Opinión

Caminantes

Sábado 21 de Abril de 2018

Caminantes, peregrinación y fe parecen palabras distintas, porque lo son, pero algo las une. En el hombre, como sujeto social, no están lejanas, todo lo contrario.

Por aquello del oficio he acompañado este hecho singular, caminar por promesas, caminar por veneración, caminar por una pulsión superior a respirar, comer, dormir y poco mas.

En aquel camino a Caucete y en aquel santuario pagano de "la difunta Correa" he visto posiciones, personas, familias y escuché tremendas historias, personajes que nadie, excepto una cuestión de fe mantiene cercanos. También vi el negocio de los alrededores. Un día los militares dijeron que eso era pagano, acaso un Obispo celoso. Caucete después tuvo un terremoto. Creer o reventar.

Desde Malvinas hacia acá he visto como la peregrinación del "Padre Ignacio" se ha convertido en el acontecimiento socio /político / cultural mas grande y unificador. En este siglo XXI nada lo supera.

He reído con los cronistas porteños encargados de llenar horas en radio y televisión sin poder explicar la misa ricotera y los 250.000 que junta "el Indio Solari". El día que quiera en el lugar que se le antoje...o lo dejen.

Mirar aquellos que por diversas rutas marchan por el camino "de San Yago de Campus Stellae" desde aquel latín misterioso al hoy de los promeseros, para llegar a Santiago de Compostela, que es eso, pero en galaico portugués, mirarlos digo, es entender que hay una pulsión que supera los aparatos de televisión y los mandatos de clase. Ni siquiera los telefonitos logran quitarle emoción, abnegación, entrega.

Distinto es el camino como un propósito en la vida. Yo fui el arquitecto de mi propio destino dice un viejo poeta cuando concluye: "nada te debo, vida". De Amado Nervo al prosaico: " los caminos de la vida no son lo que yo esperaba..." hay un universo de ignorancia que avanza y deja lejano al español:" no hay caminos sino estelas en la mar".

La peregrinación a la virgen de Guadalupe ( la misma que veneran los mejicanos, pero reducida a Santa F), es una cuestión que excede los ámbitos de aquella ciudad, como excede Luján la peregrinación que lleva a tantos hasta el santuario que suele inundarse, tal vez como advertencia que el río busca su nivel sin importarle fechas o misales. El tango también se mete en esto:" con una vela grandota caminaré hasta Luján", propósito mas que evidente de una promesa y la amenaza de su cumplimiento.

Hace muchos años que miro con respeto estas manifestaciones, como los que venían a la puerta de mi casa a dejarme un ramo de olivos. Se los aceptaba mi vieja, atea de cumplimiento estricto, casi religioso.

Caminar como una cuestión saludable, para acomodar las tabas, quemar calorías, bajar el azúcar en sangre y asustar al colesterol tiene un propósito sanitario y también... y no hay que negarlo, un componente de fe.

Está demasiado demostrado que el aserto lejano es válido: mente sana para un cuerpo sano. Si caminar provoca una mejora de la mente, porque allí está el asunto, no se trata de cumplir promesas sino acomodar el total a una vida que se espera mejor, porque allí está el asunto: nadie camina para empeorar ni las rodillas ni el mañana.

Cuando estaba en mi primera infancia salían del barrio colectivos a dos lugares en días y meses diferentes. A Itatí para llevar a los promeseros. A Luján para lo mismo. Nosotros, una vez cada semana por medio, subíamos a un camión que nos llevaba a la cancha. Según el resultado volvíamos caminando, para bajar la amargura, o en el camión, para dar vueltas por la ciudad a los gritos, festejando el triunfo, con las banderas agitándose.

Toda celebración diferente a la que manda, al credo oficial, es pagana, pero si lo pensamos nosotros también éramos parte de una fe chiquitita, la fe por una camiseta que la crianza nos dejó como propia. Nadie nace hincha de un club ni deseando rezarle a una virgen aunque debo decir que caminar siempre es necesario.

Lo que parece común es que La Meca, Medina, el Muro de los lamentos, Lourdes, la misa del padre Ignacio conservan una manifestación que no deja dudas. La emoción manda sobre la razón y citarlas es citar que se puede hacer eso, dejar que la emoción mande sin tantas prohibiciones. Desdichados los pueblos donde no pueden expresar, cada uno de sus habitantes, sus emociones. Esos pueblos ya no caminan, son emigrantes. Del modo que sea su camino es hacia otro sol y otro aire, mas suelto, mas libre, con menos olor de esclavitud. Pero eso es otra cosa.

Donde la caminata se vuelve incomprensible es cuando los veo (caminar) en un gimnasio, con la misma profundidad que los cobayos o esas mínimas ardillitas que giran y giran en una rueda que los deja en el mismo lugar. Una hora, para liberar toxinas. Sería, propiamente, como si uno quisiese llegar hasta un altar caminando siempre en el mismo lugar y pensándolo bien acaso se trata de eso. De la misma fe que tienen los promeseros, pero dedicada a salvar el propio cuerpo de sus propios males.

Caminar, parecería, es una cuestión de fe. Sobre eso, sobre la fe cualquier discusión es ociosa. Ya lo decía el personaje de Olmedo cuando amenazaba (si,si, era una amenaza) amenazaba curar. Miraba a cámara, sonreía y se resignaba diciéndonos:" y... si no me tienen fe..."

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