Reflexiones

La segunda muerte de Favaloro

Sábado 17 de Julio de 2021

Cuentan los duendes que habitan la Fundación, que el doctor Favaloro hubo despertado de su largo sueño y aprovechando que no tenía puesto su ensangrentado guardapolvo decidió recorrer de incógnito las inmediaciones. Fue así que preguntó, con avidez, qué sucedió durante sus años de ausencia, si seguía gobernando De la Rúa a quien le había enviado una carta antes de partir. Qué fue de quienes lo sucedieron, cómo es que se había podido erradicar el hambre y la pobreza y cómo se había avanzado tanto en la educación, según le acababan de contar varias personas de familias distintas aunque todas “Fernández”, en el hall central, previo a las puertas que dan a la avenida Belgrano. Una vez afuera se cruzó con varios jubilados que venían de reclamar frente al Congreso lo que uno de esos Fernández les había prometido en campaña e igual que todos sus antecesores (que no eran Fernández) había incumplido al rebajar sus magras jubilaciones (olvidándose de los “abuelos” aunque cumpliendo sí, con el FMI). Apurando el paso intentó acercarse a aquellos que marchaban adelante para averiguar la razón por la que le reprochaban a los gritos a un legislador que, mezclado entre ellos intentaba vanamente explicarles el por qué del aumento en sus dietas del 40%. Fue entonces que decidió sacarse las dudas dirigiéndose a la Anses más cercana, sin que lo reconocieran, para averiguar a cuánto hubiera llegado la suya. Una vez obtenido el dato retornó decidido a la Fundación, se encaminó hacia los vestuarios. Una vez allí, sentado en uno de los largos bancos de madera se puso a meditar sobre lo que realmente sucedía hoy en su amada Argentina ya que no podía creer que nada hubiese cambiado tras su partida en el nacimiento del milenio. Tras el “baño de realidad”, el inmenso René se encaminó resueltamente hacia la oficina del presidente. Mientras se encerraba resonaban en sus oídos aquellos tan patéticos como geniales versos de Serrat, devenidos en verdad universal. Porque “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Se escuchó un disparo. Su última reflexión quedó flotando en el ambiente; “Ser honesto en esta sociedad corrupta tiene su precio” y volvió a partir. El 29 de julio, se cumplirán 21 años de la muerte del doctor Favaloro, un ejemplo donde mirarnos, ante el cual deberíamos sentir dolor, consternación y vergüenza. Un llamado urgente para que no pase a ser una efemérides más en la última página de los diarios.

Juan José de Guzmán

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