Hay películas que nos producen un gran impacto en el momento de verlas, que nos movilizan enseguida. Y hay otras que nos atraviesan lenta y sigilosamente, como si nos estuviesen contando un secreto. “La hija oscura” pertenece a esta última categoría, y eso es algo que se festeja, sobre todo en esta época de tanta pirotecnia visual (y en una pantalla como la de Netflix). Maggie Gyllenhaal (a quien vimos brillar como actriz en “La secretaria” o en la serie “The Deuce”) hace su debut como directora y guionista con un tema incómodo y complejo, y sale airosa por la franqueza de su mirada y el tono sensible y a la vez austero que le imprime a la historia.



























