Pericles, 440 años antes de Cristo, gobernó Atenas en forma ejemplar, distinta a las actuales. Para adoptar conclusiones reunía al pueblo en plena plaza y, en acuerdo con las opiniones de todos, adoptaba los criterios más unánimes y positivos.

Pericles, 440 años antes de Cristo, gobernó Atenas en forma ejemplar, distinta a las actuales. Para adoptar conclusiones reunía al pueblo en plena plaza y, en acuerdo con las opiniones de todos, adoptaba los criterios más unánimes y positivos.
Con el paso del tiempo, transcurridos alrededor de 2.500 años, ese ejemplo debería prevalecer en los actuales responsables políticos, elegidos y designados para dirigir los designios de los habitantes de su país, provincia o ciudad. Deberían hacer honor a las raíces de sus estructuras políticas populares reuniéndolos a su vez en plena plaza y con franca veracidad plantearles al pueblo si están de acuerdo a involucrarse en un gasto de 3.600 millones de dólares en instalar trenes balas, para que lo disfruten un grupo de privilegiados, mientras los ciudadanos que no estén en condiciones de abonar 460 pesos por un pasaje sólo participarían como contribuyentes para subsidiar los elevados costos o si prefieren como opción que ese dinero se distribuya en forma equitativa para acondicionar diversos ramales y trenes del país para pueblos que están en extinción por la falta de los mismos y otras necesidades urgentes. Esto (lo del tren bala) sería como un matrimonio con varios hijos, en el cual uno de ellos luce con vestimentas impecables y los otros andan descalzos y andrajosos. O como un pordiosero a quien le regalan un traje impecable y sale a lucirse con camiseta agujereada y en alpargatas deshilachadas.
Mirtha Ferrari


