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Este es el clásico

Se jugó con público de un lado y del otro. Es más, compartieron la misma tribuna, sin escalones. Codo a codo. Afuera y adentro de la cancha. Sí, acá en Rosario y en el medio de un barrio...

Viernes 11 de Octubre de 2013

Se jugó con público de un lado y del otro. Es más, compartieron la misma tribuna, sin escalones. Codo a codo. Afuera y adentro de la cancha. Sí, acá en Rosario y en el medio de un barrio humilde. Central y Newell's. Newell's y Central. Pudieron jugar el clásico con absoluta normalidad, con alegría. Y mostraron un ejemplo de convivencia que debería trasladarse al resto de la sociedad. Un mensaje claro, sin vueltas, "contra la boludez humana", como lo propusieron sus organizadores. Para los pocos intolerantes que se arrogan la representación de la mayoría y hace rato tratan de convertir el partido más lindo de la ciudad en un asunto dramático. Jugadores leprosos y canallas, hinchas canallas y leprosos juntos, con sus banderas y camisetas, divirtiéndose. ¡Ah! Salieron 2 a 2, con goles de Abreu de un lado, y uno de Lutman y otro del Patón Guzmán, del otro.

No hicieron alharaca antes. Sólo les interesaba que el clásico se pudiera hacer. ¿Quiénes? Guillermo Morales, canalla él, de la página www.rosariopunk.com, y Beltrán Ruiz, leproso él, del restorán La Vie en Rose, amigos de la vida, se propusieron pasar de los dichos a los hechos. Cansados, más que de la violencia, "de la boludez humana" que muchas veces la genera en una disputa sin sentido que abarca tanto el espacio ciudadano como el ciber espacio, decidieron organizar el partido para reflejar exactamente lo contrario.

Y junto al Centro Comunitario Comunidad Rebelde, formado luego de que los vecinos desmantelaran un búnker de drogas en barrio Triángulo, entre Virasoro al 5000 y las vías del ferrocarril, pusieron manos a la obra. Junto a los padrinos del Centro, los arqueros Nahuel Guzmán y Manuel García, armaron la cadena.

Así, el Patón, Mateo (que fue el arquero leproso), Hernán Villalba, el Kichu Díaz y Lutman se alistaron de un lado. Y el Melli, Ballini, Magallán, el Torpedo Arias y el Loco Abreu del otro. Dos golazos del uruguayo, uno de media cancha y otro de cabeza, se equilibraron con el de Kurt y el del habitual arquero rojinegro, de rabona, que significó la igualdad.

Pero no fue empate. Claro que no. Ganaron todos. En ellos, que dieron el presente, se vieron reflejados la mayoría de los rosarinos que desean la paz, que sea un encuentro de adversarios a la misma altura. Sin fenólicos, con hinchas de ambos lados respaldando a los verdaderos protagonistas que siempre serán los jugadores que representan a las dos pasiones. Como ayer. Un aplauso gigante, colosal para ellos, para quienes los juntaron. Se puede. Claro que sí.

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