Me dirijo a ustedes para expresarles la gran preocupación y espanto que me generan esas bestiales peleas, entre dos hombres (ahora también mujeres), que sin ninguna protección se pegan terribles golpes de puño (incluso contra el piso), codazos, patadas, rodillazos. Sólo faltaría que se permitiese lastimar con las cabezas, en esas jaulas que llaman “octágono”. Por lo cual se entrenan al modo “gladiadores” como en la mejor época de los coliseos romanos, donde en algunos casos, se pegaba hasta morir. En el que participan de este dramático espectáculo, inescrupulosos comerciantes, que lucran con la vida y necesidad de estas personas. Como también periodistas, anunciantes, presentadores, árbitros, jurados, entrenadores, y enardecidos locutores. Pero lo más lamentable, un público presente y televidente, sediento de sangre que goza de esa masacre, donde se castigan en los lugares más vitales y sensibles de nuestro amado y sagrado cuerpo humano. Las secuelas que dejan esas demenciales batallas, como otras de menor letalidad, se las dejo “picando” para los profesionales que entienden sobre esta problemática. Humildemente, creo que estos jóvenes que practican esta maldita actividad lo hacen por ignorancia y necesidad.





























