Nuestras autoridades deben reflexionar, y mucho, acerca de qué hacer o no hacer en la noche de Rosario. Esta ciudad, que se perfila como un centro turístico de envergadura, debe ponerse los pantalones largos y tratar, tanto a turistas como a ciudadanos, como adultos legalmente capaces y libres, y sujetos de servicios adecuados y eficaces. Por ejemplo: si tengo que dejar un lugar bailable a las 5 de la mañana (quién sabe por qué designio absurdo y fascistoide de decirme a qué hora debo acostarme o irme a mi casa) y habiendo tomado algunas copas no puedo ni debo conducir un vehículo, deben los encargados del caso garantizarme un servicio público adecuado, tanto sea de ómnibus como de taxis y remises. Cualquier turista se fascinará con nuestras bellezas naturales, edilicias y humanas, pero seguramente más lo va a fascinar ver a miles de rosarinos mayores de edad siendo expulsados a las 5 de la mañana de lugares de entretenimiento para adultos e inundar las calles del centro y sus alrededores sin posibilidades de tomar un mísero taxi. Intendente, es hora de tratar a los rosarinos como adultos. Como tenemos el deber de pagar nuestros impuestos, no molestar al prójimo y conducirnos sobrios y con seguridad, también nos asiste el derecho de salir hasta la hora que querramos y contar con un servicio público (que bien caro nos sale) para poder quedarnos en un boliche, canto-bar o lo que fuere hasta la hora que se nos antoje. ¿No le parece?




























