—¿Por qué el nombre "Brisas heladas"?
—El nombre viene de un texto que había escrito de una película y tiene que ver con cuestiones que le pasan a los personajes, que todo pasa como una brisa y que se iba, como lo efímero de muchas cosas que dan vueltas por ahí. Pero, más que nada, un título siempre es una excusa.
—¿Por qué una excusa?
—Cuando vos buscás un título le ponés algo que te parece que se vincula con lo que pasa en la historia, aunque a veces no tenga punto de contacto con lo literal, pero hay algo de lo que sucede que tiene que ver con eso. Más allá de que está inspirada en la obra teatral del mismo nombre (se refiere a la puesta teatral "Brisas heladas", estrenada en 2013).
—Tanto "Días de mayo", como el ensayo "Lejos de París" y "Brisas heladas" son muy distintas entre sí, y sólo me refiero a tus tres últimas producciones en largometraje. ¿A qué se debe?
—De todos modos, "Brisas heladas" tiene más que ver con "El asadito" y "El cumple", sobre todo en el tema de los diálogos, el humor y toda la cuestión de esa charla cotidiana llevada al punto de la violencia y la locura. Pero aquí está tomada desde la estructura del policial. A mí, particularmente, me gustan mucho las actuaciones y el trabajo con el actor, eso lo que vengo laburando desde hace muchas películas.
—¿Es la primera vez que hacés un policial?
—En largometraje sí, pero entre "Días de mayo" y "Lejos de París", está "La nieta de Gardel", que es una miniserie de ocho capítulos que grabé para la TDA, y es un policial. Así que había experimentado ahí el género, quizá algo parecido, pero ya con algo sobrenatural, hice también "Tremendo amanecer", en la que Coki (Debernardi) era el protagonista. Me gusta mucho el género.
—¿Qué te permite abordar el policial que no podés expresar a través del drama, por ejemplo?
—El policial tiene una característica vinculada con lo popular, que vos le podés meter elementos de cualquier tipo y que ese género lo puede contener. En el policial podés trabajar desde el humor, lo político, lo social, la comedia misma o el drama, y a su vez hacer un formato que tiene una característica popular muy reconocible por la gente, independientemente de qué tipo de espectador sea. Podés jugar con un montón de cosas y eso es lo más interesante para mí como laburo.
—¿Por qué elegiste reflejar el vínculo amor-odio entre hermanos?
—En realidad, cuando empiezo a escribir la obra de teatro pienso en los personajes que iban a interpretar Celia (Ferrero) y Juan (Nemirovsky), me los imagino como hermanos y me viene a la cabeza la película de John Cassavetes "Torrentes de amor", que es la última película de Cassavetes, en donde él y Gena Rowlands hacen de hermanos y tienen un vínculo un tanto ambiguo cargado de amor y locura. La diferencia está que mientras en la película de Cassavetes hay amor, locura y cierta compasión, en "Brisas heladas" hay amor, locura y tragedia. Hay mucho del universo de Cassavetes en "Brisas..." y el personaje de Celia se llama Mabel al igual que el personaje de Gena Rowlands en "Una mujer bajo influencia", eso va como homenaje.
—No es el único homenaje de esta película, en la que el recurso del cine dentro del cine vuelve a aparecer. Se ve claro en la primera escena, cuando se habla del plano secuencia, se cita a otras películas y hasta hay un tiro por elevación destinado a los críticos.
—En realidad está al principio a manera de prólogo, porque si lo hacía en el medio iba a hacer ruido, y al principio es un chiste. Es un plano secuencia y es un homenaje a la película de Robert Altman, "The player" ("Las reglas del juego"), pero cuando habla de los críticos no es para pegarle a los críticos sino que en un momento los personajes dicen "no sé para qué sirve el plano secuencia, quizá sirve para que los críticos hablen". O sea, es como decir no sirve para un carajo, es un poco una vuelta de tuerca, lo hago porque me gusta y a su vez yo estoy haciendo el plano secuencia como se hizo en otra película, entonces ¿para qué lo hago? Es una humorada, y sirve narrativamente.
—La ciudad vuelve a ser protagonista, y también algunas caras conocidas.
—Pasa que algunos son amigos, como es el caso de Coki o de Popono, la otra vez los puse a Tessandori y Orselli. La escena de la apertura la iba a filmar Fito Páez y no llegó porque estaba de gira en Colombia.
—¿Norman Brisky se convirtió casi en tu actor fetiche?
—Y, mirá, es la quinta vez que trabajamos juntos y nos hicimos muy amigos. Me pasa algo igual con Juan Nemirovsky, con quien trabajo desde hace cinco años, o María Celia Ferrero, que fue la protagonista de "La nieta de Gardel", o Carlos Resta, que acá aparece con un vendaje como si fuera una momia. El caso de Gastón Pauls es la primera vez que trabajamos en una película y ya tenemos un proyecto juntos (ver aparte).
—¿Por qué a veces apelás a diálogos extensos, que parece que no cierran nunca?
—Soy consciente de eso, los diálogos extensos es una malformación profesional y lo sé. Te digo más, el diálogo de Juan y Norman esté reducido a la octava parte, pero quedó así. A veces me ha tocado editar películas de nuevo, por críticas recibidas, como me pasó en "La peli", por ejemplo, que eliminé escenas enteras, y después no quedé conforme. Con "Días de mayo" me pasó algo parecido y no quedé conforme.
—"El asadito" junto a "Los rubios", de Albertina Carri y "Pizza, barro y faso", de Caetano fueron parte del Nuevo Cine Argentino de fines de los 90 y principios del 2000. ¿Fue un quiebre para vos?
—Sí, salieron todas juntas, aunque "El asadito" es anterior. La filmo en el 97, se estrena en 2000 y durante mucho tiempo se movió subterráneamente, en copias en VHS. Es de la misma generación, pero se filmó antes que "Pizza, birra y faso", pero forma parte de esa camada de películas. Eso a mí me sitió en otro lugar y también al cine de Rosario, porque empezaron a mirar para acá.
—¿Sentís que "Brisas heladas" sigue esa línea de ruptura en el cine argentino?
—Yo creo que cambiamos todos, si te ponés a pensar gran parte de toda esa gente de esa camada, la mayoría de esos nombres, hoy están haciendo cine hipercomercial producido por Telefe, por Disney, por Almodóvar. Todos cambiamos, pero la diferencia es que yo particularmente he mantenido mis criterios en cuanto a la forma de trabajar y a ciertas búsquedas. Quizá "Días de mayo", "Lejos de París" y "Brisas heladas" no tienen nada que ver entre sí, pero traté de no quedarme en un sólo lugar, fui a la no repetición.
—¿A qué te referís con la no repetición?
—Claro, cuando yo hice "El asadito" y "El cumple", muchos esperaban "El asadito 3" o "El cumple 2" y yo, en cambio, hice "La peli", y traté de romper con las películas anteriores. A eso me refiero con no repetirme, trato de abrir cosas.