Educación
Sábado 13 de Mayo de 2017

Se forman como maestras, con los libros y el corazón

Son estudiantes del María Auxiliadora y se forman como maestras aprendiendo de distintas realidades educativas

Son jóvenes que se forman como maestras conociendo distintas realidades de trabajo: alfabetizaron en la cárcel, aprendieron de la comunidad Qom y sobre la educación hospitalaria. Ahora, cómo es enseñar en una escuela rural, en este caso en la primaria de la isla El Espinillo. Aseguran que la experiencia no sólo les abre la mente sino también el corazón.

   La iniciativa pedagógica ya tiene unos años. La pensaron las profesoras Lorena Sambuelli y Cecilia Ferrari que enseñan taller de práctica docente y la materia sujeto de la educación primaria, en el Instituto Superior de Formación Docente María Auxiliadora. Están convencidas que los libros y discusiones en el aula no alcanzan para formarse en el oficio de enseñar, más bien hay que estar cerca, involucrarse, hacerse preguntas y reconocer, desde el primer día de la carrera, las distintas realidades escolares.

   Para eso se trazan un plan ambicioso de trabajo, que demanda acuerdos para adentro de la institución y con diferentes actores sociales. Una tarea que más tarde no le es ajena a ningún docente, porque bien se sabe que la educación no se construye sola.

   Así, el año pasado participaron del Programa de alfabetización "Yo, sí puedo" y fueron a enseñar a leer y escribir a los internos de la Unidad Penitenciaria Nº 6. También desarrollaron una propuesta de trabajo pedagógico en la comunidad Qom para saber más sobre la educación intercultural bilingüe. Conocieron de cerca cómo trabaja la Escuela Hospitalaria y la educación en la Cárcel de Mujeres (gracias al contacto con la ONG Mujeres tras las Rejas). Además de comenzar a indagar cómo se les garantiza el derecho a educarse a los chicos judicializados,

   Una de las metas de las profesoras para sus alumnas fue acercarse a la enseñanza rural. De esa manera llegaron a la Escuela Primaria Nº 1.139 Marcos Sastre de la isla El Espinillo, cruzando el Paraná, bien frente a Rosario (a la altura de Puerto Norte). A esta escuelita asisten 23 nenes y nenas, entre nivel inicial y primario. Funciona con la dinámica de un multigrado, donde el director ejerce también de maestro.

   De ese rico contacto de aprendizaje surgió la idea de hacer que los chicos vengan a Rosario. "Se trata de que tengan los mismos derechos que otros niños", argumenta la profesora Sambuelli. Y con esa meta, la escuela de El Espinillo en pleno pasó el viernes de la semana anterior por el Concejo Municipal, el Monumento, la Isla de los Inventos y el Estadio de Rosario Central.

   Tienen planificados dos cruces más para conocer museos y más espacios de juegos.

Opinan las estudiantes

¿Qué dicen las estudiantes del María Auxiliadora de la experiencia? Angela Russo tiene 29 años, es profesora de nivel inicial y cursa el 2º año de magisterio. Opina que la realidad más conocida de la formación docente se distancia de lo que una vez egresadas viven en el día a día de trabajo, de allí el valor de conocer diferentes contextos educativos desde el primer año, más allá de lo que llega por los libros y apuntes de estudio. "Me parece sumamente positivo conocer todas las realidades sociales y culturales, para tener nuevas herramientas y poder enfrentar todos los desafíos que nos van a encontrar cuando nos recibamos", sostiene.

   Angeles dimensiona la experiencia como insuperable, en especial como persona: "Este profesorado lleva en la piel el sello salesiano. Es una gran experiencia para nosotras y los chicos".

   Micaela Fabre tiene 27 años y está en 3º año del profesorado. Es una de las estudiantes que el año pasado participó de la tarea de alfabetización en la cárcel, y que ahora disfruta de conocer cómo es la enseñanza rural. "Son experiencias que me cambiaron más allá de la profesión, como persona. Me ayudaron a tirar abajo barreras, abrir mi cabeza y mi corazón a alguien que siente igual que yo", emociona.

   "Muchos se sorprenden de estas actividades de formación, de estas intervenciones que tenemos", agrega quien se considera muy afortunada de ser parte de estas propuestas.

   También Noelia Crisafulli considera que se trata de una práctica enriquecedora, que permite conocer todo tipo de contextos pedagógicos. Noelia tiene 30 años y cursa el 2º del profesorado de primaria y es mamá. "A la experiencia con la escuela de la isla no la vemos como algo ajeno, es otra más que nos ayuda a nosotros a crecer en el profesorado y como personas. A los chicos los veo como chicos, que quieren jugar y se divierten como todos. No hago una distinción", dice sobre estos derechos de las infancias y sumando también aquí su mirada materna.

   Angeles, Micaela y Noelia destacan que el impulso que le da la profesora Sambuelli a estas prácticas "hace crecer el deseo de conocer".

Unos de los recorridos de la jornada del viernes 5 llevó a los chicos de la isla El Espinillo, junto a su director Rubén Ferreyra, docentes y estudiantes del profesorado hasta la Isla de los Inventos. Una rueda mágica de colores invita a hacerla girar y jugar con las preguntas tal como propone Gianni Rodari en su Gramática de la Fantasía. "¿Qué pasaría si...?" Matías, de 9 años, hace girar la rueda y cae en "...si los edificios se pusieran a bailar?". El nene se ríe solo y en voz alta exclama "...se caerían todos". Se acerca Lautaro de 4 años que no suelta la mochila amarilla que recibió de regalo en el Concejo. Se suma Luciano, de 10 años, que cuenta que es de Central y en un rato más conocerá por primera vez el estadio del club rosarino. También está Aarón en la charla. Hablan de cómo es vivir en la isla, cuentan que les gusta pescar y también hacer el paseo que los invita ese día. Al rato llegan dos Agustinas. "Agustina chica y Agustina grande", se presentan una a otra por las edades que las diferencian: 10 y 11 años. "Aclará que mañana cumplo los 12", dice la mayor. Se ven dispuestas a conversar pero enseguida se dejan ganar por unos libros que recibieron de regalos. "¿Y qué te gusta más: la ciudad o la isla?" La pregunta la toma Matías, el pequeño de 9 años, que mirando fijo y casi como respondiendo a una obviedad exclama: "La isla, claro!".

Trabajo solidario

El proyecto de la isla, como se lo conoce al interior del profesorado, sumó también el trabajo educador de otras docentes, entre ellas, Susana Abecasis , Silvia Aguirre, Paula Beltramino, María Sol Senorr y el apoyo de la directora Laura Terol.

   Además necesitó de varias manos y por suerte las encontró en la Municipalidad de Rosario, en el Concejo Municipal, en la concejala Carola Nin, en los autores de Las Aventuras de Curimba: el escritor Eugenio Magliocca y el ilustrador Javier Armentano; y en el grupo mujeres solidarias "Manos a la obra" que les confeccionaron una mochila a cada chico de la Escuela Marcos Sastre.

   "Nos basamos en la pedagogía del encuentro, del detalle y la ternura, indispensables para lograr una mirada profunda y amorosa de aquellas infancias más vulneradas. Una manera de contribuir a la sensibilización del rol docente e imprimir compromiso con la defensa del derecho a la educación que todo niño y joven tiene", resume la profesora Lorena Sambuelli sobre la iniciativa que empujan desde el profesorado y promete ir por más.

Marcela Isaías.

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