Educación

La docencia, una apasionante oportunidad de trabajo

Los profesorados de la provincia como espacios de construcción de oportunidades contra las profecías autocumplidas.

Sábado 15 de Febrero de 2020

Estudiar en nuestros profesorados es una invitación a continuar la tarea siempre interminable de la educación. A lo largo de la historia nuestra provincia ha sido terreno fértil para diversas experiencias. Desde la Escuela Serena de las hermanas Cossettini a los innovadores planteos de la Escuela Vigil pasando por el aporte comprometido de nuestra “maestra pueblo” María Teresa Nidelcoff. Cada uno de estos nombres recoge tradiciones de enseñanza, de innovación, de lucha y compromiso con la escuela pública. Esa que nos hermana y nos hace compañeros desde el aula. Numerosos autores rescatan la humanidad y la responsabilidad con que esta tarea nos interpela. Phillippe Meirieu señala que enseñar significa “convidar sed”: lograr que esa pasión se contagie. El trabajo docente se liga a la confluencia de dos pasiones: la del encuentro con otros (niños, jóvenes o adultos) junto al amor por compartir el saber. Las escuelas necesitan en estos días de maestros que construyan aulas desde la rebeldía de lo bello, lo lento, lo humano, tal como señala Carlos Skliar. Un docente, una profesora incide en otras vidas, pone luz y es iluminado por aquellos con quienes comparte ese tiempo, ese paréntesis. La calidad social de los aprendizajes y la inclusión construyen el rostro democrático de nuestros institutos públicos que entienden a la educación como un derecho social inalienable en el que el Estado es el responsable principal de garantizar igualdad de oportunidades y posibilidades.

En Santa Fe

La provincia de Santa Fe cuenta aproximadamente con 25 carreras de profesorados públicos y gratuitos que se desarrollan en 90 establecimientos distribuidos en el territorio provincial. Expandidos a lo largo y ancho de la bota, los establecimientos del nivel superior llegan con su larga mano a los rincones más alejados de los centros urbanos y permiten romper con la necesidad de emigrar para formarse. Diseminados desde San José de la Esquina a Calchaquí, desde Armstrong a Tostado, cumplen con un viejo mandato normalista: “A todos los rumbos id y enseñad”. Los docentes de los institutos formadores realizan cada año esa tarea de alfarero que tan bien cuenta Eduardo Galeano: pasan su vasija (su saber, su pasión, su conocimiento) a nuevas generaciones de maestros para que estos la estrellen contra el piso y tomen algunos trozos para incorporarlos a su arcilla. Nuevas vasijas con pequeñas chispas de una tradición que se continúa. La tarea se configura como un proyecto para quienes la toman y opera a la manera de un sostén interno, que otorga sentido al presente y al futuro, llevando a resignificar el pasado permitiendo así “sostener la esperanza”, como señala Pichón Riviere.

Nuestros institutos son el espacio donde se produce este rico proceso. Los estudiantes se sienten convocados muchas veces por la huella que otros docentes dejaron en ellos, son llevados por el ansia de aprender y compartir un área del conocimiento o se anotan tímidamente tras el sueño de un trabajo digno. Los profesorados son puertas abiertas a esas oportunidades. Se aprenden allí contenidos y en el mismo gesto, se aprende a enseñar esos contenidos. Se imaginan proyectos y se talla la madera sensible del futuro. Los institutos son espacios donde se construyen oportunidades contra los destinos prefijados y contra las profecías autocumplidas.

Para elegir

Las carreras de formación docente comprenden las de educación inicial y primaria, profesorados de educación especial (ciegos, sordos y discapacitados intelectuales) y carreras disciplinares para la educación secundaria. La propuesta se completa con los profesorados de educación artística (entre otros: música, artes visuales, danza, teatro y títeres y cine).

El cursado de cualquiera de los profesorados implica cuatro años de estudio y entre el 17 de febrero y el 20 de marzo la inscripción continúa abierta. Los turnos en que se cursan varían: mañana, tarde o noche según las posibilidades edilicias. La mayoría de los planes de estudio han sido actualizados y consideran tres grandes campos de estudio: la formación general, la formación específica y el trayecto de la práctica. Trayecto clave que busca romper la brecha con la pura teoría sin contexto y permite el acercamiento a espacios escolares y no escolares a fin de que los estudiantes vayan conociendo desde otra perspectiva las practicas formales y no formales: un papel en el que se estrenarán.

Estudiar en nuestros institutos del profesorado significa poner en juego el esfuerzo de los estudiantes, de los docentes y sobre todo el de un Estado que aliente, proteja y facilite el avance de las trayectorias estudiantiles. En este punto resulta clave señalar deudas y necesidades del nivel: buenos sueldos, estabilidad, formación continua de los docentes, edificios adecuados, insumos tecnológicos y específicos por carrera, becas estudiantiles, boletos educativos para facilitar el transporte de docentes y estudiantes y espacios de cuidado para los niños mientras sus padres estudian. La tarea de los centros de estudiantes y de Amsafé, nuestro sindicato, resulta fundamental para avanzar en pos de conquistas colectivas. Apostamos, en esta renovada coyuntura política al regreso de muchas de las políticas públicas nacionales de apoyo a los institutos superiores, en tándem con políticas provinciales.

Leticia Cossettini señalaba acertadamente que “la historia se hace a fuego lento y el pueblo sabe que el maestro es el viento”. Después del reciente y doloroso paso por la experiencia neoliberal son necesarios jóvenes profesores y maestros que, como vientos nuevos, estén dispuestos a luchar y construir el derecho a la educación del pueblo. Ese es el desafío histórico de nuestros institutos.

(*) Mariana Caballero es además secretaria de nivel superior de Amsafé Provincial.

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