Reina el silencio en el pequeño salón. Sólo de vez en cuando se escucha el roce
de una manga en el canto de la mesa, cuando un hombre con un guardapolvos blanco toma con una pinza
una pieza de tamaño microscópico. Este lugar es casi estéril, prácticamente como una sala de
operaciones.
Y con la precisión de un neurocirujano, el hombre coloca la
diminuta pieza justo allí donde corresponde, en uno de los mecanismos de relojería más complicados
que se ha desarrollado.
La sala es un atelier del fabricante de relojes suizo
Audemars Piguet en Le Brassus (Suiza) y el hombre es Dominique Burdet. Innumerables veces realizó
este movimiento, pero el error más pequeño puede arruinar el trabajo de horas.
Burdet, de 58 años, es jefe de Grande Complication, la
división de Audemars Piguet, que como ninguna otra se define por su nombre. Aquí se combinan 648
piezas para estas obras de arte de la relojería. Para terminar un reloj de ese tipo, los empleados
altamente calificados dirigidos por Burdet necesitan entre cuatro y seis meses. Se fabrican unos 12
ejemplares de Grande Complication por año.
En total, unos 27.500 relojes abandonan cada año la empresa
en Vallée de Joux: clásicos o lujosos y deportivos, de acero, oro, platino, titanio o carbono, con
o sin diamantes. Aquí, en el valle de los relojes, todo es una cuestión de tiempo. Bosques,
praderas, el Lac de Joux, casas bien cuidadas en las laderas: el hermoso paisaje suizo prohíbe
pensar en el apuro.
Y pese a ello, entre Le Brassus y Le Sentier, donde están
asentadas casi 40 empresas fabricantes de relojes y proveedores, se realizan con gran ahínco
trabajos complicados, se descartan y mejoran otros y se construye.
La "haute horlogerie" del país alpino es conocida en todo
el mundo. Cientos de años de experiencia y demandas modernas hicieron de estos relojes un producto
de lujo.
Con el Royal Oak, creado en 1972 por Audemars Piguet, la
empresa revolucionó el mercado de relojes. Aún hoy, el modelo es uno de los más pedidos en el
segmento alto.
La empresa es antigua, muy antigua. En 1875, los dos
maestros relojeros Jules-Louis Audemars y Edward-Auguste Piguet se unieron y abrieron en el pueblo
Le Brassus su fábrica. Según datos de la propia compañía, es actualmente la más antigua cuyos
propietarios siguen siendo las familias fundadoras.
Los relojes fabricados en Le Brassus son en parte mucho más
costosos y se encuentran, al igual que joyas valiosas u obras de arte famosas, también entre los
tesoros de algunas casas reales.
"El reloj más barato cuesta alrededor de 11.200 dólares",
dice Axel Felmy, gerente de Audemars Piguet Alemania. "El más caro, que mostramos en el catálogo,
es un Jules Audemars en platino como Grande Complication, que cuesta más de un millón de dólares
sin aplicaciones de diamantes. Por lo tanto, los límites superiores en realidad están abiertos.
Algunos relojes casi no son usados y desaparecen de inmediato en la cámara de seguridad del dueño",
explicó Felmy.
La historia resguardada. En la fábrica hay también un museo, creado hace 16 años
con el objetivo de preservar la herencia de Audemars Piguet. Aquí es donde el arte de la relojería
adquiere contornos claros. Tanto los relojes viejos como los nuevos, los 250 que están expuestos de
un total de 750 que posee el museo son hermosos.
Uno de los modelos exhibidos es el Royal Oak, el "roble
real". Martin Wehrli, quien trabaja desde hace 36 años en Audemars Piguet y desde 1992 es el
encargado del museo, relata el origen del nombre: el "roble real" le dio protección al entonces rey
inglés Carlos II cuando en 1651 estaba huyendo de Oliver Cromwell. El roble se encontraba cerca de
Greenwich, el punto de partida para medir el tiempo.
En las paredes de la planta baja del museo hay fotografías
de famosos: la leyenda del boxeo Muhammad Ali posee por ejemplo un reloj Audemars Piguet, al igual
que el ex campeón del mundo de ajedrez Garri Kasparov.
También las muñecas de la leyenda del golf Nick Faldo y de
los pilotos de Fórmula 1 Rubens Barrichello y Juan Pablo Montoya llevan relojes fabricados en Le
Brassus. Asimismo aparecen los nombres de Bill Clinton y Arnold Schwarzenegger, entre muchos otros
clientes.
En el museo se explica cómo hizo historia la empresa: en
1892, los suizos crearon el primer reloj pulsera con repetición de minutos y en 1915 el reloj más
pequeño jamás construido con repetición de cinco minutos.
A comienzos de los años 30 se convirtieron en especialistas
de los relojes esqueleto, en los que la maquinaria que mide el tiempo está a la vista. Desde los
años 40, la empresa fabrica los relojes pulsera a cuerda más delgados del mundo. Pero la innovación
más exitosa fue el Royal Oak. "Tomamos acero y lo trabajamos como oro", explica Wehrli.
Para Audemars Piguet, el trabajo manual de sus avezados
artesanos en la micromecánica no puede ser reemplazada por máquinas computarizadas.