Se jugó con público de un lado y del otro. Es más, compartieron la misma tribuna, sin escalones. Codo a codo. Afuera y adentro de la cancha. Sí, acá en Rosario y en el medio de un barrio humilde. Central y Newell's. Newell's y Central. Pudieron jugar el clásico con absoluta normalidad, con alegría. Y mostraron un ejemplo de convivencia que debería trasladarse al resto de la sociedad. Un mensaje claro, sin vueltas, "contra la boludez humana", como lo propusieron sus organizadores. Para los pocos intolerantes que se arrogan la representación de la mayoría y hace rato tratan de convertir el partido más lindo de la ciudad en un asunto dramático. Jugadores leprosos y canallas, hinchas canallas y leprosos juntos, con sus banderas y camisetas, divirtiéndose. ¡Ah! Salieron 2 a 2, con goles de Abreu de un lado, y uno de Lutman y otro del Patón Guzmán, del otro.

























