Quisiera reflexionar sobre la nota de Carlos Duclos publicada en este diario el domingo anterior, donde Aníbal Rucci, hijo del sindicalista asesinado en 1973, José Rucci, afirma que dicho crimen debe ser considerado como un hecho de "lesa humanidad". Según los Códigos Preliminares de la Comisión de Derecho Internacional, puede ser considerado un crimen de lesa humanidad los asesinatos o ataques generalizados o sistemáticos contra una población civil cometidos por el Estado o por una organización, grupo o entidad que ejerza de facto un poder político en un territorio dado, capaz de neutralizar el poder del Estado siendo la máxima autoridad, o con participación o tolerancia del Estado. La organización Montoneros, a la que se le atribuye el asesinato de Rucci, como se estableció en el fallo del juicio a las juntas militares, no conformaba en aquel momento una entidad con poder político ni control del territorio similar al del Estado, tampoco había obtenido el reconocimiento de beligerancia ni del Estado argentino ni de ningún Estado extranjero. Por eso dicho asesinato no puede ser considerado de lesa humanidad. Se intenta homologar el accionar del terrorismo de Estado con el de las organizaciones guerrilleras, insinuando la "teoría de los dos demonios" que tanto hemos luchado por desterrar. Esto no quita el hecho legítimo de la búsqueda de la verdad histórica que debemos darnos como sociedad, pero en esa búsqueda no debemos confundir ni las responsabilidades ni las culpas.


























