El día de la nota con Abel Pintos no es un día común. Su llegada a La Capital para una entrevista en el canal de Youtube del diario (ya disponibe en las redes) genera cierto cosquilleo en la Redacción.

Por Pedro Squillaci
Héctor Río/La Capital
Distendido. Abel Pintos llegó a la Redacción del diario para la entrevista y contó detalles de su primera gira mundial.
El día de la nota con Abel Pintos no es un día común. Su llegada a La Capital para una entrevista en el canal de Youtube del diario (ya disponibe en las redes) genera cierto cosquilleo en la Redacción.
“¿En serio que viene Abel Pintos?” pregunta una colega de otra sección especializada en temas de Economía y ya tiene el teléfono listo para una foto que después subirá a Instagram; minutos después habrá que coordinar con la producción del artista si puede entrar con la combi al diario para evitar el revuelo lógico y que acceda directamente al edificio de calle Sarmiento sin bajar en la calle. Desde el diario se decidió no hacer público el día y hora de la entrevista para evitar el lógico furor de fans.
En la recepción, previa confirmación con la producción, Abel recibirá a Fabiana, que romperá en llanto al abrazarlo y le agradecerá una y otra vez por arrebatarle una sonrisa con sus canciones en los momentos de angustia tras una pérdida familiar.
Antes de entrar a la sala acondicionada para la entrevista, en el primer piso del diario, se le acercará Joaquín, de 10 años, que padece autismo y es hijo de un periodista que trabaja en la web. “Es para vos” le dice el pequeño cuando le da un dibujito hecho por sus propias manos. Joaquín pudo sociabilizar con amigos y con mucha gente al cantar las canciones de Abel, repetía las palabras, hurgaba las melodías, y es parte de su alegría cotidiana. Abel lo abraza, se saca la foto, le pregunta el nombre, le sonríe, después me mira con cierta timidez y con media sonrisa dice: “Cuando quieras, ya estoy listo”.
En la charla con el diario, donde el artista llegó para promocionar el show que brindará el 4 de noviembre por primera vez en su carrera en el Autódromo de Rosario, Pintos hablará de su más reciente trabajo “El amor en mi vida”, y se le notará en la mirada que disfruta que en la nota no se lo lleve a ciertos lugares comunes típicos para las tapas de las revistas del corazón y programas de chimentos.
Y hablará de cómo fue evolucionando su carrera más allá de los géneros que abordó, de cuánto tuvo que ver su vida familiar en sus canciones y en su felicidad, de que el amor ahora es luminoso pero que también conoció el amor oscuro. “Quizá yo también fui oscuro”, admite con honestidad brutal.
Y dirá que es un desafío enorme tocar en el autódromo de Rosario, y que sentirá la misma exigencia que al estar en cualquier gran estadio de Buenos Aires. Y a la vez el mismo disfrute. Y hablará de los Gardel. Del que ganó como artista de folclore en 2006 y el que ganó como artista pop en 2022. Y adelantará que su primera gira internacional será en 2025 o, con suerte, en 2024. Porque antes quiere hacer un disco muy importante en su carrera, en el que está en pleno proceso de producción de ideas, maquetas y bocetos. Y aquí la sorpresa: será un disco de folclore.
¿Por qué la vuelta al folclore? Porque tiene que ver con sus raíces. Y con este momento de su vida, como papá de Agustín y Guillermina, hija de su esposa Mora, en el que revisó su propio vínculo con sus padres para ver cómo sería ser padre, a los 38, y siendo Abel Pintos.
En esa búsqueda de raíces apareció lo genuino, la canción que lo llevó a ser quien es, ese disco grabado en casete que se llama “Herencia”. “No está en catálogo, ese cassette lo deben tener 3.000 personas, yo tengo una sola copia”, confiesa.
Esas zambas y chacareras que vienen de herencia, de los tiempos de Mercedes Sosa y Horacio Guarany, es la que quiere dejar como legado cuando cruce el charco por primera vez. “Quiero que la música que lleve a Europa sea la de raíz, la de mi identidad, por eso la gira tiene que esperar”.
Es un tipo especial pero habla como un tipo común, quizá por eso, y nada menos que por todo eso, sigue generando esas bocanadas de humanidad en cada gesto, en cada mirada, en cada canción, y en cada palabra de esta entrevista que se convirtió en charla.
—¿Venís relajado a la ciudad por la cantidad de gente que te sigue o, por lo contrario, eso te genera una presión extra?
—Es una mezcla, hace tantos años que vengo que me siento en casa, me siento cómodo. Llego a la ciudad siempre sabiendo que voy a brindar un recital en un marco de respeto y contención del público, porque siempre se comportó así conmigo. Y ese carácter que tiene el público es lo que lo tilda en general de público exigente, pero yo creo que si es exigente es porque es atento, a todos los detalles, a los distintos matices, y a todo lo que uno pueda ofrecer creativamente en un espectáculo que haga que se diferencie la propuesta en vivo de lo grabado. Yo lo agradezco eso. Y para mí, el Autódromo en Rosario, ese concierto, dentro mío se relaciona más a los estadios que a un Gran Rex, a muchos Opera o a un Movistar Arena. Para mí hacer un concierto en el Autódromo, como va a ser el 4 de noviembre, estoy parado ahí con la emoción y la expectativa con la que estaba en los conciertos en River o el Estadio Unico de La Plata. Porque es la primera vez que voy a hacer un concierto propio, multitudinario, de ese calibre y de esa simbología. Un autódromo o un estadio para la música es todo un símbolo. Es como llegar al gran coliseo de todos. Y sólo podés llegar ahí si contás con un inmenso apoyo popular. Y entonces voy a hacer alarde de ese apoyo popular pero sobre todo lo voy a vivir con emoción, porque también considero que al no estar llegando por una canción muy pegada, o por un disco determinado o por un video viral, estoy llegando por un recorrido. Entonces siento que yo llego y el público también llega, entonces es una medalla para las dos partes.
—Vos pasaste de un género a otro, y muchos habrán pensado que te fuiste del folclore al pop porque el pop es más vendible. Pero siguiendo esa línea, hoy es más vendible el trap pero no se te ve cantando trap. ¿Cuál es tu relación con las músicas de moda y con el trap puntualmente?
—En principio, quiero decir esto, si yo hubiese hecho pop porque era más vendible, pues no me funcionó. Porque los primeros discos de pop no se vendieron nada (risas), se empezaron a vender mucho más adelante. Si hubiese sido una estrategia habría sido una muy mala estategia. Y después, siempre digo lo mismo, nunca calculo las cosas por lo que va pasando, porque no siempre lo que va pasando en el mercado representa lo que me está pasando a mí como persona. Si yo en este momento de mi vida necesitara expresarme nostálgicamente no me daría miedo hacer un disco de tango, o acercarme al bolero, a músicas más nostálgicas. El trap tiene estéticas y códigos que identifican una serie de sentimientos, de modos de vida y ópticas del mundo que no me identifican en este momento. Yo escucho a Duki, Dillom, o Cazzu, que los admiro muchísimo, y te digo que si yo tuviera veinte años estaría cantando lo que ellos cantan. Incluso el otro día cantamos juntos con Cazzu y me encanta artísticamente, pero ni con ellos ni con nadie haría algo porque es lo que está pegando, yo tengo que encontrar el punto en el que me identifico para que también se identifiquen ellos, porque ellos también lo sienten así. El trap es un género muy honesto, y es cierto que está muy en boga, re contra al palo, pero no creo que sea una moda, está en pleno desarrollo, y lo veo con mucho futuro, porque si bien recién comenzó, ya tiene muchos exponentes muy talentosos y de movida están marcando muchos hitos, como de repente haber puesto a la Argentina en la vidriera internacional en países donde hacía años no llegaba ningún tipo de música argentina.
—¿Tu música tiene la suficiente visibilidad en el exterior o es un mercado que te gustaría ganar?
—Mirá, yo tengo la certeza de que mi música ha logrado un espacio en el exterior, por la cantidad de público que tengo afuera, ya que las redes me permiten ver eso. Para el 2020 teníamos configurada la que iba a ser mi primera gira mundial, íbamos a Estados Unidos, recorríamos toda América, pasábamos a Europa, nos íbamos a Europa del Este, incluso Asia y volvíamos. Eso no se hizo y ahora me enfoqué en todo lo que quería volver a hacer en Argentina y Sudamérica. Así que creo que para 2024, 2025, vamos a plantear hacer ese recorrido mundial , que es otra medalla que quiero colgarme, pero tiene más que ver con querer llevar mi música que con querer hacer un desarrollo en los distintos mercados, que es otra historia.
—¿Pero por qué en 2025 y no el año que viene?
—Es que me pongo a hacer un disco muy pronto, me gusta estar enfocado, y además pienso que por algo suceden las cosas. Y como mi próximo disco va a tener más un regreso a la raíz folclórica, me da más ganas de salir al mundo en esta etapa de mi vida como un cantante en conexión con la raíz que como un cantante pop. Entonces, cuando vaya a España, en mi repertorio van a estar “Once mil”, “Motivos” y las canciones más pop de mi carrera, pero en el medio de un concierto conceptualmente de raíz folclórica.
—¿De qué estilo de folclore hablamos, algo de fusión o más de guitarra criolla y bombo legüero?
—Eso se lo dejo más a manos de quien va a encargarse de la producción, que todavía no tengo definido. Necesito que quien sea el productor me ayude a hacer una lectura de lo que estoy sintiendo. Hoy, en lo personal, todo me conecta a una raíz. Formar una familia me ha llevado a revisar y en algunos casos restablecer ciertos vínculos familiares con la familia nido, la familia de la que vengo, mi relación con mis hijos me ha hecho revisar mi relación con mis padres.
—¿Hay algún título en danza?
—Mirá, mi primer disco, mi primer cassette que grabé en Bahía Blanca se llama “Herencia”. No me disgusta ese nombre, pero este proyecto nuevo no se llama “Herencia”, aunque la carpeta, en mi computadora y en mi cabeza, sí se llama “Herencia”. Es que me gusta este juego que rompe la relación tiempo-espacio, porque ese casete no está en catálogo, lo tienen 3.000 personas y yo tengo una sola copia en casa. Así que si mi próximo proyecto llegara a llamarse “Herencia”, mirá qué loco, de alguna manera un niño de 11 años le habría heredado un disco a su yo del futuro.
—Parece la serie “Dark”, por lo del viaje en el tiempo.
—Te iba a decir, es medio de ciencia ficción (risas).



Por Gonzalo Santamaría

