La ciudad

Las salamanquesas, los reptiles que llegaron de Africa y ya colonizaron Rosario

La gente las llama lagartijas, pero no lo son. Bajaron de los barcos hace pocas décadas, son inofensivas y ya están en todos los barrios. Dicen que ejerce un control biológico natural.

Miércoles 07 de Enero de 2015

De pronto se escucha un rumor entre las hojas del patio. El gato para las orejas. O se dispara la alarma. Y si se mira bien, disimulada por el color pálido que fue ganando en la ciudad, aparece fugazmente la responsable: la salamanquesa o Tarentola mauritánica, llegada hace unas décadas como polizón de barco desde Africa y a la que, sin más, equívocamente, los rosarinos llaman "lagartija". Se trata de una "fauna exótica urbana", explica el veterinario dedicado a reptiles, Alejandro Tracchia, que se "reproduce de manera exponencial" porque en Rosario carece de "enemigos naturales". Las primeras zonas que habitó tras desembarcar en el puerto fueron barrio Martin y los alrededores del club Plaza Jewell's, pero hoy se ha extendido a casi toda la ciudad. Y lo más importante: no hace daño, sino que es más bien una especie benéfica porque ejerce un "control biológico natural", sostiene el director de Vectores del municipio, Guillermo Palombo. Encima, es hermosa.

Los primeros reportes de salamanquesas domiciliarias en la ciudad datan de los años 70 y 80, y se cree que su expansión fue explosiva (pueden poner entre dos y quince huevos), ya que hoy quedan pocos barrios donde ellas no estén presentes.

Todo indica que llegaron al país, "en forma intencional o accidental", a bordo de barcos que traían leña, maderas y otros productos desde Africa, sostiene Tracchia, aunque en Buenos Aires, por ejemplo, adonde también arribaron, se cree que se "colaron" en cargamentos de corcho.

"Y como toda especie exótica que encuentra cobijo, alimento y agua gratis, y carece de enemigos naturales, se reprodujo de manera exponencial", afirma Tracchia.

¿Qué dimensiones tiene su población? "Es difícil saberlo, si ni siquiera conocemos cuántas tortugas terrestres hay en Argentina, siendo que es una especie en riesgo de extinción —se queja el especialista—, pero sí se puede decir que hay muchas".

Inofensivo. Ante todo hay que saber que se trata de un animalito inofensivo, que se alimenta de insectos sobre todo nocturnos, por lo que se lo suele encontrar cerca de las luces que atraen a los bichos, y de ese modo "cumple una función regulatoria" de la presencia de grillos, mosquitos, arañas y cucarachas, entre otras.

De un tamaño que oscila entre 5 y 10 centímetros, con un color de por sí pálido que ha ido mutando hacia tonos más claros que el original, la "falsa lagartija" vive más bien escondida en grietas, taparrollos, recovecos y rincones oscuros de la casa, y como tiene hábitos nocturnos se la ve con mayor frecuencia desde el atardecer hasta el amanecer.

Las "papilas" que tiene en sus "dígitos", una suerte de sopapitas, le permiten adherirse a las paredes, por las que se desplaza con suma rapidez, y sus ojos son grandes para ayudarla a ver en la oscuridad.

Una singularidad que la salamanquesa comparte sólo con algunas otras especies de lagartos es su "autotomía", explica el veterinario, una especie de estrategia de defensa que le permite desprenderse voluntariamente de la cola para que en caso de ser atacada (por ejemplo, por un gato) el miembro mantenga un movimiento reflejo "disuasorio" y su agresor se distraiga con esa ilusión de vida.

"No es que después le crezca otra cola, sino que genera un tejido cicatrizal oscuro y más duro", dice Tracchia, pero eso le permite sobrevivir.

No es plaga. Palombo, por su parte, se encarga de insistir con que no se trata de una plaga y ni siquiera de un "vector" (es decir, un ser vivo capaz de transmitir enfermedades). "No representa ningún riesgo sanitario ni genera ningún problema a la población", asegura, antes de definirlo como un animal "beneficioso, que ejerce un control biológico natural".

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