Cuando el año pasado se decía que el presidente Chávez estaba involucrado con las Farc, muchos no lo creyeron. Ahora, ofialmente él mismo lo confirmó al catalogar a las Farc de fuerzas bolivarianas beligerantes con proyecto político sabiendo que son un grupo de terroristas, narcotraficantes, secuestradores y asesinos. Y esto lo han demostrado en los miles de secuestros y asesinatos cometidos durante estos años. La liberación de estas dos mujeres secuestradas es tan sólo un pago de factura para Chávez para levantarlo políticamente después de los grandes reveses sufridos (elecciones perdidas, el papelón en Chile, la famosa valija de los 800 mil dólares). Esta alianza, Chávez-Farc, tiene, en otros fines, tratar de derrocar al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, uno de los mejores presidentes de Latinoamérica, pues es un gran escollo para sus turbios fines políticos. Creo que todos los países tendrán que ponerse firmes pues las Farc no conocen actitudes humanitarias y lo demuestran al rechazar un pedido mundial de enviar un grupo de médicos para atender la salud de los secuestrados que padecen escalofriantes torturas. Y Chávez que se dedique a su pueblo, que según La Capital del 22 de enero ya comenzó a saquear comercios por el hambre que padece.




























