Darío Sztajnszrajber

Darío Sztajnszrajber: "Todo docente crea un vínculo filosófico con el alumno"

El profesor y filósofo conduce “Mentira la verdad”, un ciclo destinado a los jóvenes que se emite por Canal Encuentro.

Sábado 27 de Septiembre de 2014

Antes que filósofo, Darío Sztajnszrajber prefiere definirse como profesor de filosofía. Aún mantiene vivos los recuerdos de sus casi veinte años como docente del nivel secundario y con mucha seguridad cuenta que aquella etapa significó "uno de los momentos más felices" de su vida. Con un libro de reciente publicación (¿Para qué sirve la filosofía?, de Editorial Planeta), es el conductor del programa "Mentira la verdad", que sale todos los miércoles a la noche por Canal Encuentro.

Cada vez que viene a Rosario, las salas se llenan para escuchar y animarse a cuestionar y cuestionarse de la mano de este cercano filósofo. Cercano porque así se lo siente al hablar. Y porque ya sea con Desencajados, el espectáculo que combina rock y filosofía, o con las clases que brinda con la Facultad Libre, Sztajnszrajber invita a la pregunta. A deconstruir y demoler certezas. A pensar.

Fue docente de primaria, secundaria, universitaria y hasta de posgrado. De todas rescata enseñanzas, aunque sin titubear dice que la etapa que más extraña es la de dar clases para adolescentes. Por el proceso de cambio y maduración de los chicos, por las preguntas que se planteaban. Y porque entiende que, dicte la materia que sea, "todo docente en el fondo genera una vínculo filosófico".

Tras dos exitosas temporadas, en septiembre comenzó por Encuentro el tercer ciclo de "Mentira la verdad", donde temas como el amor, la angustia, la muerte o lo religioso son abordados de una forma amena pero a la vez punzante. "Cuando me convocaron —apunta— me dijeron que haga frente a cámara lo que hacía en el aula, nada más. Y de por medio está una productora —Mulata Films— con un formato, creatividad y sapiencia de recursos que hace que esto salga así".

—Alguna vez leí que te sentías más docente que filósofo. ¿Es correcto?

—Sí, porque yo no hago otra cosa que eso. No creo que esté haciendo, en los distintos productos que realizo, otra cosa que no sea la docencia. La misma que sigo haciendo en el aula. "Mentira la verdad" es una clase del aula munida de toda una posibilidad creativa que en el salón uno no tiene, pero que igual trata de elaborar. Di casi veinte años clases con secundarios y hoy cuando hago los programas doy lo mismo que enseñaba en la escuela. Entonces no disponía de personajes, actores, sonido, etcétera. Pero el histrionismo estuvo siempre presente. Me parece que un docente no debería ser alguien que dicta una clase en el sentido tradicional de bajar información, sino que esté todo el momento generando una transferencia con el alumno donde se pone en juego toda una serie de recursos. Desde el punto de vista profesional diría que para mí la filosofía es docencia, porque lo que se busca en la filosofía es generar en el otro un movimiento. Y todo docente, dé la materia que dé, en el fondo genera una vínculo filosófico. Aún dando historia o matemática, tiene que generar algo en el alumno donde el chico sale de su lugar natural para recibir esto.

"Abogo por una filosofía de la deconstrucción, de trabajar ese punto que es el descentrar, que es el concepto más importante en términos educativos. Esto me parece clave, sea en la materia que sea" / @sztajnszrajber

"Abogo por una filosofía de la deconstrucción, de trabajar ese punto que es el descentrar, que es el concepto más importante en términos educativos. Esto me parece clave, sea en la materia que sea" / @sztajnszrajber

—¿En qué etapa de tu vida te tocó dar clases en el secundario?

—Desde los 25 hasta los 42 años. Y es lo que más extraño porque yo la pasé muy bien. La experiencia docente en el secundario diría que es uno de los momentos más felices de mi vida. Estoy muy contento con lo que hago en los medios, sigo dando clases en la universidad y en el posgrado, pero la secundaria la tuve que dejar porque no me daba el tiempo y es algo que extraño mucho, porque es un vínculo distinto al de la universidad. Agarraba a los chicos a los 15 y los soltaba a los 18 años, trabajaba con ellos la elección vocacional. Fue un trabajo muy fuerte.

—Y las preguntas de los chicos...

— Es que es una edad donde ya los chicos empiezan a encontrar en sí mismos las preguntas pero no encuentran canales para que esas preguntas sean expuestas, circulen y se reinventen. Y no hay mejor lugar para eso que una clase de filosofía.

—¿Recordás anécdotas o experiencias de esa época que te hayan marcado?

—Anécdotas hay muchas. Me ha pasado estar dando un tema y ver a una alumna llorar y decirme a mí mismo: «No estoy diciendo nada para que llore». Pero después charlando con ella ver que algo de lo que estábamos planteando metafóricamente en términos filosóficos movilizó una búsqueda. O me ha pasado seguir los temas discutidos con los pibes por fuera de los horarios de clases. Algo impensado que chicos del secundario, terminada la clase, me pidieran quedarse después de hora para seguir debatiendo cosas que estuvimos hablando. Eso es muy fuerte. Y por ahí recuerdo que en un curso al toque encontrás cuáles son los que más se enganchan con la temática y a cuáles les cuesta más o no les interesa. Y el objetivo casi siempre es ir por el más indiferente. Empezaba el año y las primeras clases eran identificar quién era el más distante y decir: «Voy por él» (risas). Para un día llegar y que el tipo muestre sus debilidades, que es como la naturaleza de todo proceso educativo, salirnos de uno mismo. Para mí la docencia es ayudar a que uno reconozca sus propios límites y salga de ese lugar desde el que lamentablemente a los chicos desde muy chicos nos colocan, que es hacernos el centro del Universo. La construcción del yo en el niño llegado a la adolescencia es terrible.

—¿Por qué?

—Porque uno realmente cree que el mundo está hecho para uno y de repente en dos años, que es el pasaje de la infancia a la adolescencia, te tenés que dar cuenta de que no tenés nada de años y que en realidad todo era una gran fantasía, que el mundo es terrible y que tenés que empezar a construir por vos mismo tu propia autonomía. Por eso yo abogo por una filosofía de la deconstrucción, de trabajar ese punto que es el descentrar, que es el concepto más importante en términos educativos. El descentramiento. Nadie es el centro ni por ser macho, blanco, rico, heterosexual, argentino o peronista. Esto me parece clave, sea en la materia que sea.

—¿Y sea la edad que sea?

—Mucho se ha trabajado en filosofía para niños, di clases en primaria pero no es mi especialidad. Pero creo que la niñez es una etapa muy compleja, profundamente impactante en las formas en que después se instituyen nuestros valores. Creo que hay determinados tipos de discontinuidades en la niñez de las que tendríamos que aprender más. Por ejemplo esa posibilidad que tiene el chico de padecer un gran dolor y a los cinco segundos estar en otra cosa. Yo eso lo envidio, ojalá pudiera salir de una misma angustia tan rápidamente y después volver a entrar. La capacidad que tiene de poner en cuestionamiento el uso y utilidad de los objetos: un chico agarra una cuchara y es una espada o una varita mágica. Y la inocencia, no en el mal sentido, sino la de esa relación de asombro primario de las cosas al niño se la envidio también. Para él todo está bueno, todo es aprovechable. Esa capacidad que tienen los nenes también me encanta.

"Envidio de los chicos la capacidad de padecer un dolor y a los cinco segundos estar en otra cosa. Y la inocencia de esa relación de asombro primario de las cosas donde todo el bueno y aprovechable" / @sztajnszrajber

"Envidio de los chicos la capacidad de padecer un dolor y a los cinco segundos estar en otra cosa. Y la inocencia de esa relación de asombro primario de las cosas donde todo el bueno y aprovechable" / @sztajnszrajber

Un bilardista en el aula

Sztajnszrajber Bilardo
Darío Sztajnszrajber y Carlos Bilardo.
Darío Sztajnszrajber y Carlos Bilardo.

Amante del fútbol y apasionado hincha de Estudiantes de La Plata, como buen "pincha" se define como bilardista, a la que, entre risas, define como "una nueva religión".

Se entusiasma a la hora de hablar de lo que pasa en una cancha, del club de sus amores y de la filosofía de juego del técnico campeón del mundo con la selección argentina en México 1986. Confiesa que el Tata Martino es "el más bilardista de los bielsistas", y que por eso tiene buenas expectativas de este proceso que inició el rosarino al frente del combinado albiceleste.

Pero está pasión en algún momento se transformó en un recurso para dar sus clases de filosofía en la escuela secundaria. El método era más o menos así: como las clases eran de unos 80 minutos —dos horas cátedra—, los primeros quince hablaba de temas vinculados al amor y el noviazgo. Ahí se enganchaban las chicas. Después destinaba otro par de minutos para charlar sobre fútbol, y captaba la atención de los varones.

Terminado esa breve entrada en calor les decía: "Bueno, ahora empezamos la clase". Y los pibes respondían con entusiasmo a la invitación del docente y se disponían de buena manera a la escuchar la clase.

"Una vez —recuerda con una sonrisa en el rostro— me agarra la directora y me dice: «Mire, si sigue con eso le vamos a pagar sólo los 50 minutos que da clases». Pero ella no entendía con ese curso, si no destinaba esos minutos del principio a hablar de lo que querían los chicos, después no me iban a prestar atención para enseñarles filosofía". Táctica y estrategia aplicada en el salón de clases por un bilardista en el aula.

Una propuesta de TV pensada para los jóvenes

Mentira la verdad
"Mentira la verdad" se emite los miércoles a la noche por Encuentro.

"Mentira la verdad. Filosofía a martillazos" es una propuesta de Canal Encuentro, la señal del Ministerio de Educación de la Nación. Se emite los miércoles a las 23 con repeticiones los jueves a las 17 y los viernes a las 11.

"Es una especie de experimentación con temas que habitualmente no se laburan ni en la tele ni en la educación. Creo que de algún modo lo que «Mentira la verdad» trajo como programa fue la posibilidad de pensar por un lado una televisión, y por otro lado una forma educativa que se reinvente a sí misma", señala Sztajnszrajber.

Considera que hacer trece capítulos "repitiendo la fórmula de las temporadas anteriores, pero con temas distintos no encajaba en lo que es un poco el espíritu de Mulata Films —la productora—, que es la renovación". Los temas que aborda la nueva temporada son la angustia, lo religioso, el otro, la naturaleza, el arte, el amor y lo femenino, entre otros. En el sitio de Canal Encuentro (www.encuentro.gov.ar) se pueden ver los capítulos ya emitidos.

En esta tercera temporada, el conductor Darío Sztajnszrajber es también un personaje en sí mismo. Un filósofo que cuenta sus dudas, conflictos y contradicciones de ser una estrella del espectáculo que se "vendió" a una multinacional de los medios que le propone hacer el exitoso programa "Philosophy Now!". Un producto de consumo masivo con un formato de programa de entretenimientos.

—¿Ese planteo lo tomás más como un juego o como una ironía?

—Fundamentalmente no es un juego, es una de las contradicciones más interesantes que tienen muchas de nuestras manifestaciones culturales, sobre todo a partir de lo que fue el vanguardismo en el siglo XX. Cuando uno se coloca en el lugar del cuestionamiento y del pensamiento crítico tiene que vérselas con sus propias limitaciones. Nosotros creemos que se puede hacer televisión y filosofía de otra manera. ¿Pero qué sucede si esa otra manera que viene de algún modo de la contracultura termina triunfando? ¿Qué sucede entonces con esa propuesta? ¿Gana o pierde? ¿Cómo se trabaja esa tensión? Creemos que hay un auge de la filosofía en nuestra sociedad, un poco por los programas de televisión de (José Pablo) Feinmann y el mío. La divulgación ha ayudado a que saberes tradicionales que no tenían que ver con los medios estén presentes. Pero la pregunta de cuál es el limite es toda una pregunta. Qué pasa si mañana estos productos pasan a ser, como plantea la tercera temporada, condicionados por una multinacional de los medios que lo que busca es vaciarla en algún punto de su contenido crítico, comprando un formato que igual funciona. Me parece que hay que hacerse cargo de estas contradicciones. Pero sobre todo es un intento también de ensuciarla a la filosofía, porque es una actividad humana. No me cabe pensarla como una nueva religión. Como un nuevo tipo de fórmula de salvataje. No somos mejores porque hacemos filosofía, que también tiene sus propias miserias y problemas. La historia de la filosofía está llena de filósofos de las corrientes mas heterogéneas.

—¿Sabés cuál es el rebote que hay en la academia de tu laburo?

—Tengo un rebote no lineal a través de gente amiga, pero en general hay muy buena recepción. La tensión está, es real. Pero creo que en los últimos años está mas laxa. El Conicet incluye entre sus puntos de evaluación que todo programa tenga que tener algún tipo de formato de divulgación. Canal Encuentro es una propuesta del Ministerio de Educación para divulgar la ciencia y los saberes, Tecnópolis es toda una propuesta que busca lo mismo. Me parece que hay un tiempo histórico con políticas culturales y educativas que buscan ese tipo de propósitos. Creo que "Mentira la verdad" no hubiese sido lo que es si no tenía el marco de Canal Encuentro. Cuando Felipe Pigna hizo con Mario Pergolini "Algo habrán hecho" eran otros tiempos. Fue muy cuestionado y es un producto que me gusta mucho, pero tuvo que vérselas con el hecho de ser pionero. A lo mejor no era el tiempo histórico y hoy detrás de todos estos programas de divulgación hay una política de socialización del saber y de transformación de los medios.

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