Federico Estella fue concejal de Funes durante 12 años y candidato a intendente en 2011. Y aunque nunca se alejó de la política porque es una de sus pasiones durante mucho tiempo estuvo dedicado de lleno a su actividad como médico veterinario, una profesión que, asegura, ha ejercido siempre con una mirada integral y amplia en la que todos los aspectos de la salud animal, ambiental y humana tienen su peso y su interacción.
Pero tan crucial como eso son la educación y la sensibilización de las nuevas generaciones que "tienen que crecer comprendiendo la importancia de proteger a la naturaleza, a los animales, el valor del reciclaje, de las composteras, de la economía circular, en definitiva, buscamos con distintas acciones darle importancia cotidiana a un mundo que tenemos que cuidar desde ahora porque la intervención humana influye para bien o para mal desde ahora y para siempre".
En abril de este año, Funes se sumó como miembro permanente de la Asamblea Nacional de Intendentes de la Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático.
Se trata de una coalición de más de 230 municipios nacionales que impulsan y coordinan planes para enfrentar esta problemática que tiene relevancia a nivel mundial.El compromiso que asumió la actual intendencia se enmarca en la Convención de Naciones Unidas, el Acuerdo de París y el Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía.
Estella también supervisa y coordina todo lo relacionado con bromatología, un área más que importante en una localidad en la que la gastronomía suma todas las semanas negocios, bares y restaurantes ligados a la alimentación y donde también aumentan las ferias populares en las que muchas veces se dispensan alimentos.
¿Cómo se trabaja para mantener el mayor equilibrio en temas tan complejos? ¿Cuáles son los reclamos más frecuentes de los vecinos? ¿Y las obligaciones? De esto y mucho más habló el funcionario con este diario.
-Funes crece a pasos agigantados y no es una manera de decir, ¿cómo enfrenta un área como la suya esta urbanización que por momentos parece no tener fin?
-Sí. El crecimiento de la ciudad es realmente acelerado. Por eso, desde nuestra función, intentamos que los cambios que genera el humano no alteren demasiado el entorno, que el impacto se el mínimo posible. Mejorar las condiciones ambientales es nuestro desafío y trabajamos a diario para eso. ¿Cómo? De muchas maneras. Sosteniendo y mejorando la forestación. Funes tiene una temperatura diferente a la de Rosario por ejemplo. Apenas pasás el Ludueña ya te das cuenta de que hay cuatro o cinco grados menos. Eso está relacionado con las moles de cemento que no tenemos acá en Funes porque aunque el crecimiento urbano es relevante seguimos sosteniendo 10 mi hectáreas con un alto porcentaje de verde. Entonces, apoyamos el crecimiento pero no es a cualquier precio. Queremos proteger lo que tenemos. El 60% está urbanizado, aproximadamente. Y en esas urbanizaciones y dependiendo de cada barrio, si es abierto, cerrado, etc, tenemos más o menos un 45% construido y un 55% verde. En otros es 60/40, por ejemplo. La obligación de sostener esos espacios naturales está llevando a la gente a querer construir en altura. Sé que muchos dicen: Funes no es el de antes. Y es real, pero la afectación en este sentido no es tan grande como piensan algunos. Tenemos un fuerte plan de exigencia para los constructores. Y además plantamos y plantamos árboles entre otras acciones bien concretas.
-¿Qué características tiene ese plan de forestación?
-Voy a dar números claros: pusimos 11.400 árboles en 4 años, casi lo mismo que toda la provincia en ese período. Esta semana vamos a abrir la temporada colocando 1.000 más. Sabemos que lo que logra el árbol es importantísimo, es un pilar fundamental. Y nos importa cuidar a los que tenemos también porque el árbol, en la trama urbana, sufre un estrés importante. Muchos dicen: el árbol no se poda. Bueno, eso siempre que sea posible, pero hay acciones de corrección que son indispensables también, incluso, si está en riesgo una vivienda, o los vecinos, tenemos que sacarlos. Eso no le gusta a nadie y es lógico. Pero si tengo que sacar un árbol pongo 22.
-¿Qué especies abundan en la zona?
-En esto hay que detenerse y pensar que en su momento, hace muchos muchos años se colocaron árboles pensados para otra ciudad. Los eucaliptus en una vereda, o los plátanos con las alergias que producen, son complicados. Al Palo Borracho, que es hermoso, lo tengo prohibido por las espinas. Nos ha ido muy bien con el jacarandá, con el lapacho rosado (pero que sufrió mucho la sequía), el fresno (para reposición). Tenemos unas 60 especies nativas y 40 exóticas en Funes.
-Hay quienes ponen en dudas el impacto del cambio climático, pero Funes se suma en acciones demostrando que para esta gestión es lo contrario.
-La agenda ambiental es indiscutible. Y para nosotros es prioritaria.
-¿Tienen conflictos con las constructoras en cuanto al sostenimiento de la flora del lugar? O hay conciencia.
-La verdad es que surgen cosas insólitas. En algunos casos viene el arquitecto, el ingeniero, el maestro mayor de obras y me dice: quiero cortar el árbol, o los árboles. Todavía subsiste la intencionalidad de sacar porque sí. Entonces uno les explica que un árbol tarda 20 años o 30 años y que por eso son irreemplazables. Y si vas a arrancar una obra desde cero, ¡pensalo bien! Tienen que primar la creatividad y la posibilidad de resolver de algún modo para no sacar ningún árbol. Todavía, lamentablemente, persisten las malas costumbres. Esta de la que hablamos es una. Pero te puedo poner otros ejemplos ligados a las tradiciones que por más importantes que sean están mal, como las jineteadas. No va más, hay cosas que no van más.
-Entiendo que hay una plan importante de acción climática en marcha.
-Sí. Y muy pensado. Disminuir la huella de carbono y la huella hídrica están entre las prioridades. Hemos puesto en marcha siete medidas para minimizar los gases efecto invernadero que contribuyen en forma directa al calentamiento global, y eso lo mantenemos con decisiones políticas y administrativas, sobre todo, porque cuando asumió este gobierno no había plata para encarar estas acciones. Tuvimos que ser muy creativos. Pero avanzamos gracias al conocimiento y la experiencia. En mi caso, fui concejal durante muchísimos años, lo mismo que el intendente que conoce a fondo los problemas de la ciudad y ha sido concejal. En los equipos que se conformaron hay capacidad y objetivos claros. Ambiente siempre fue un tema para el intendente Santacroce. Por ejemplo, algo que es llamativo en otros lugares, nosotros tenemos tres parques de frutos que son públicos y estamos por inaugurar el cuarto. Los frutales están en vía pública y si los cuidamos entre todos podemos alimentarnos a través de ellos. El próximo será en Funes Town. Esto forma parte de un programa de toma de conciencia, de educación y de cultura ambiental. Y como muchos adultos tienen hábitos que no están buenos, apuntamos mucho a los chicos, que además son los que luego llevan a sus casas los conocimientos y quieren que la familia y los vecinos los cumplan. Estamos dando entre 30 y 40 charlas en el año en las escuelas, es algo que ayuda a cambiar conciencias. Y lo que más me entusiasma es ver cómo las nuevas generaciones se ponen la camiseta.
-Suman a los ciudadanos más jóvenes...
-Es que cuando les explicás por qué no tenemos más sapos por ejemplo, por qué los adultos mayores los vieron y convivían con ellos y ya no, por qué debemos cuidar a las lechuzas, teros, cuises, comadrejas, que la conservación es importante, ellos se compenetran un montón y lo toman como una bandera. No vamos a negar que la urbanización trae ventajas y desventajas pero tenemos que minimizar el riesgo. Y contamos con los chicos y adolescentes para esto. Ellos van a crecer con otra mentalidad. Hay un concepto de la OMS que se llama Un Salud y que busca el equilibrio entre ambiente, salud humana y animal. La interacción permanente entre esos tres ejes fundamentales puede producir problemas serios si se rompe el equilibrio y como Estado debemos bregar por eso. Nunca va a ser perfecto, pero creemos en achicar el daño. El trabajo debe ser mundial, nacional pero también a nivel local. Es un esfuerzo que estamos haciendo y buscamos sumar a todos los funenses. Los habitantes de siempre y los que van llegando.
-En relación a lo bromatológico, tan relevante para la salud. ¿Es posible controlar y también concientizar ante el crecimiento explosivo de locales?
-Tenemos un corredor gastronómico enorme. Pero está todo bien armado en cuanto a las inspecciones, la capacitación para que todos tengan su carnet de manipulador de alimentos, charlas de celiaquía (ya que no todos los comercios del rubro saben que tienen que tener propuestas para celíacos). Somos una agencia provincial que cumple con 20 inspecciones mensuales en todo lo relacionado con carnicerías, pollerías, venta de chacinados. Cualquier emprendimiento que involucre a la cadena alimenticia. Desde el cadete que lleva la hamburguesa a una casa hasta los grandes supermercados. La gente debe saber que la manipulación de un alimento es crucial porque una mala práctica te puede costar una vida. Así que no hay flexibilidad con esto. Por suerte son pocos los que me hacen renegar.