“La escuela tiene un sentido mucho más importante del que creíamos”. La afirmación corresponde al docente Nelson Abaca, quien reflexiona sobre la adaptación que tuvo que hacer el sistema y la comunidad educativa en general ante el aislamiento obligatorio para darle continuidad a la tarea de educar
Nelson Abaca es maestro, director de una escuela secundaria de Funes y profesor del ciclo del profesorado de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR. En diálogo con La Capital, y desde su experiencia docente, reflexiona sobre qué hacer con los niños, niñas y adolescentes en tiempo de pandemia, sobre el impacto que tuvo el aislamiento en toda la comunidad educativa, y explica entre otras cosas que la ausencia del espacio escolar ha resignificado su valor como territorio de encuentro y aprendizaje con el otro.
—Algunos especialistas plantean que la situación de cuarentena tiene un enfoque adultocéntrico ¿Qué opinión tiene al respecto?
—Que es así. Creo que hay que tomar en consideración las recomendaciones que en este momento está dando la OMS (Organización Mundial de la Salud) respecto de las infancias. Lo que está planteando el organismo es que los niños no pueden manifestar lo que les está pasando al igual que los adultos. Muchas veces no pueden poner en palabras el estrés que sienten, lo manifiestan en la conducta, por eso muchos niños y niñas están irritados y molestos. Ante este escenario, la OMS está recomendando una actitud más comprensiva y más amorosa por parte de los adultos, propiciar la escucha, organizar momentos de juego y el mantenimiento de algunas rutinas que son importantes de sostener. Comparto que la mirada está puesta en el adulto, esa mirada creo que tiene que ver con cómo está afectando esto al sistema de producción, como está afectando al factor económico y en que no se produzca un deterioro en tal sentido. Además, me resulta preocupante lo prescriptivo, las recetas mágicas, esas autoayudas que están rondando por todos lados y que se han metido también en la educación. Me preocupa que me digan lo que tengo que hacer, “tu niño tiene que levantarse y acostarse a tal hora, hacer cierta rutina, aprovechar este momento para aprender inglés, guaraní, a tocar el charango, que haga pintura al óleo”. Si no lo hacía antes, ¿por qué tendría ganas de hacerlo ahora? Los niños no pueden salir a jugar, no pueden ver a sus amigos, entonces parece que la infancia está teniendo un doble castigo. Además es muy alta la tensión que se produce cuando es un familiar quien asume la tarea de educar, son situaciones en las que a veces se producen violencias, ese es el motivo por el cual hay un distanciamiento en la educación. Aquí abordamos ese dicho erróneo de que la maestra es la segunda madre. No, la maestra es la maestra, cumple una función didáctica más allá de lo afectos. La madre está en su casa para otras contenciones y otros procesos.
"La OMS plantea que los niños no pueden manifestar lo que les está pasando igual que los adultos, poner en palabras el estrés que sienten" —La virtualización obligatoria de la escuela hace que los niños para continuar con sus actividades escolares necesiten mucho más del acompañamiento de las familias ¿Esta situación puede generar desigualdades en las posibilidades de las infancias?
—Sí, claro. Ya hay una asimetría social relevante, primero desde el punto de vista de los capitales culturales con lo que cuentan las familias para resolver esas actividades escolares que los docentes están demandando. Segundo, con los recursos tecnológicos con los que cuentan esas familias. Esto es, computadora, celular, conectividad, disponibilidad de un lugar para que ese niño pueda hacer su trabajo. Y tercero, a esa complejidad hay que sumarle que también los docentes de esos niños se encuentran en una asimetría social muy grande. Hay que ver cuántos de ellos están preparados hoy para un trabajo virtual. En estos momentos se pone en tensión en el marco familiar el dilema de cómo enseñar. Se les manda a los niños actividades para resolver y las familias que están a cargo de esos niños no están preparadas didácticamente para organizar una secuencia, para explicar, para entender la psicología del niño en cuanto a su adaptación, los tiempos y los recreos. También este fenómeno pone de relieve distintas maneras de pensar ideológicamente la educación a distancia. Vos podés educar con estas herramientas en forma conductista, decirle hacé esto o lo otro esperando ciertos resultados, pero también podés pensar desde la construcción del conocimiento y dar lugar a que el estudiante vaya construyendo el aprendizaje. Lo que hay que ver es cuántos adultos pueden estar acompañando esta situación. A esto hay que sumarle el contexto de angustia que tanto chicos y grandes sienten por el aislamiento. No estamos en una situación ideal para que una persona tenga todo el tiempo la tranquilidad para enseñarle a su niño, niña o adolescente.
—¿El uso de nuevos recursos didácticos podría dar lugar hacia modelos pedagógicos más innovadores y menos tradicionales?
—Hay que ver la formación que se tiene para la utilización de esos recursos, qué capacitación tienen los docentes. Qué enseño, cómo lo enseño, qué contenidos doy. Y si son nuevos sobre qué base el niño va a aprender. Las medidas que han adoptado la mayoría de las escuelas es no dar contenidos nuevos sino de repaso, que ya se dieron ¿Y con qué secuencia didáctica? Frente a todo este panorama creo que lo que está dando mejores resultados es la literatura, la lectura de cuentos y los trabajos sobre esas lecturas.
"Es muy alta la tensión que se produce cuando es un familiar quien asume la tarea de educar y a veces se producen violencias" —¿Sería importante incorporar en la formación docente la utilización de nuevas tecnologías?
—En la formación docente están las nuevas tecnologías, lo que sucede es que no se le da la importancia que se le tendría que dar. Tomando datos reales, el Ministerio de Educación de la Nación brinda dos horas diarias de formación televisiva y la experiencia que se llevó adelante con Pakapaka fue muy significativa. Ahora yo me pregunto, ¿esto es la escuela? No, no lo es, esto es sólo una parte del proceso. La escuela es otra cosa, es la socialización en primer lugar. Si hoy le preguntás a cualquier persona qué es lo que más le angustia, la respuesta es el aislamiento social, el no verse con el otro. Bueno, imaginate lo angustiante que es eso para un niño. La escuela viene a ocupar un espacio de socialización, el estar entre pares, compartir el lenguaje, los mismos códigos, las mismas expectativas, las mismas vivencias. La escuela te muestra que los niños no aprenden solamente de los adultos sino que también aprenden de los pares. Eso es muy difícil de solucionarlo con la tecnología.
—La ausencia del contacto personal entre docente y alumno diluye la emocionalidad presente en el aula ¿Esto es un problema para el aprendizaje de los chicos?
—Sí, totalmente, lo afectivo es fundamental, por eso hago hincapié en el tema de la socialización, de los afectos, de las demostraciones de cariño, de los abrazos. Y no nos olvidemos de algo que es muy importante, que es el juego, la construcción simbólica. La construcción del lenguaje en el niño se desarrolla mucho en el juego con el otro, en el recreo. La escuela enseña pero también se enseñan los niños entre sí. En una tesis que trabajé, la idea del el convidio y el tecnovidio. El convidio es el encuentro con los otros, la convivencia en el aula, mientras que el tecnovidio es convivir en las tecnologías. Hoy estamos en este último paradigma porque estamos mediados por lo tecnológico y eso produce sus efectos que muchas veces no son los deseados. Pero esta es una emergencia donde hay más preguntas que respuestas. Como director de escuela trabajé con los docentes un decálogo de acciones para llevar adelante estas prácticas online con los estudiantes. Una de las primeras cosas que nos planteamos en la construcción del decálogo es no dar demasiadas tareas diarias, lo segundo fundamental es el tiempo en que se comunican esas tareas, para evitar que se produzca el paradigma Google donde el docente está pendiente las 24 horas si le mandan un email. Parece que el capitalismo sabe moverse ante estas crisis. Y un tercer punto que acordamos es que no se den contenidos nuevos. Hacer más hincapié en la literatura, en el cine, que el estudiante intente construir cierto conocimiento y evitar los enlatados de manuales.
"Hay que evitar que se produzca el paradigma Google, donde el docente está pendiente las 24 horas si le mandan un email" —¿Cómo cree que va a impactar esta situación de aislamiento indefinido en el sistema educativo?
—Creo que con esta situación hay una revalorización del espacio escolar, se revalorizó la institución educativa como nunca. Otra cosa que deja esta experiencia es la pregunta sobre qué hacemos con nuestras infancias, quién se ocupa de ellos. Queda bien claro en este momento que era la escuela la que se ocupaba, que eran los docentes quienes diariamente estaban con ellos y resolvían cuestiones que las familias muchas veces no podían. Creo que se está poniendo de relieve que la escuela tiene un sentido mucho más importante del que creíamos y que tiene que ver con estos aspectos fundamentales de la socialización, el estar con el otro, por eso pareciera que el aprendizaje y lo que se enseña queda en un segundo plano en este momento. También es importante pensar qué estamos haciendo con las infancias que presentan algún grado de discapacidad ¿Qué está sucediendo ahora con esos niños que necesitan una inclusión educativa? ¿Cómo están aprendiendo? ¿Quien está resolviendo esa situación?
—¿Qué consejos daría a los docentes para afrontar el trabajo diario en el marco del aislamiento?
—Creo deberían basarse mucho en los recursos educativos que pone a disposición el Ministerio de Educación de la Nación, la página de educ.ar tiene propuestas muy interesantes. Hay una resolución (la 2.641/17) que si bien está dirigida a educación a distancia a nivel superior plantea algunas coordenadas interesantes para tener en cuenta. En el sitio de educ.ar también hay algunas consideraciones sobre cómo llevar adelante este proceso en el cual están enfocados los docentes y las escuelas. Además creo que el docente tiene que tratar de preguntarse tres cuestiones fundamentales: en primero lugar, cómo nos comunicamos en este momento de pandemia con nuestros alumnos, la mejor manera de comunicación, cómo promovemos trabajos y de qué manera voy a incentivar a los chicos para que produzcan esos trabajos. En segundo término, qué tipo de trabajos voy a pedir y desde qué lugar. Esto tiene que ver con el lugar desde el que cada docente piensa la educación, si voy a dar directrices lineales o si voy a intentar que haya alguna construcción de conocimiento, si doy lugar a un análisis crítico y a la interpretación o no. Y por último, cómo hago para que mis alumnos estén mejor, cómo hago para que ese niño, niña o adolescente la esté pasando lo mejor posible en esta situación. También aconsejo que traten de olvidarse un poco de lo curricular, de ese plan que tienen que llevar adelante. Hay que tener una cierta calma en estos momentos desde el punto de vista educativo, bajar un poco las exigencias académicas curriculares, no correr tanto detrás del contenido y tratar de poner más énfasis en lo lúdico. Por último, es importante establecer un tiempo determinado de trabajo para los docentes, si trabajas en forma on line con los alumnos establecer claramente los horarios. Estructurarse, algo que el adulto puede hacer mejor.