Economía

Idas y vueltas de la moneda

Cuando intercambiamos algo, lo hacemos porque consideramos menos valioso lo que damos en relación a lo que buscamos.

Domingo 24 de Junio de 2018

El concepto monetario fue creado durante la dinastía Tang en el siglo VII. Fueron los chinos quienes originalmente desarrollaron este concepto, la moneda es el lubricante vital para la economía. Posteriormente, el veneciano y mercader Marco Polo (1254-1324) durante el siglo XVII expandió el concepto al resto de Europa.

Los chinos crearon el billete hace más de 4.000 años. Los registros dan cuenta que se utilizaban caracoles de Cowrie como las primeras piezas que lubricaban el intercambio comercial que se postulaban como promesas de pago y materializaban con estos símbolos. El emperador Qin Shi Huang (260-210 a.c.) fue a lo seguro, dejo los caracoles de lado e introdujo los metales preciosos. Con el paso del tiempo el oro y la plata fueron ganando lugar para desembocar en el Patrón Oro SXIX.

Este patrón oro fijaba el valor de la moneda en relación a una cantidad de oro determinada, se garantizaba así la circulación con un respaldo. Este patrón terminó en la Primera Guerra Mundial porque los gobiernos precisaban financiar las guerras e imprimir dinero (+inflación) fue el denominador común.

Luego vino el Bretton Woods, un acuerdo que tomaba al dólar como divisa de referencia siempre que el banco central (Reserva de EEUU) mantenga el patrón oro. En 1971 se desactiva el sistema definitivamente y la confianza de los poseedores es lo que sostiene el valor.

Las Dinastías chinas hasta Marco Polo, usaron el papel moneda y se maravillaron de las innumerables ventajas que significaba tener la maquinita a disposición. Concretamente, el emperador podía imprimir todo el dinero que necesitaba para satisfacer sus necesidades y sin costo alguno para él, pero si para los tenedores quienes veían perder el valor de su moneda. ¿Habrá sido el origen de la inflación? ¿Habrá sido nuestro modelo de inspiración?

Los tiempos cambiaron pero los vicios no. Es habitual creer que necesariamente el banco central de un país tiene la potestad y monopolio de imprimir los billetes. Durante muchos siglos no fue así y los bancos comerciales de cada país imprimían sus propios billetes, salvo Inglaterra que en 1844 tuvo en su banca el monopolio de la impresión.

En una sociedad de hombres aislados la moneda o el dinero no eran necesarios puesto que el trueque formaba parte del mecanismo de intercambio para satisfacer necesidades.

Cuando la civilización fue ganando lugar, el hombre descubrió que si cada uno se especializa en aquello en lo que tiene ventajas, genera una producción mayor de lo que necesitaba para satisfacer sus propias necesidades y logra un excedente que le permite cambiar por aquello que no puede producir con ventajas relativas. Producir excedentes implicó la necesidad de crear una liquidez y generar los intercambios. Es decir que el intercambio es anterior a la moneda.

Cuando intercambiamos algo, lo hacemos porque consideramos menos valioso lo que damos en relación a lo que buscamos y mejorar con eso la situación actual. Intervienen: bienes económicos, rentas, salario y tiempo, que se mide en términos de interés. En el óptimo de Pareto los participantes mejoran su situación en relación a la previa y ninguno de ellos ve su situación en una posición peor. Salvo por imposición, el intercambio mejora la situación a todos.

Así como nació el dinero también lo hizo el crédito que se asimila a la moneda dado que es un intercambio entre personas y tiempo. De allí la importancia en la certidumbre sobre las relaciones entre precios y el valor de la moneda en el mediano y largo plazo.

La moneda como mínimo debe satisfacer la condición de unidad de cuenta, o sea un bien económico de rápido cambio que facilite el cálculo de los precios y la realización de la actividad económica. Digo cálculo económico dado que los precios de bienes y servicios se miden en unidades monetarias.

Otra función vital de la moneda es que conserve y deposite el valor en el tiempo. La falta de fe y confianza en este concepto nos obliga buscar refugio en una que si lo ofrezca.

Cuando se estudian las variaciones en el nivel general de los precios, se analizan los movimientos estadísticos de los precios de la moneda y no del nivel general de los bienes ni los precios absolutos en sí mismo.

No es viable que exista democracia política sin libertad económica y la libertad económica depende de las decisiones políticas. La única alternativa a la convivencia de las dos democracias política y económica es la educación de nuestros pueblos para que impongan Estados que garanticen ambas.

Bienvenido Argentina la economía de frontera. Salirse cuesta un segundo volver una década. Dejemos de perder el tiempo en luchas egoístas y empujemos juntos con un objetivo en común hacer a la patria grande otra vez.

Se va el primer semestre y en 45 días perdimos más del 40% de valor en nuestra moneda. El peso no solo perdió contra el dólar, el peso perdió contra la góndola, con nuestras obligaciones, y también contra nuestras construcciones de futuro mediato. Con cada movimiento del peso se licua el poder adquisitivo y aquello que tanto te cuesta alcanzar en horas se te vuelve a alejar.

Nuestros dirigentes deben cuidar la moneda con la obligación de entender que en su valor intrínsecamente de fe se integra la responsabilidad con la que sabemos o no administrar los fondos públicos y el destino de una nación. Apelo a la madurez de una dirigencia que prometió un cambio copernicano. Elijo seguir teniendo fe.

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