A los 101 años, falleció Eugenia Sacerdote de Lustig, apasionada médica e investigadora cuyo aporte fue clave para controlar la epidemia de poliomielitis en 1959. Dedicó también más de 40 años al estudio de las células vivas.

A los 101 años, falleció Eugenia Sacerdote de Lustig, apasionada médica e investigadora cuyo aporte fue clave para controlar la epidemia de poliomielitis en 1959. Dedicó también más de 40 años al estudio de las células vivas.
Su muerte, ocurrida el domingo último, se conoció recién ayer y despertó conmoción en el mundo de la ciencia y la medicina, en el que dejó una huella imborrable.
El 9 de este mes había cumplido 101 años. Estaba ciega desde hacía 10. Hacía dos semanas le habían otorgado la medalla del Bicentenario en el Senado, una distinción que sólo reciben altas personalidades.
Sacerdote de Lustig nació en Turín, Italia, en 1910. Fue, junto con su prima hermana Rita Levi Montalcini (Nobel de Medicina 1986 y senadora vitalicia en Italia), una de las primeras mujeres en recibirse de médica en ese país.
De familia judía, Eugenia llegó a Argentina en 1939, tras dejar su país a causa del terror impuesto por el régimen de Benito Mussolini.
En la cátedra de Histología de la Universidad de Buenos Aires se dedicó a investigaciones con el cultivo de células vivas in vitro, técnica que permite el estudio de virus y tumores.
Labor recordada. En 1959, su trabajo y aporte fue decisivo para controlar la poliomielitis. Al estallar la epidemia de polio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la envió a los Estados Unidos a interiorizarse sobre el trabajo del profesor Jonas Salk.
Convencida de la efectividad de la vacuna que conoció, y en el marco de la campaña implementada para contrarrestar la enfermedad, se inoculó en público. Lo mismo hizo con sus hijos a fin de convencer a la población y "para dar el ejemplo", según recordó unos años atrás en una entrevista con la agencia de noticias italiana Ansa.
Investigadora del Conicet y jefa de Virología del Instituto Malbrán, dedicó más de 40 años al estudio de las células tumorales en el Instituto Angel Roffo. Hasta pasados los 80 años, trabajó en el laboratorio y fue la ceguera la que le impidió continuar utilizando el microscopio.
Hace dos semanas, Sacerdote de Lustig había recibido una importante distinción. Se trata de la medalla del Bicentenario, que el Senado otorga a personalidades distinguidas del país.
Una investigadora, docente y discípula contemporánea la resaltó con todas las letras en el discurso del recinto: "Hago mías las palabras expresadas por el doctor Osvaldo Fustinoni, cuando le entregó a la doctora Sacerdote de Lustig el premio Hipócrates en 1991, la mayor distinción que un médico argentino puede recibir: «La vida de la doctora Lustig es la historia de una pasión». Creo que es la definición más sintética y elocuente de la vida de Eugenia", dijo en aquel momento Elisa Bal, directora de Investigación en Oncología Experimental del Instituto Angel Roffo, de la Univesidad de Buenos Aires (UBA), y discípula de la investigadora superior del Conicet.
Jonas Salk
La vacuna de Jonas Salk fue presentada en Estados Unidos en 1955, cuando la poliomielitis se consideraba el problema de salud pública más peligroso de posguerra. Las epidemias eran cada vez más devastadoras, y los niños, la mayor parte de las víctimas, afectados por la parálisis. Los ciudadanos pasaban aterrorizados cada verano, cuando regresaba "el espantoso visitante". El presidente Franklin Roosevelt fue la víctima más reconocida de la enfermedad.



Por Carina Bazzoni