El 2020, el año de la cuarentena eterna, bien podría ser recordado también por el inesperado éxito de los documentales. Primero se impuso “Tiger King”, el bizarro relato sobre un criador de tigres que termina involucrado en un asesinato. Y poco después llegó un suceso mucho más grande: “The Last Dance”, la serie documental sobre la vida y la leyenda de Michael Jordan que se convirtió en un fenómeno de público y crítica. La serie de diez capítulos ya es el documental más visto de la historia, con un récord de espectadores tanto en ESPN como en Netflix, donde más de 40 millones de personas lo vieron por streaming. También batió récords de interacciones entre Facebook, Instagram y Twitter. ¿Qué tiene “The Last Dance”, más allá de la icónica figura del mejor jugador de básquet de todos los tiempos? Una gran historia, una historia que excede al mundo del deporte y puede fascinar a todo tipo de público. Algo que tiene en común con otros dos documentales que están en la programación de Netflix: el excelente “Atleta A”, que también se estrenó este año, e “Icaro” (2017), que llegó a ganar un Oscar.
“The Last Dance” se centra en la última temporada de Michael Jordan en los Chicago Bulls (97-98). Con un relato coral que se construye con varias líneas temporales, la serie dirigida por el experimentado Jason Hehir recorre la historia de Jordan con los Bulls y sus años de oro en los 90, y a partir de ahí dispara flashbacks que van hasta las infancias de los jugadores (Jordan y notables compañeros como Scottie Pippen, Dennis Rodman o el mítico entrenador Phil Jackson), sus primeros años en el básquet y su vínculo con la máxima estrella del equipo.
Para empezar, el material de archivo es impresionante: en aquella época se instalaron cámaras para retratar la intimidad de esa última temporada, y recién ahora esas grabaciones salen a la luz (por autorización de Jordan). En la actualidad ese tipo de despliegue de producción es muy común, pero a fines de los 90 era realmente excepcional. Las cámaras captaron las charlas de vestuario, los entretelones de las prácticas y el backstage de las conferencias de prensa. Y cada gesto de felicidad, de cansancio o fastidio es aprovechado al máximo por el director para diseñar su relato.
Por su precisión narrativa, su nivel de detalle y por los perfiles que va construyendo de sus personajes, “The Last Dance” puede seguirse como una novela con héroes y villanos, triunfos y fracasos, hazañas y tragedias. No importa que ya sepamos cómo termina la historia, cada capítulo deja una cuota de suspenso que hace que el próximo sea necesario. Es un viejo truco: no es sólo lo que se cuenta, sino cómo.
Los numerosos testimonios, además, son clave, y aquí no falta nadie. El conductor es Jordan, pero no faltan voces que incluso cuestionan el costado autoritario de la estrella, y su espíritu competitivo al borde de la obsesión. Esa inusual franqueza —en un material que es una suerte de bio oficial— también convierten a la serie en un documental único.
The Last Dance | Avance | Netflix
“Atleta A”, que se estrenó recientemente, también es un hallazgo. El documental de los directores Bonni Cohen y Jon Shenk aborda con notable rigor el caso de abuso más resonante en el mundo del deporte: en 2018, Larry Nassar, ex médico del equipo olímpico de gimnasia de EEUU, fue condenado a 175 años de cárcel por abusar sexualmente de al menos 250 gimnastas adolescentes durante más de dos décadas. Las deportistas abusadas ganaron un total de 34 medallas de oro, 38 de plata y 32 de bronce en juegos olímpicos. Pero detrás de las sonrisas y los aplausos del triunfo convivían con un infierno.
Los directores construyen su relato desde el trabajo de los periodistas del diario Indianapolis Star que cubrieron la historia, y también desde el testimonio de las tres primeras deportistas que se animaron a denunciar a Nassar. Pero también van más allá y revelan la amplia red de encubrimiento que posibilitó que el médico actuara con total impunidad, en un ambiente de elite que escondía todo tipo de maltratos, humillaciones y manipulación. “Atleta A” se mete con un tema dramático y difícil de procesar. Pero el documental no trata de disimularlo y tampoco recurre a la victimización. Al contrario. Acá el poder de la verdad es siempre liberador.
Athlete A | Official Trailer | Netflix
“Icaro”, por su lado, es un documental tan impactante como intrincado: su director, Bryan Fogel, cineasta y ciclista amateur, se propuso demostrar la farsa de los controles antidoping. Para eso empezó a inyectarse anabólicos y otras sustancias, como una prueba en vivo de cómo esas drogas afectan al cuerpo y modifican el rendimiento, y lo sencillo que es después “salir limpio” de los controles. Sin embargo, durante esa investigación, entrevista al químico ruso Grigori Rodchenkov —director durante una década del Centro Antidopaje de Moscú—, y este verdadero personaje le termina revelando cómo se orquestó un caso de dopaje deportivo de niveles colosales.
Sin buscarlo, Fogel descubre que Rusia había creado una red estatal para eludir los controles sobre sus atletas olímpicos, y así termina involucrado en una trama que incluye al FBI, la ex KGB, Vladimir Putin y el Comité Olímpico Internacional. El documental arranca con una cita de George Orwell que resume muy bien esta historia: “En un mundo de engaños, decir la verdad es un acto revolucionario”.
Icarus | Official Trailer [HD] | Netflix