Coronel Domínguez es un pequeño pueblo ubicado sobre la ruta 18, 20 kilómetros al sur de Rosario. Era de vida tranquila, sana y hasta casi rutinaria. Cada habitante de este tranquilo pueblo estaba atendiendo su trabajo, los vencimientos y los problemas del díaa día, mientras "un señor" que no vive acá y que sólo piensa en sus negocios decidió instalar una industria contaminante entre una escuela primaria, el peaje y la población. Esa misma industria fue sacada de otros lugares porque desde sus chimeneas y cañerías emanaba gran cantidad de plomo y ácidos, contaminando el aire, el suelo, el agua y la vida de otras personas. Se oyeron algunas voces diciendo: "Algo hay que hacer, nos van a enfermar a todos, juntemos firmas". Pero fueron esfuerzos tan válidos como aislados, no fuimos oídos. Ahora se detectó que dos chiquitas (una de 3 años y otra de 7 meses, vecinas próximas a la industria) tienen un altísimo índice de plomo en la sangre. Además, las condiciones de los operarios es lamentable, hubo gente que debió sufrir trasplante y otros ser tansfundidos periódicamente y así podríamos hacer una lista interminable. Pero algunos "ingenuos" todavía creen que el plomo que tenemos no es por causa de esa industria. El plomo llega a las napas de donde sacamos el agua para beber, al aire que respiramos y a los alimentos que consumimos, ya forma parte del nuestro ciclo de vida. Defender la calidad de vida no es estar en contra de nadie, sino a favor de todos. Los vecinos, que hicimos todo el trabajo que no hizo el Estado, pedimos, rogamos, exigimos a los funcionarios locales y provinciales el saneamiento del terreno (disponer los residuos en lugares donde no afecten la calidad de vida) y la erradicación de la industria Domínguez Aleaciones SA. Señores funcionarios, los que se fueron y los que llegaron: me permito robar una frase de alguien muy sabio: "El que no entiende y enfrenta la realidad cae inexorablemente frente a ella".
Mónica A. Villegas (Coronel Domínguez)
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