Marta tiene 61 años y es la madre biológica de Gustavo Germain. Sin embargo, crió a Javier Delmasso junto a su marido Roberto, de 74. Cuando La Capital le solicita una entrevista personal la mujer vía telefónica se niega. Dice que ya está cansada de tanto dolor. Sin embargo, pareciera como que ese mismo sufrimiento la moviliza a decir algunas cosas.
“Esto es muy fuerte, hay mucha prensa, estoy muy cansada”, dice la mujer que no se acostumbra a verse reflejada en los medios, a quienes rescata por haberla tratado con mucho respeto. “Para nosotros fue una sorpresa muy dolorosa, imagínese criar a un hijo que no es suyo con todo el amor y el cariño. El (Javier), está muy mal, pero está saliendo de a poquito y me dijo que dentro de poco va a hablar. Es mi hijo del corazón y nunca voy a dejar de amarlo, al de sangre (por Gustavo) lo empecé a tratar hace poco. Es como si tuviera un hijo de dos años. Solemos vernos, pero es muy fuerte todavía. Yo tengo otras dos hijas, Andrea, la mayor, y María, la más chica”, cuenta con cierta congoja la mujer. Sin querer se extiende algunos párrafos más en su conversación: “Queremos que todo este asunto se aclare para que no le vuelva a ocurrir nunca más a nadie” dijo Marta con voz quebrada. Y hasta parece lamentarse de no haberse dado cuenta del cambio de chicos que una enfermera negligente realizó 37 años atrás: “Yo a mi hijo de la panza no lo vi salir. Nunca dudé”.
La historia de Martina y Jorge es distinta. Los padres de crianza de Gustavo reciben a este medio con sonrisas. No parecen ser parte de una historia tan irreal por momentos. La señora es ama de casa y vende productos por catálogo. El hombre, pintón y canoso, tiene en brazos a Nazareno, el pequeño niño de Gustavo.
“Es raro, pero a veces siento que tengo dos hijos y cinco nietos”, sonríe Jorge mientras se acomodad para la foto. Minutos después cuenta que “uno parece entero, pero por dentro estamos hecho pedazos. Hay días que ni podemos hablar. Qué le vamos a hacer”, abunda Jorge.
Martina dice que, a pesar de ser muy creyente, lo que le pasó “no lo puedo explicar con palabras. Es un sufrimiento grande, siento dolor porque esto no tendría que haber pasado. No queremos que el juicio que se está haciendo por interés económico o algo por el estilo. Es para que no le pase a nadie más. Queremos gente responsable en una institución de salud”.
“No estamos en contra de las enfermeras, ni de los médicos ni queremos ensuciar a la institución. Pero queremos que el sanatorio reconozca que hubo una falla, y también demostrarle a nuestros hijos que nosotros no tuvimos la culpa”, resume Jorge.
La despedida, lejos de lo pensado, es con una chanza sobre fútbol. Jorge dice que Gustavo —hincha de Boca— escucha los partidos lejos de él, que hincha de River. “Estamos en otra división, pero, ¿a cuánta gente le damos de comer?”, comenta y ríe sin parecer que la antigua nueva historia sigue demoliendo por dentro.






























