Noticias falsas y verdaderas circulan permanente por las redes y grupos de WhatsApp. Esta excelente herramienta de comunicación, consulta y ahora también de compañía entre las familias que deben quedarse en casa al resguardo del coronavirus, tiene buenos y malos usos. Natalia Raimondo, doctora en comunicación social e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), y Natalia Brusa, licenciada en comunicación social de la Universidad Nacional de Córdoda (UNC), opinaron sobre el chat escolar, las fake news o noticias falsas, y el uso que hacen los chicos y adolescentes de la tecnología.
Las plataformas de redes sociales en general, y el WhatsApp en particular, son el canal preponderante por el que pasan hoy las conversaciones interpersonales cuando no son presenciales. En tiempos de aislamiento social hacen posible el contacto casi instantáneo con los amigos, los familiares y los compañeros de estudio y trabajo.
Los intercambios en el grupo de WhatsApp de padres y madres del colegio rara vez se limitan a cuestiones estrictamente escolares
“Los usuarios de una tecnología (cualquier sea) la resignifican con su hacer. Pueden servir para la fruición pero, también, para la información o desinformación y es lo que sucede con todo el contenido que circula en torno al coronavirus. Los intercambios en el grupo de WhastApp de padres y madres del colegio de nuestros hijos rara vez se limitan a cuestiones vinculadas con lo estrictamente escolar y eso es inevitable”, describe Natalia Raimondo. Además destaca que la única forma de regular ésto puede ser la autorregulación del grupo: “Que se propongan normas claras al interior del mismo, horarios en que se puede participar y que se indiquen qué contenidos quedan excluidos de esa conversación colectiva”.
Noticias falsas
“Lo aceptemos o no, la dieta informativa de cualquier ciudadano común contiene algún que otro contenido informativo al que accede a través de sus redes de proximidad vía WhatsApp, Facebook, Twitter o Instagram”, aclara Raimondo. En esos casos, el contenido proviene algunas veces de un medio masivo de comunicación y, muchas otras, consiste en una pieza de información (un audio, un video, una imagen) a la que no es posible atribuirle un autor preciso, ni fecha de realización. “Cuando eso sucede, deberíamos desestimar esa información o chequearla antes de ponerla nuevamente en circulación; porque, de lo contrario, estamos colaborando involuntaria o conscientemente para que esa información o desinformación se propague. Somos parte del problema y también podríamos ser parte de la solución si nos informamos y capacitamos”, destaca la comunicadora y miembro del comité académico del Centro de Investigaciones en Mediatizaciones (CIM) de la UNR.
¿Pero cómo hacerlo? La especialista sostiene que ese es un desafío de la escuela en sus diversos niveles, y que involucra a las nuevas generaciones en la formación de ciudadanos capacitados para la vida pública en democracia. Esto supone, inevitablemente, tener las competencias necesarias para acceder, leer, analizar y compartir información sobre la actualidad, “es decir, información sobre aquello a lo que llamamos “realidad”, ?eso que pasa en el mundo?. Así como, por ejemplo, cada vez más tenemos conciencia ecológica, del mismo modo podríamos fomentar y practicar la conciencia informativa”, continúa.
Existen algunas herramientas, como la búsqueda reversa de Google que permite averiguar cuándo fue la primera vez que se publicó una imagen o información en internet. Este recurso permite chequear la veracidad de ese contenido en internet.
“Tal vez, un primer paso es detenerse a pensar, al menos un instante antes de apretar el botón de reenviar: ¿esto que recibo quién lo escribió, grabó o publicó? ¿de dónde proviene? Y si no puedo responder a esas preguntas no lo paso a nadie. En un contexto como el actual ¿cómo sobrevivir a la sobreinformación si no tenemos competencias para seleccionar y discernir información?”, cuestiona.
Niños en las redes
No solo hay que pensar en el contacto que hacen las familias por Whatsapp sino en el que hacen niños y niñas que ya tienen su primer celular. Crean grupos con sus compañeros de la escuela o del club, y circula información todavía menos certera o confusa y que no es la adecuada para su edad.
El acceso de los menores a los dispositivos móviles con pantalla y a las redes sociales es otro de los grandes dilemas de los padres y madres actuales. “La situación se complejiza más, porque no es lo mismo permitirle a un niño de 10 años que arme un grupo de Hangouts con algunos de sus compañeros del colegio para intercambiar de vez en cuando alguna pavada, donde circulan memes, canciones y ensayan sus primeras conversaciones online, que habilitar a que se abra un canal en Youtube con videos de su manufactura o que tenga una cuenta en cualquiera de las otras redes con acceso público. Una cosa es la comunicación interpersonal con amigos conocidos y otra, muy distinta, la comunicación cuyo horizonte público es masivo: eso que publica lo puede ver cualquiera”, aclara Raimondo.
También se refiere al entrenamiento que tienen chicos y chicas para realizar búsquedas en Internet, incluso antes de saber leer o escribir, pueden preguntarle sus inquietudes a Google mediante su herramienta de voz. “La consigna de la escuela debería ser chequear y analizar la información que encuentran”, concluye la integrante del Conicet.
Pandemia de mensajes
La periodista Natalia Brusa también reflexiona sobre la comunicación en tiempo de pandemia y aporta su mirada respecto a los grupos escolares de Whatsapp. “Nos hacemos compañía, nos levantamos el ánimo, nos pasamos información, datos útiles, videos de humor, nos recomendamos series, películas, tutoriales y todo tipo de contenido. Pero esta circulación de mensajes tiene otro costado que es la saturación de información que impide que podamos discriminar entre lo útil , lo cierto y lo falso”. Y destaca que en esta sobre exposición se puede pasar por alto alertas realmente importantes, información de autoridades sanitarias y gubernamentales.
“Es importante reducir el ruido de mensajes en las redes y no hacer circular sin discriminación videos y mensajes de fuentes no reconocidas y evitar mensajes catastróficos, que eleven la sensación de desánimo o de pánico”. Anticipar de qué trata el contenido a reenviar es otro recurso para que los destinatarios resuelvan si lo quieren abrir o no. “Con una sola palabra, como por ejemplo, ?humor?, ?reflexión?, ?oficial?, ?recomendaciones? evitamos sobrecargar de datos al grupo y respetamos el tiempo y el espacio del receptor”. También explica que se puede especificar la fuente de esa información y de esta manera el receptor selecciona qué información consumir”.
Respecto de los grupos de whatsapp de padres y madres, recomienda designar un padre o madre delegada que oficie de contacto con las autoridades escolares y que sea el que transmita las directivas de la institución a cada grupo, ya sea con instrucciones y modalidades de acceso virtual a contenidos, nuevas normas o reprogramación de fechas de exámenes.
“Los preadolescentes y adolescentes también están siendo bombardeados de contenido las 24 horas del día. Es importante conversar con ellos sobre la información que les está llegando para que puedan canalizar la angustia que traen estas noticias y que llegan de todas partes del mundo”, continúa la periodista.
“Tanto para los chicos como para los adultos, los dispositivos se convierten en esa ventana al mundo, en esa herramienta de contacto virtual, y cada vez más necesaria para subsistir, haya o no pandemia”, concluye Brusa. En el libro “Volver a mirarnos”, cuya autora es su madre Liliana González, dedicó un capítulo a los “Padres de Whatsapp”, una manera de comunicarse que evidentemente revolucionó las relaciones entre las familias y las instituciones educativas.
Contra las fake news
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó como “infodemia” a la enorme cantidad de información falsa que circula sobre el coronavirus. Algunas recomendaciones para evitar estas noticias y ser responsables a la hora de informarse:
• No creas todo lo que ves en las redes sociales o lo que te dicen por WhatsApp.
• Mirá bien cuál es la fuente, quién generó esa información. Las más confiables son la OMS y el Ministerio de Salud de la Nación.
• No compartas cadenas o audios de personas que no conocés.
• Creá un hábito para tu información. Elegí pocas fuentes y mantenete actualizado.
• Buscá si la información de los dichos o memes que te llegaron tienen sustento.
• Desconfiá si la información apela a la emoción para generar un impacto.