El Litio se convirtió en un elemento indispensable tanto para la conservación energética que requieren los productos cotidianos como los celulares y las computadoras, como para el desarrollo de las innovaciones ligadas a la descarbonización de la economía. Según el Departamento de Geología de los Estados Unidos, Argentina, Bolivia y Chile acaparan entre el 53% y el 60% de los yacimientos del mineral estrella.
De esta forma, el necesario tránsito de una economía centrada en la generación de carbono a una donde la sustentabilidad sea el eje de una matriz productiva descarbonizada requiere de una alta disponibilidad de este “oro blanco” y también de un acuerdo entre las potencias globales y los países propietarios del material.
El litio cuenta con una demanda en pleno crecimiento, tanto así que en el último año el precio de la tonelada del mineral pasó de los 17 mil a los 70 mil dólares. Uno de los principales drivers de la demanda metalífera es la intensiva conversión de la movilidad - se espera que la comercialización de autos eléctricos se multiplique en los próximos años- y también el desarrollo masivo de medios alternativos para la generación de energía.
Las principales emisoras de gases de efecto invernadero (GEI), las potencias económicas del Norte global, presionan a las naciones subdesarrolladas del Sur global a que aceleren la extracción de este recurso para que se puedan cumplir los compromisos climáticos. En cada Cumbre del Clima, no exenta de discusiones y retrocesos, los países centrales se comprometen a reducir el nivel de impacto ambiental que su desarrollo económico asume pero ello es impracticable, por ahora, sin un aumento de la extracción de litio.
En suma, la carrera por asegurar el suministro metalífero del insumo del futuro pone a los yacimientos de sudamérica en el centro de la disputa de los tres principales emisores de GEI, Estados Unidos, la Unión Europea y China. La apetencia de aquellas potencias busca reducir a Argentina, Bolivia y Chile a cumplir su rol histórico, el de exportadores de materias primas pero los países que conforman el denominado “triángulo del litio” tienen sus propios planes.
¿Cuáles son los planes?
Argentina fue en 2022 el cuarto exportador mundial de carbonato de litio, el material en su fase más primaria, enviando al exterior 6.200 toneladas. Pese a que la actividad nacional se circunscribe a esta sola etapa el país busca dar un paso más allá en esta industria y subir algunos pases en la cadena de valor del metal.
La base industrial Argentina permite que esta posición no suene para nada ilógica. De los tres países productores es el de mayor capacidad industrial y donde la investigación se encuentra más adelantada. El país que más satélites creó en la región posee una empresa como YPF que busca aprovechar los recursos del subsuelo para proyectarse como un actor de peso en la nueva industria metalífera.
En ese sentido Hernán Letcher, vicepresidente de YPF Litio comenta que en el país “se ha avanzado en un proyecto de ley de cuota de industrialización del carbonato de litio a material activo, es decir, al primer proceso propiamente industrial de la cadena”.
Y agrega: “Argentina ya superó la instancia de laboratorio y cuenta con establecimientos industriales que permiten no sólo elaborar material activo, sino también celdas y baterías”.
El presidente del directorio de YPF Litio, Roberto Salvarezza aseguró que “la Mesa del Litio está trabajando para que un cupo del producto, extraído por empresas extranjeras, esté industrializado en la Argentina”, y sostuvo que “la realidad en Latinoamérica es que todos los países que tienen litio buscan industrializarlo”.
Por su parte el Chile, desde Augusto Pinochet, tiene nacionalizados sus recursos litíferos lo que le permite percibir un mayor monto de regalías por la explotación del recurso. La instauración de regalías móviles habilita al país trasandino a aumentar su recaudación en función del precio internacional del mineral y que va del 6,8% al 40%.
Sobre ello, Gabriel Boric lanzó este año una estrategia nacional del litio enfocada en una participación activa del gobierno vecino en la cadena productiva de las explotaciones, empujando a las companías a asumir un rol que no se limite a la mera exportación sino que pueda incluir más ramas industriales y de la cual el estado participe en un 50%. Aún así, su aplicación debe pasar por el congreso y de recibir el “Si” legislativo tendrá que esperar hasta que venzan los contratos de licitación actuales, cuestión que sucederá a partir de 2030.
De acuerdo a los datos del Departamento de Geología de Estados Unidos , Bolivia tiene el 21% de las reservas de litio mundial y en el salar de Uyuni contiene alrededor de 21 millones de toneladas de litio, superiores a las de Argentina (19 millones), Chile (9,8 millones), Australia (7,3 millones). A pesar de ello, Bolivia no logró tener una participación activa en las exportaciones, algo que está a punto de cambiar.
El gobierno de Luis Arce, en Bolivia, se comprometió a flexibilizar las leyes que dan el control total del recurso al Estado con la finalidad de tornar más atractiva la explotación para grandes inversiones, tras el anuncio comenzó la participación privada extranjera con cuatro empresas chinas, una rusa y una estadounidense que han sido seleccionadas para usar la tecnología de la Extracción Directa del Litio (EDL) en el salar. De continuar esta senda extractiva, Bolivia podría ingresar en el ranking que categoriza a los principales productos mundiales de este, ahora, indispensable insumo.
El sur global cuenta con capacidad productiva, reservas metalíferas e ímpetu de desarrollo. Lograr una gobernanza correcta de estos recursos estratégicos, para motorizar el empleo y elevar el nivel de vida general de las poblaciones se convierte en una acción fundamental y transversal a los tres estados.
La pregunta siempre latente en este nuevo tiempo histórico es ¿se podrá lograr una alianza para definir patrones de explotación y elaboración conjunta del mineral entre los tres estados ? o se permanecerá en una senda de competencia entre vecinos por ver quién gana la carrera por atraer inversiones.