Carlos Carrascosa, condenado por el crimen de su esposa, María Marta García Belsunce, salió ayer de la cárcel de Campana, donde estaba alojado desde hacía cinco años, y fue llevado a un country de Escobar para cumplir prisión domiciliaria.
Con una camisa verde y sentado en el asiento de atrás de una camioneta del Servicio Penitenciario Bonaerense, Carrascosa llegó minutos después de las 18, custodiado por dos agentes, al country del Centro Urbano Barrancas de Escobar, donde cumplirá arresto domiciliario luego de haber pagado una fianza de un millón de pesos.
“Soy inocente” y “me enteré por la televisión” fueron las dos frases que Carrascosa dijo cuando la camioneta que lo transportaba frenó por un instante en la puerta del penal de Campana. Ahora reside en una casa de tres ambientes de su amigo Héctor Liñeiro, donde ya estuvo en 2009 antes de que se le dictara la prisión perpetua.
La propiedad está ubicada en el lote 307 de una isla del country, de 80 hectáreas de extensión, pegado al Náutico Escobar Country Club.
, a la vera del río Luján.
El solar tiene guardería de lanchas, un muelle de cortesía, una confitería, dos canchas de tenis y una de fútbol.
Pero Carrascosa solo podrá moverse en el perímetro de la casa donde vive ahora, que cuenta con un jardín y una pileta.
El viudo estará controlado a través de una tobillera electrónica conectada a la línea telefónica que va a monitorear si está dentro del radio autorizado para movilizarse.
María Marta García Belsunce apareció muerta en su casa del country Carmel, de Pilar, el 27 de octubre de 2002, y su familia trató el caso como un accidente doméstico, aunque un mes y medio después una autopsia determinó que la habían matado de cinco tiros en la cabeza.
Aunque toda la familia quedó bajo la mira, la Justicia focalizó en el rol que tuvo el viudo, porque fue el primero en encontrar el cadáver y autorizó que se limpiara la escena del crimen.
Doble acusación. Carrascosa fue enviado a juicio oral por una doble acusación: la del homicidio y la del encubrimiento, aunque él aseguró que era inocente de ambos y planteó legalmente el absurdo de estar imputado por dos delitos, que eran contradictorios entre sí.
En 2007, el Tribunal Oral 6 de San Isidro lo consideró responsable del encubrimiento, lo condenó a cinco años y medio y ordenó su detención.
Pero sólo estuvo tras las rejas poco más de 30 días porque consiguió un habeas corpus mientras el fallo se revisaba; en 2009 Casación resolvió reinterpretar la prueba y lo responsabilidad por el homicidio, por lo que lo condenó a perpetua.
Desde entonces, el viudo estaba preso en la cárcel de Campana, pidiendo en distintas instancias su libertad e insistiendo con su inocencia.
El año pasado la Corte Suprema hizo lugar a un recurso de la defensa y entendió que la condena en su contra no estaba firme porque no había existido una revisión del fallo que lo encontró culpable de homicidio.
La defensa impulsó entonces distintos planteos para excarcelarlo, pero sólo consiguió parcialmente lo que buscaban: con 70 años y una salud deteriorada, Carrascosa obtuvo la prisión domiciliaria previo pago de un millón de pesos, pero sigue buscando que se lo declare inocente y que se encuentre a los verdaderos autores del homicidio.




























