No sólo los chicos recibieron cartas de los adultos, también algunos adolescentes. Gladis, por
ejemplo, le respondió a una chica que había escrito un mensaje que llevaba por título la pregunta
de “¿Qué me pasa?”.
“Cuando leí tu cartita me hiciste sonreír porque lo que vos decís
es lo que nos pasa a la mayoría de las personas en la adolescencia. O sea que hacer todo lo
contrario a lo que hacen los demás, o creer que estamos haciendo lo contrario, o no saber qué
hacer, son actitudes propias de tu edad”.
Gladis le recordó a la joven que los cambios de humor, las
“rebeldías a veces sin sentido”, el aburrimiento, la confusión, la vergüenza, el miedo
al ridículo, son algunos de los sentimientos “complicados”.
Sin embargo, dijo, ellos también son propios de una “edad muy
linda” y “llena de sueños, ideales y sentimientos”, donde “las amistades se
forman o se hacen más fuertes” para acompañar a lo largo de “toda la vida”.
Una edad, según la autora de la carta, para asomarse a la poesía,
emocionarse con una canción o escribir un diario. “Te deseo que la capacidad de emocionarte y
soñar te acompañen siempre, porque esas capacidades hacen de nosotros alguien especial. Y
seguramente vos lo sos”, le dijo Gladis a la casi anónima destinataria de su carta, dictada
por la adolescente que seguramente lleva todavía adentro.



























