En el marco de su gira nacional, el prestigioso bailarín Maximiliano Guerra, llega mañana domingo a las 21 al Auditorio Fundación Astengo para presentar su espectáculo "Iván el terrible". Un historia donde se entrelazan el dolor, la pasión y la locura desde la dramaturgia y la danza. La obra, que ganó el premio Estrella de Mar 2012 a Mejor Coreografía, cuenta con la dirección actoral de Manuel Callau. "Presento a un Iván ya agonizante donde empieza a recordar toda su vida", adelanta en una charla exclusiva con Escenario el bailarín, quien además de encarnar al zar ruso, está a cargo de la dramaturgia y la coreografía junto a Callau y Gabriela Pucci y llega acompañado de su compañía Ballet del Mercosur.
—¿Por qué tu inquietud por poner en escena a un personaje tan controvertido como "Iván el terrible"?
—Es un personaje que siempre me causó muchísima curiosidad desde mi adolescencia, por lo que empecé a hacer mi investigación. La primera vez que viajé a Rusia, una de las cosas que hice fue ir al Kremlin a ver la tumba y el trono. Fue súper interesante, porque más allá de que en el 1500 todos los que hacían cruzadas eran terribles, Iván en particular tenía un poderío militar importantísimo porque había logrado que toda Rusia lo siguiera. Era casi una democracia.
—Más allá de haber sido un zar, su vida personal tuvo un gran cuota de locura, ¿te atrajo más el perfil histórico o humano de Iván?
—Me interesa mostrar su parte humana, porque por algo era tan grande, como lo recuerdan en Rusia. Iván heredó el trono de su padre a los tres años, cuando éste murió, y como no podía gobernar, su madre lo hizo por él. Pero luego los Boyardos la matan delante de él cuando tenía siete años. Luego es esclavo, hasta que sale a buscar aliados para volver al poder, y lo consigue. Se enamora y se casa con Anastasia que es su amor eterno, hasta que los Boyardos la matan. Y ahí es cuando empieza su locura y decadencia.
—¿Desde dónde abordaste la historia?
—Presento un Iván ya agonizante, cerca de su muerte, donde empieza a recordar toda su vida. Lo recuerdo desde un lugar humano, lo personifico y lo revivo. Me encargo de remarcar los momentos claves de su vida para encontrarle un por qué a su locura, que tiene que ver con una cuestión química. Porque luego de la muerte de Anastasia, él se enferma de sífilis y lo tratan con mercurio, que es un químico que iba directo al sistema nervioso y lo hacía tener variables de carácter muy agudas. Por lo tanto a veces era una persona normal y a los dos segundos un loco. Era un bipolar.
—¿Cómo te sentís en el rol?
—Me encanta interpretarlo. Ya desde el año pasado, cuando hicimos "Carmen", donde la dirección actoral también estuvo a cargo de Manuel Callau, lo que buscamos es encarnar a los personajes, más que sólo interpretarlos o contar la historia desde lo efímero. Si bien la historia tiene cosas muy feas; con las cuales también nos tenemos que encontrar, a la vez es muy placentero porque tiene romanticismo y amor.
—Comenzaste tu carrera siendo un niño. ¿Estabas indeciso entre ser bailarín o futbolista?
—Empecé a jugar al fútbol en River, de los cinco años hasta los trece. Ya a los diez empecé baile, y durante tres años hice las dos actividades paralelamente. Entrenar me llevaba mucho tiempo y decidí bailar. Y ese es el camino que tomó Iván también.
—¿En qué sentido?
—Porque yo también era distinto desde chico: era futbolista, y por ahí no iba a una clase de danza porque había un partido importante. Me divertía. Y era terrible también.
—Y tantos años después de haber emocionado al público con tu baile, cómo le respondes a ese "Maximiliano el terrible" que a los diez años le preguntó a su madre si ser bailarín era ser artista?
—El bailarín es un artista. Poder contar historias sin tener palabras, sólo desde el sentimiento y el cuerpo, es definitivamente lo que quería hacer. Elegí muy bien mi camino. Si bien el fútbol me gusta mucho, no sé si hubiese tenido el regocijo de decir que elegí bien lo que quería hacer.
—¿Además de dirigir tu escuela "La fábrica de arte" junto a tu esposa, también das clases?
—No, sigo bailando, y como soy taurino me gusta hacer las cosas al cien por ciento, por eso prefiero seguir bailando por ahora y cuando me den ganas, enseñaré. El toro en sí es un animal tímido, pero cuando arranca, pone cuernos para adelante y va. Tengo mucha determinación.
—¿Cómo ves la popularización de la danza en realities como Showmatch, que contaron con la participación del bailarín Hernán Piquin?
—No opino sobre las decisiones que toman los colegas ni de lo que pretende Marcelo (Tinelli) con su programa. Cada uno tiene su verdad y su forma. Pero definitivamente la danza no es lo que se muestra en la televisión, sino que tiene un trabajo y una profundidad. Tiene que ver con muchos años de trabajo, no con tres meses de ensayo.
—¿Pensaste en una edad para retirarte o vas a dejar que la vida fluya?
—Voy a dejar que la vida me indique cuándo hay que salir y para dónde. El otro día hablaba con colegas y les decía: "Mientras la pase bien y la gente siga disfrutando, me parece que no hay por qué pararlo". El día que no tenga ese condimento, esa energía y la necesidad de estar arriba del escenario, haré otra cosa.
Después de Talento Argentino
“Voy a conducir un unitario sobre danza en canal Encuentro y tengo una propuesta para hacer cine. Pero lo mío es el escenario. La televisión está mal utilizada: los realities son el formato de moda pero no están acompañados con un mensaje importante de valores. Si se buscan talentos, que les den un empujón ya que es un país donde cuesta muchísimo llegar. Eso es lo que hacía “Talento argentino” y ojalá así sea también en “La Voz argentina”. Hay que rever qué es lo que le estamos dando a la gente como concepto de vida”, remarcó el bailarín.