Cartas de lectores

Libertad de opción

Votar es un derecho, en Argentina es una obligación.

Martes 13 de Agosto de 2019

Votar es un derecho, en Argentina es una obligación. Los derechos se pueden ejercer, pero un aspecto importante es que se lo haga libremente. Ser un elector no es el tener de una licencia o un permiso que se otorga y se puede revocar, sino que es una permisión legal otorgada a un individuo autónomo para que libremente lo ejerza o, bien no lo haga. En nuestro sistema social se optó por dos ideas diferentes de "sujeto autónomo", por un lado, en el Preámbulo se adhiere a la concepción escolástica y racionalista, es decir, la autonomía es un sucedáneo de su condición de "creatura" con un vector: "Ds. Fuente de toda razón y justicia", pero también, en los artículos posteriores, se adopta una cuestión liberal de individuo, es decir, el propietario del cuerpo y de su esfera de decisión personal es el mismo sujeto, soy propietario y responsable de mi libertad y como toda "cosa natural" soy responsable de mi decisión. La democracia argentina se funda en la falacia de que la representación debe ser legitimada por el voto, así visto ésta se limita a garantizar a la democracia como sistema, es un círculo donde no se sabe qué está primero, si la representación o la soberanía popular, y para ello se impone el voto obligatorio. Si un individuo está dotado con la responsabilidad, ésta debe ser ejercida con absoluta libertad de opción, lo que incluye no votar, si me obligan a hacerlo sólo se está garantizando a la representación y, ésta es como un adicto, siempre tendrán legitimidad normativa y "política", pero nunca la tendrán moralmente, ya que hay un condicionante, la legitimidad de la cantidad de votantes no la da la calidad de la representación, sino la obligación de votarla. Es hora de que la clase política asuma a la abstención popular como un problema y no como la comisión de un delito para quien no vote. Una democracia adulta y autónoma, con amplias libertades no obliga a votar, demuestra todos los días que vale la pena hacerlo.

Gustavo Lázaro Lipkin

DNI 16.202.960

Para dejar de ser perro

En los años 60, antes de la crisis de los misiles (después de la crisis se desayunó que sólo era un peón "lábil" de los soviéticos), Fidel Castro estaba en la cúspide de su ego. Era adulado por todos los "intelectuales" y los medios de comunicación, para los cuales era un negocio publicitarlo. Aconsejaba a los revolucionarios latinos con una frase: "No importa con quien tengan alianzas, el tema es tomar el poder" (luego se limpió de Huber Matos, Camilo Cienfuegos, el Che Guevara). Siguiendo ese paradigma, la fórmula Fernández-Fernández es la estrategia del castrocomunismo en la Argentina del siglo XXI. Que el castrocomunismo penetró al peronismo, sólo debe ser novedad para los profesores universitarios, que imbuidos por un romanticismo sostenido por un sueldo del Estado, siguen pensando y alentando el relato de la barricada, soñando con el París del 68 y que estas elecciones (para el castrocomunismo) fueron fundamentales para su proyecto de hegemonía en Latinoamérica, está a la vista. Sólo los pobladores del territorio argentino, con su falta de memoria y su ego desmedido, no comprenden que en esta elección se trata de optar entre un malo, que podemos cambiar con elecciones, y uno peor, que cuando tome el poder reformará la Constitución y las leyes para no temer "jamás", al electorado. El tema no es cambiar de collar, sino dejar de ser perro.

Julio R. Sánchez

DNI 6.043.532

La moral como meta

En Argentina ya cambió el esquema moral y eso no permite el retroceso. El entramado cultural hacía creer en el mito peronista como religión, y así el peronismo siempre resurgía por los golpes militares y por la pertinaz insistencia en mostrarse como víctima. Pero hoy no hay más golpes militares y el desastre cleptócrata y fascista está ahí, al alcance de la memoria y eso pesa mucho en la conciencia y en la moral. Que haya gente inmoral en un país no hace al país, a una sociedad. Son resabios de una cultura a la que le cuesta desaparecer, pero es el camino irreversible. A la inversa, esa inmoralidad, nos acerca a valorar lo otro, lo opuesto, la moral y la inteligencia. Somos hoy, somos esto y el pasado es doloroso, inmoral, obsceno e irracional. Pero el poder vislumbrar el resurgimiento de la moral como meta social, junto a los sentimientos racionales nos ayuda como sociedad a enterrar ese pasado que se resiste. Volver atrás sería contradecir toda la historia de la humanidad, y eso no es posible, estamos acá y sólo nos queda seguir creciendo.

Rubén Deninno

DNI 13.488.668

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