"Yo soy un hippie empedernido" dice Ricardo Soulé. Y lo tira al aire como una
declaración de principios rockera. El cantante y guitarrista, que fuera líder de Vox Dei, se
despachó a gusto contra sus ex compañeros Rubén Basoalto y Willy Quiroga, y se mostró entusiasmado
con su nueva banda, La Bestia Emplumada. Junto a ella, conformada por Christopher Nable (batería) y
Cesar Collautti (bajo), presentará su disco "Buddy Middler" esta noche, desde las 21.30, en el
teatro Nacional Rosario (Córdoba 1331). "Yo todavía pretendo cambiar al mundo con la idea del amor
y la paz", sentencia un místico Soulé, quien afirma que toda su obra artística "tiene un mismo
argumento, y es Dios".
—Tu grupo se llama La Bestia Emplumada, ¿de dónde sacaste a esa
criatura?
—La Bestia Emplumada sale de una frase de "Jeremías pies de plomo", que es
el disco que hicimos con Vox Dei después de "La Biblia". El tema que daba nombre al disco decía
"Jeremías ya está por llegar, con su bestia emplumada de libertad". Entonces se supone que el grupo
que me acompaña es La Bestia Emplumada y yo soy Jeremías pies de plomo.
—Por que soy cada uno de estos personajes, soy un poco "Sam el montañés",
soy un poco "Buddy Middler", soy un poco "Dorian", de mi nuevo disco, soy un poco cada uno de los
personajes que yo compuse. Probablemente yo haya sido un escritor cobarde, que no tuve la valentía
de asumirme como tal, entonces me escondo en la guitarrita para poder hablar de mis historias
literarias y busco mi justificación rockera.
—¿Esta es una continuidad artística con Vox Dei y tu posterior trabajo
solista o significa un quiebre?
—La Bestia Emplumada es la continuación de un proyecto nacido en el 75,
cuando me fui por primera vez de Vox Dei y armé mi grupo junto a Rodolfo y Alejandro Pensa, dos
músicos muy buscados. Y habíamos hecho una banda muy bonita con quienes fuimos a tocar a Estados
Unidos y sacamos mi trabajo debut como solista. Ahora llega nuevamente esta Bestia Emplumada, pero
con su versión siglo XXI.
—En tu nuevo disco de estudio, "Buddy Middler", ¿mantenés el mismo
registro literario de anteriores trabajos?
—Sí, hay una especie de hilo conductor que configura una misma historia.
Es como aquel celoso crítico de música que dice que Vivaldi escribió más de 300 conciertos de
violín, pero en verdad escribió uno solo y lo repitió 300 veces. Tal vez yo también haya escrito
una sola canción y la haya repetido las veces necesarias para llenar todos estos discos. Hay un
argumento central que creo que es el mismo, y ese argumento es Dios.
—¿Sos muy creyente?
—No, no soy muy creyente, estoy muy necesitado de Dios, yo no tengo la
vanidad de sentirme un creyente. Siento la miseria de ser un gran necesitado de Dios. Este mundo
realmente me deprime y me siento frustrado cada día que me levanto al darme cuenta dónde vivo y
cómo vivo. Entonces la necesidad de Dios, como buscando a algo que pueda justificar esa situación,
hace que yo vuelva a beber de esa misma fuente.
—¿No puede pasar que te vean demasiado místico?
—Sí, por supuesto, hay algunos que los canalones a la rossini no le gustan
(risas). No tengo la pretensión de gustarle a todo el mundo, sería una ingenuidad mía.
—¿Te causa nostalgia ver a Vox Dei?
—Mirá, yo a Vox Dei no lo veo tocando en el escenario porque no creo poder
ver a Vox Dei sin mí. No me hace nada, es una cosa que me tiene totalmente sin cuidado. Sí genera
en mí un honor y una gran satisfacción haber participado y haber recibido el cariño que me dio y me
sigue dando la gente por haber hecho una carrera juntos. De todos modos, no estoy de acuerdo con lo
que están haciendo Rubén (Basoalto) y Willy (Quiroga) con el nombre Vox Dei. Pueden seguir usando
el repertorio, como yo lo uso, pero no explotar el nombre de Vox Dei.
—¿Sigue existiendo un vínculo con ellos o no?
—Está cortado, como estuvo siempre. En realidad nunca fuimos amigos, a
nosotros nos unió una gran identificación artística, pero nunca tuvimos un vínculo de amistad. Los
músicos que formaron Vox Dei eran excelentes pero no se correspondía con la parte humana. Además
sería muy pretencioso que encima fuésemos amigos, eso sólo se ve en las películas.
—¿El rock argentino actual mantiene la misma fuerza creativa que en los
años 70?
—No tiene la misma fuerza creativa ni el mismo nivel porque el mundo es
otro. Estamos en otra frecuencia. El mundo que vivimos se ha desbocado atrás de una lucha
descarnada en busca de lo material. El materialismo prevalece sobre todas las cosas. Yo no estoy de
acuerdo, nunca lo estuve, no lo estaba cuando era chico, menos ahora que en mi veteranía es muy
difícil que pueda cambiar. Todavía pretendo cambiar al mundo con la idea del amor y la paz. Yo sigo
siendo un hippie empedernido, porque todavía creo que el rock basado en esos dos valores, el amor y
la paz, puede modificar este mundo materialista cruel.