Opinión

Infinito

Hay hombres que con el tiempo quedan difusos, pero alguno de sus actos se recuerdan. Este es un caso.

Lunes 30 de Abril de 2018

Hay hombres que con el tiempo quedan difusos, pero alguno de sus actos se recuerdan. Este es un caso. No lo traté como sujeto sino que, respetuosamente, lo saludaba cuando nos encontrábamos en el ascensor del edificio donde sus revistas tenían la redacción. Don Julio Korn. De moñito, impecable, sereno, saludaba, se iba hacia su despacho, conversaba algunos temas con los directores de sus publicaciones (yo trabaja en Antena, una de sus revistas) de mi parte poco mas, un personaje casi legendario que en la primera mitad del Siglo XX delineó la política de medios y del espectáculo en Argentina.
La anécdota que lo saca de esas sombras de mitad del siglo me la proporcionó Luis Sandrini. Vivía el actor en el barrio de Olivos, a pocas cuadras de la quinta presidencial y allá fuimos, fotógrafo, remisse y periodista para una nota "a fondo".
Sandrini debía recordar anécdotas de su carrera teatral y fue insoslayable una obra: "Cuando los duendes cazan perdices". Ubiquemos: "Cuando los Duendes Cazan Perdices", del uruguayo Orlando Aldama, se constituyó en un fenómeno único desde su estreno en 1949 con localidades agotadas una semana antes de cada función (8 semanales) y el éxito los acompañó durante más de cuatro años consecutivos (1949 a 1952) Se convirtió entonces, en un destino de peregrinación para el público de teatro popular y muchos espectadores, que se decían habitúes del "teatro culto" sin decirlo a nadie, también rieron y lloraron viendo a Don Luis Sandrini en escena" Fue llevada al cine en el 1955.
Sandrini me contó que en el último año del fenómeno teatral (8 funciones semanales, desde 1949 a 1953, durante lo que se llamaba" la temporada") había juntado un dinero y que quería comprar una casa que ocupaba un cuarto de manzana en esa zona recoleta que era Olivos sobre 1950. Fue en consulta a Julio Korn con la duda dentro: --"¿Don Julio, compro esa casa, parece muy cara, me va a costar todo lo que gané en el año...?—Y me decía Sandrini que Don Julio Korn sin dudar le dijo:--"Compre Luis, en Argentina la inflación es al infinito..."—
Escondido en los pliegues de las anécdotas de redacción, durante años esa frase de Sandrini, referida al país y dicha sin ninguna duda por un personaje que entendía la historia y la realidad de una Argentina que ayudó a forjar, parece de una clarividencia poco menos que asombrosa y si no fuese que es tan vívido el recuerdo del relato de Sandrini podría creer que lo soñé y peor, atribuírmela.
Una Malvina Pastorino afligida por ser buena anfitriona, la nota duró mas de dos horas, por la luz y las fotos y porque estar con un personaje como aquel me hacía demorar la partida, fue la autora de un Nescafé batido y muy azucarado que aún recuerdo. Ese brebaje fue una de las pocas cosas poderosas, capaces de alterar el equilibrio estomacal y provocar acidez en mitad del encanto y la amabilidad que traducía esa familia. Por mucho tiempo ese batido en esos pocillos Rigopal, con un leve ondeado, y la mesa ratona y los sillones y el living fueron el eje de las evocaciones; pero cada vez que los economistas ofertan soluciones ese tremendo personaje (Julio Korn) asoma como un entendido en economía de países emergentes, neo colonia con desarrollo capitalista dependiente o Argentina, como sea que se quiera denominar a nuestro sitio.
Hay otra referencia que, no por lejana, debe olvidarse, una de las frases eternas del teatro nacional, después del cine, la dice el actor cuando su madre recobra la vista. ..."Luis Sandrini hizo lloriquear a plateas enteras, durante cinco temporadas en el porteño teatro Astral, cuando exclamaba: "¡La vieja ve los colores!", en Cuando los duendes cazan perdices (1950), de Orlando Aldama.
Aún cuando hay frases del cine nacional que están para siempre "Hay que achicar la mesa..." (Muiño en Asi es la vida) "Pero socialista, che..." en la misma obra. Y mas cercana la queja ante un hermano pobre e irredento:"Tres empanadas..." de Luis Brandoni en ese grotesco nacional y en la misma obra (Esperando la carroza) la de las dos mujeres: "Yo hago ravioles, ella hace ravioles..." aún cuando, se insiste, esas frases conforman un patrimonio que se guarda o se pierde según la memoria, la moda, la vida misma que altera algunas cuestiones, esa definición de Julio Korn, un consejo, que no aparece en texto teatral alguno, tiene lo suyo. Deberíamos reverenciarlo adecuadamente.
Julio Korn fue un editor y empresario nacido en Buenos Aires, Argentina, el 19 de julio de 1906.
A los 4 años murió su madre y a los 9 su padre, un judío rumano que le dejó 2 hermanos y 2 hermanastros. Trabajó como aprendiz de imprenta, por un sueldo mensual de 10 pesos, que le permitió mantener a sus hermanos.
A los 12 años, lo eligieron delegado gremial ante la Federación Gráfica Bonaerense. Al cumplir 14 años se instaló en un zaguán de la calle Corrientes, con un puesto de revistas y piezas de música, frente al Teatro Nacional, donde alcanzó fama por disponer de todas las letras y música de moda.
Solo recordar la biografía de Gardel, dictada por doña Bertha, entre sus aciertos, y después Labores, TVGuía, Vosotras, la Goles... Antena y Radiolandia. Titular de la editorial musical, que tanto dinero produjo y tanto ordenó el derecho de autor. Murió en el 1983.
Julio Korn sabía qué decir sobre la inflación en Argentina. Sabía cómo mirar a su tierra. Fue profundamente argentino, pero lúcido. Escéptico hasta el infinito.

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