El nuevo jefe del Ejército asumirá sus funciones en un contexto por demás turbulento en la vida de esa institución fundacional del país. El continuo éxodo de oficiales, suboficiales y tropa por magros salarios; el avance de investigaciones sobre personal en actividad por averiguación de irregularidades administrativas; la continuación de juicios derivados por la guerra contra elementos terroristas en la década del 70; la falta de material e insumos para el natural adiestramiento y la normalización de los haberes del personal retirado y pensionado son sólo algunos de los grandes problemas que ha heredado este jefe y que deberá resolver si pretende devolver al país un Ejército profesional y cohesionado. Por cierto no podrá brindarle adecuada solución si no cuenta con el sincero y resuelto respaldo del poder Ejecutivo. Es de esperar, para bien de nuestro Ejército y para mayor gloria de la República, que ese poder apoye decididamente esta nueva gestión y se encuentren los caminos que resuelvan la situación descripta.





























