Un pasajero del ómnibus accidentado aseguró que el chofer circulaba a gran velocidad porque quería alcanzar y pasar a un colectivo de otra empresa que iba adelante.

Un pasajero del ómnibus accidentado aseguró que el chofer circulaba a gran velocidad porque quería alcanzar y pasar a un colectivo de otra empresa que iba adelante.
Así lo indicó Carlos Vera, de 39 años, un enfermero que reside en la localidad de El Quemado y viajaba en la primera fila de asientos del vehículo. El pudo escuchar una conversación entre los dos conductores donde se puso de manifiesto la situación, según le dijo al diario tucumano La Gaceta.
"El ómnibus iba muy rápido porque el chofer competía con un micro de la firma Jaime Paz y quería pasarlo. Todos los pasajeros iban dormidos, por lo que no podían darse cuenta. En un momento dado, explotó la goma, el coche empezó a perder el equilibrio y se dio vuelta", agregó Vera, que se había subido al micro 15 kilómetros antes de lugar del accidente, en un paraje conocido como El Quemado.
"Durante el trayecto, el ómnibus debió frenar de golpe por una vaca que estaba al costado del camino. Entonces sentí miedo. Luego, después del vuelco, estaba todo oscuro y la gente esparcida a mi alrededor. Gritaban y pedían auxilio. El coche se desarmó totalmente", explicó.
Por su parte, Ariel Rojas, de 29 años, contó que junto a su primo, José Luis Montenegro, se dirigían a la capital santiagueña a realizar unos trámites y querían desocuparse temprano. Por eso viajaron a primera hora. "Ibamos en el quinto asiento y luego de un rato nos dormimos. En un momento, como en un sueño, me desperté en medio de la tierra. Quise pararme pero no pude, me dolía todo el cuerpo. Era tan fuerte el dolor que parece que me desmayé y recién me recuperé en el hospital de Nueva Esperanza", relató.
El joven fue asistido y se comprobó que tiene dos costillas fracturadas, por lo que será trasladado a la capital santiagueña en las próximas horas. Su primo Luis fue trasladado a Tucumán y permanece internado en el hospital Padilla, fuera de peligro.
"Ahora quiero vivir más que antes, mis hijas Ana y Marcela, de cinco y tres años, me esperan. Yo estoy separado pero ellas viven conmigo. No veo la horas de abrazarla", contó Rojas, que se dedica a la crianza de chivos, cerdos y vacas.



Por Gonzalo Santamaría

