El cambio es inevitable en el devenir de la vida y así lo impone simplemente el paso del tiempo.
“Cambia, todo cambia”, afirma la canción escrita por el chileno Julio Numhauser y que
popularizara la bagualera voz de nuestra Mercedes Sosa. Como cantar es un modo de expresar
sentimientos y ello ocurre incluso en los grandes acontecimientos populares, como puede serlo un
partido de fútbol o un mitin político, esta canción puede ser elegida para quienes propician el
cambio en determinada situación política o institucional.
Por otro lado quienes se resistan a la propuesta, tienen la posibilidad de entonar el tema
“resistiré” que en nuestro país fuera un éxito al grabarla Estela Raval. Algo de ello
ocurrió, hace unos años, en una cena del Colegio de Magistrados en nuestra ciudad, cuando el nuevo
gobierno anunciaba “cambios”.
A esta altura del relato, resulta sencillo advertir de qué cambio estamos hablando. Como
sabemos, uno de los más notables que viene produciendo en nuestra provincia este gobierno, es el
que pretende reemplazar a los jueces inquisidores por magistrados imparciales, a los fiscales
burócratas, por un verdadero investigador que controle la labor policial y sea quien ejerza el
poder penal. El cambio implica terminar con imputados que son condenados sin que nunca reciban
asesoramiento del defensor antes de declarar. Se cambia la desconsideración total que recibía la
víctima, por un protagonismo que nunca antes había tenido. El expediente es reemplazado por las
audiencias públicas con puertas abiertas y todo lo atinente a la organización del trabajo de los
jueces, quedará a cargo de personas especializadas en oficinas de gestión administrativa.
Este cambio es reclamado por el más alto Tribunal de la Nación y por los tratados
internacionales suscriptos por nuestro país e incorporados a nuestra Constitución Nacional. Sin
embargo, esto que debería provocar también un cambio en la mentalidad de todos los operadores, en
algunos miembros de la Corte Suprema provincial genera una notable resistencia ya que, más allá de
sus discursos formales, no parecen en los hechos acompañar su implementación y por el contrario,
apuestan al fracaso.
Destaquemos, que el cambio en las prácticas judiciales del fuero penal, trasciende el mezquino
ámbito de cualquier programa político de un partido, porque se la reconoce como una política
pública. Así lo entendieron todos los diputados y senadores, al aprobar por unanimidad las leyes
necesarias para implementar el cambio.
Pareciera no ocurrir lo mismo en el ámbito del Poder Judicial. En general la corporación
judicial se ha negado a producir o a aceptar cambios en sus prácticas de trabajo, por razones que
incluso fueron reconocidas por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ello nos autoriza a tener
una mirada crítica de aquél episodio anecdótico donde los jueces eligieron cantar
“resistiré”. Convengamos en que cantar siempre es bueno, aún desentonando, que en
realidad constituye un problema para el exigente oído del que escucha. Es obvio que el problema no
es la música ni la poesía elegida, sino los fines que se persiguen conseguir con acciones futuras.
En este sentido, no escapará la relatividad del sentido de ambas poesías musicalizadas. Es que cada
una de las letras refiere a determinados cambios y resistencias. Hay cambios que son lamentables,
como lo fue la llegada de Pinochet al poder y que inspirara al autor chileno en su duro exilio en
Suecia escapando de la dictadura. Por el contrario, y sin tomar en cuenta las razones del español
“dúo dinámico” al escribir “resistiré”, luchar contra el cáncer, como lo
logró la señora voz de los 5 latinos, es indudablemente valioso y justificaba la elección.
Pero salvando las distancias, hay otros cambios ya producidos por este gobierno, que no
pueden merecer resistencia. Nos referimos al que consiste en la implementación de concursos de
antecedentes y oposición, para acceder a la función pública en general. Gracias a este notable
cambio, recientemente concluyeron los de fiscal general y el de defensor provincial, así como sus
respectivos responsables por cada circunscripción. Somos testigos de la transparencia e
independencia con la que trabajaron los jurados, algunos de nivel internacional, otros elegidos de
listas suministradas por las universidades y otros enviados por los Colegios de Abogados. A último
momento el Colegio de Magistrados, en sorpresiva actitud retiró sus representantes. ¿Seguirán
cantando “resistiré”? Lo concreto es que no colaboraron con el cambio. Ello es
particularmente grave, ya que el concurso, más allá de cualquier defecto que pueda presentar,
representa un mecanismo eficaz para reemplazar el acomodo. Ahora, el cargo se deberá a los valores
individuales del postulante y no funcionará más el padrinazgo político del diputado o senador.
Tampoco valdrá la influencia de la organización sindical o de la cúpula de la Iglesia Católica,
como ocurriera en otros tiempos.
Dice la canción “cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar”, porque ahora
el candidato demuestra públicamente su idoneidad, único requisito constitucional para la correcta
evaluación lógica. Cómo no apoyar tanto cambio, que por supuesto nos incluye, (“que yo cambie
no es extraño”), preparándonos a ejercer la profesión articulando nuevas herramientas,
aprendiendo nuevos conceptos, instalando nuevos procedimientos y teniendo una distinta actitud,
otro compromiso imprescindible con un cambio en el modo de circulación de la verdad. Queda
demostrado que el cambio es importante; por fin el poder político con valentía lo está logrando y
merece todo nuestro apoyo.
Y si de cantar se trata, me permito proponer entonar la conocida “zamba de mi
esperanza”, ya que todos estos cambios, hoy más que nunca, nos hacen sentir que vale la pena
luchar por los ideales que los motorizan.