Reflexionando sobre el presente futbolístico de Rosario Central pareciera que un tufillo borrascoso se ha apoderado de nuestra divisa. Sin entrar en sesudos análisis más dignos de sabios periodistas, podríamos decir que el equipo no juega bien y las causas pueden ser múltiples: malos rendimientos, fallas tácticas, esquemas no adecuados, problemas físicos, etcétera. Sin embargo, algo parece aún más rarito, y me refiero al clima hostil que se ha desatado contra un grande (con grandeza moral), Pablo Sánchez. Naturalmente, muchos recordamos los magros rendimientos que hemos soportados con técnicos que ni siquiera tenían que ver con nuestros colores, aunque en ese momento parecía que no nos importaba nada. Por eso no entiendo los escupitajos, los insultos y la violencia verbal desatada el pasado viernes. Y no puedo dejar de preguntarme. ¿Es Vitamina el verdadero culpable? Suena raro, como raros se veían aquellos que escupían y que suele distinguírselos por otro sector más popular del gigante. Pero llamativamente estaban ahí. ¿Qué se juega en este proceso? ¿Qué pase de factura debemos soportar nuevamente los hinchas? Los errores no son solo técnicos, porque Vitamina no vino solo, alguien lo llamó, los mismos que dejaron ir a Papa y que echaron a Raldes. Son errores, de los que nuestro presidente, al que le sobra inteligencia y picardía, habrá tomado nota. Hay otros errores que habrán tenido en cuenta los propios jugadores, aquellos actores del fútbol que a veces ejerciendo la camarilla, no permiten la llegada de otros, o entorpecen la labor de un técnico. En fin, todos nos equivocamos, a veces pesa la soberbia, creernos grandes nos disminuye. No basta con haber jugado en la selección. En Central no se juega con el currículum. Yo desde esta sencilla platea y formando parte de los que "no tomamos vino tinto en damajuana, ni fumamos toda la marihuana", pienso que hay algo más que problemas de pelota. Habrá que ver si nuestros dirigentes están preparados para zanjar con la misma honestidad que administran estos verdaderos problemas institucionales. Porque a nosotros nos gusta que nos pinten el Gigante, pero la verdad es que nos molesta mucho que nos "pinten la cara", don Horacio. Lo único cierto es que siempre estaremos ahí, "el pueblo canaya no escupe. Apoya y alienta, "en las buenas, y en las malas mucho más".


























