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La fortaleza de un pueblo

Entre 1925 y 1923 se produjo un genocidio que la humanidad aún no valora en su correcta dimensión: un millón y medio de armenios fueron masacrados por los turcos. En Rosario, los descendientes de las víctimas no cesan en su reclamo.

Domingo 22 de Abril de 2018

"¿Y el idioma qué culpa tiene?" le respondía Pedro Kassabian a su mujer Rosa Sahakian, cada vez que ella le preguntaba por qué le seguía hablando en turco después de todo lo que les habían hecho.

La madre de Rosa murió en sus brazos, cuando ella tenía nueve años. Los soldados turcos los habían arrancado de sus casas y los custodiaban en una caminata hacia el exilio. A orillas de un lago, su madre vio a un joven asesinado muy parecido a su hijo. Creyó que era él. Se desgarró en un grito que la arrodilló frente a Rosa, la abrazó y falleció.

El idioma no tenía la culpa, pero aquellos que le prohibieron a Pedro en su tierra hablar en armenio, sí. Rosa lo entendía, pero hasta el resto de sus días le respondió en armenio.
Argentina tiene una de las diásporas armenias más grandes del mundo. En Rosario viven más de 300 descendientes que siguen recordando y reclamando que el Estado turco reconozca el genocidio llevado a cabo entre 1915 y 1923, en el que más de un millón y medio de personas fueron aniquiladas.
Letra por letra
"¿Me deletreás el apellido?", es una pregunta habitual para los armenios en Rosario. Es recorrer letra por letra su origen, su filiación. Es reconocer en cada letra parte de la diferencia, de la extranjeridad. Es reapropiarse letra por letra de la historia de sus antepasados que llegaron a una ciudad tan lejos de aquellas fronteras geográficas que sus habitantes no pueden llegar a comprender su apellido en una sola pronunciación, porque son nombres que suenan diferente. Pero los reconocen porque todos terminan en "ian", que significa "hijo de".
"Algunos me dicen turco cariñosamente, acá es como una costumbre generalizar", dice Arturo Kekedjian, comerciante rosarino, y agrega: "Igual tienen bien clara la diferencia entre lo que es ser armenio y lo que es ser turco. Con los sirios sí tenemos una amistad, porque cuando fue el genocidio ellos nos recibieron y adoptaron a muchos niños armenios". Arturo fue presidente de la Colectividad Armenia de Rosario hace algunos años y hoy tiene su local sobre calle San Luis, donde vende ropa que fabrica con su compañía Ereván. "Comenzamos este negocio con mi papá —que llegó huyendo del genocidio armenio— y mi suegro. Ereván es la capital de Armenia", agrega. En su oficina tiene colgado un mapa de Armenia y varios pósters de Rosario Central.
Golondrinas
En la capital de Armenia hay un monumento llamado Tsitsernakaberd, que significa la fortaleza de las golondrinas. Fue construido algunos años después de la matanza que hicieron los turcos, cuando el pueblo armenio formaba parte de la Unión Soviética. Un millón de personas se manifestaron durante 24 horas en Ereván para conmemorar el quincuagésimo aniversario del genocidio y le exigieron al gobierno ruso construir el monumento.
Tiene una estela de 44 metros que apunta al cielo y simboliza el renacer de los armenios, y doce losas de roca en círculo, que representan las provincias perdidas y apropiadas por Turquía.
Las golondrinas emigran para sobrevivir, para buscar refugio y criar y proteger a su descendencia. Viajan en bandadas, con sus alas fuertes y largas, con sus tonos azules metálicos y rojizos, con sus colas ahorquilladas.
Arman sus nidos en pareja, con barro que recogen con sus picos, al que recubren con pasto, plumas y materiales suaves. Siempre regresan a su nido, lo defienden, lo reparan y vuelven a habitarlo durante años.
Suenan diferentes a otras aves, se comunican con vocalizaciones y posturas propias, que traen de otras tierras. Como los armenios, que llegaron a principios del siglo XX a distintas ciudades del mundo, con sus largos apellidos de sonoridades raras, con sus exquisitos sabores en la cocina, con las mujeres de cabello largo y enrulado, de miradas profundas. Llegaron huyendo de terroríficos depredadores que planeaban extinguirlos, pero no lo lograron. Existen. Perduran. Y todos llevan dentro suyo el instinto y el deseo de volver a su nido alguna vez.

Acto y convocatoria

Este martes 24 se conmemoran 103 años del genocidio armenio perpetrado por el Estado turco. Los descendientes de quienes llegaron exiliados a Rosario realizarán un acto en el Memorial no me Olvides (Dorrego y el río) a las 13 horas, para recordar al millón y medio de víctimas y seguir reclamando el reconocimiento que aún hoy es negado. Además, a las 19, la Cátedra Armenia de la UNR realizará un conversatorio en el Museo de la Memoria.

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