estímulos que le llegan desde ese pequeño dispositivo que saben alojar en la pequeña palma de su mano es increíble. Sonidos, imágenes, luces parpadeantes, flashes, movimiento, cambio, adrenalina ¡Todo esto en una pantalla ubicada a no más de 20 cm de la cara del niño!

¿Qué pasa en ese cerebro en pleno desarrollo? Frente a esta invasión permanente de estímulos, el sistema se excita sobremanera, trazando una línea de base en lo que hace a aquello que puede interesarle. Por esto, es difícil que luego al niño lo motive un autito de madera que a duras penas puede hacer girar sus ruedas, o en leer la historia de San Martín cruzando Los Andes, en una vieja fotocopia.

Ese inmenso caudal de estímulos y su enorme potencia no se replican en ningún campo de sus vidas, por lo que el sistema buscará, para satisfacer la nueva demanda, esa agitación mental que sólo puede reproducir el mundo virtual. La vida real parece aburrir, entonces, mejor escaparle. Los juegos "reales" son lentos y demandan virtudes que tienen que ver con la espera. Y lo mismo sucede en la escuela y en casa. Todo aquello que necesita tiempo, constancia y paciencia, cansa y frustra, cosa que no sucede en la vida digital, dado que los premios (reforzadores) son instantáneos y fáciles de conseguir.

Sonidos fuertes, imágenes brillantes, cambios permanentes e inmediatos, una forma muy efectiva de generar una suerte de adicción a los estímulos potentes, sin pausa, sin esfuerzo, sin momentos de espera ni turnos, sin frustración. Esto es lo que un smartphone le enseña a los niños.

Riesgos y consecuencias del uso abusivo de estas tecnologías

Las áreas y procesos destinados a la percepción se desarrollan más, pero a expensas de los procesos simbólicos —aquellos que tienen que ver con fantasear, inventar y crear— . Por esto, la hiperestimulación va en contra de la búsqueda del juego simbólico como disfrazarse, jugar a las carreras, a la cocinita o a la mamá con las muñecas.

•Los retrasos en el habla se incrementan hasta en un 50 por ciento en aquellos niños menores de 2 años que pasan frente a estos pequeños dispositivos 30 minutos todos los días, respecto de aquellos que no lo hacen.

•El exceso de imágenes visuales y la facilidad de tocar pantallas o botones para que aparezcan las cosas que buscan va en contra de la conexión con la lectoescritura.

•Los mecanismos implicados en el desarrollo del autocontrol se ve obstaculizado, dejándolos más vulnerables al desarrollo posterior de adicciones: se trata de niños acostumbrados a recibir gratificaciones inmediatas con apretar solamente un botón, cambiando a cada segundo aquello que no les gusta por otra cosa.

•La tolerancia a la espera y la frustración, capacidades que comienzan a desarrollarse en la infancia, no tienen lugar. Tampoco la paciencia y la constancia.

• La atención (selectiva) pierde en su capacidad de focalizar en una sola cosa, buscando tener siempre varias "ventanas" abiertas.

• Los procesos mediante los cuales el niño debería cimentar sus recursos comunicativos y sus herramientas para construir vínculos fuertes se traban. Las habilidades sociales pierden su lugar frente a los chats, emojis y otros modos de la tecnología.

• Se generan dificultades para conciliar y mantener un descanso de calidad, debido a que el exceso de estímulos deja el cerebro "hiperactivado" por largos períodos.

Los especialistas coinciden en que hasta los 2 o 3 años el acceso a estas pantallas debería ser nulo, dado que se tratan instancias fundamentales para el ingreso al universo del lenguaje y la socialización. A partir de los 2 años, el consenso científico sostiene que la interacción con estos dispositivos nunca debería ser mayor a 1 hora diaria, supervisando un adulto los contenidos que se consumen.

Es fundamental regular el uso de estos dispositivos, mucho más cuando su uso parece impostergable. La salud mental de nuestros hijos va en ello.

No es maldad, no hace falta que lo aclare: los hijos son los que más importa en el mundo. Pero quizás haya algo de negligencia por falta de información: aquí la intención de esta breve nota. Entiendo que muchas veces los tiempos o el cansancio nos empujan a dejarles el teléfono en la mano o permitirles que se "enchufen" durante largos períodos a juegos en red u otros, pero los riesgos y las consecuencias ya han sido estudiados. Si queremos cambiar algo, debemos hacernos cargo; estamos a tiempo, podemos hacerlo. No sirve de nada quejarnos si después hacemos más de lo mismo.

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