
El amanecer del partido, promisorio por cierto, le duró poco a Central. Fue una primavera. La falta de sabiduría para controlar un partido que se presentó favorable fue el hecho más elocuente a partir del cual se puede explicar lo que fue la derrota de Central a manos de Argentinos Juniors. Pero hubo algunos hechos también muy puntuales, que no fueron menores por cierto. El más fuerte: en una cancha en la que se presta para jugar a la segunda pelota, al canalla le facturaron dos veces de esa manera. Primero en el gol de Quintana para el empate y después en el zapatazo de Vera para el tanto de la victoria. Fueron esas dos estocadas lo que hizo que el fútbol del canalla, que tenía recorrido para el lucimiento, se tornara rudimentario.
En ese amanecer del partido, en el que mientras los equipos se acomodaban, Central gozaba de algo de salud futbolística. Porque al mismo tiempo que aprovechaba las imprecisiones del bicho se las ingeniaba para tener las riendas cortas. La penetración de Federico Martínez y su media vuelta, terminó en un córner, del que llegó el centro Rius, la peinada del uruguayo y la aparición de Ruben en el segundo palo, para empujarla.
Llegó el momento de la calma que, por momentos, se transformó en quietud. Porque el repliegue fue pronunciado y la defensa muy cerca de Ledesma, donde comenzaron a llegar más pelotazos que jugadas elaboradas, pero que en definitiva complicaron. Y llegaron las desatenciones. Es que tras el despeje en un córner las marcas se movieron y Quintana apareció solito para ponerla de cabeza contra el palo izquierdo del arquero canalla.
Una buena combinación entre Rius y Damián Martínez antes de ese gol fue la mejor chance de la que dispuso el canalla. El resto, algunas intenciones de un lado y del otro, aunque con un Argentinos más incisivo en las pelotas aéreas.
¿Pelotas aéreas? Así llegó el desnivel. Otra vez después de un despeje en un córner para que Vera le diera como venía y la pusiera en el palo izquierdo de Ledesma, rebote mediante en Damián Martínez.
Hasta allí, la apuesta de Ojeda ya era un verdadero fiasco, porque el equipo nunca pudo contener ni tampoco jugar. El único que lo hacía, aunque a cuentagotas, era el otro Martínez, el uruguayo, que encima se fue lesionado los 9’ del complemento.
Explicar también la desidia futbolística de Central es explicar que no tuvo remates al arco en el segundo tiempo. Apenas el cabezazo que erró Novaretti a los 43’, quizás molestado por Ribas, y el centro defectuoso de Damián Martínez que terminó en las manos de Chaves.
Argentinos no había hecho demasiado tampoco, pero en ese final de ida y vuelta lo pudo liquidar. Igual, lo más importante ya lo había hecho. Porque pegó en dos jugadas parecidas y supo manejarlo cuando estuvo en ventaja, algo que el canalla jamás pudo llevar a la práctica.




