Se atribuye a Albert Einstein, premio Nobel de Física, la siguiente reflexión: "Hay dos cosas infinitas: una es el universo y otra la estupidez humana, y de lo primero no estoy muy seguro". Este admirable pensamiento viene a cuento para ser aplicado, según mi parecer, a algo que nos tiene a mal traer a los rosarinos desde hace tiempo: el humo en la ciudad. En efecto, casi a diario debemos padecer una desagradable y perniciosa humareda proveniente de la quema de pastizales en Entre Ríos e islas aledañas. Esta gran contaminación ambiental —jamás vista— se suma a la habitual que producen los automotores en la ciudad, causándonos serios daños a la salud y, obviamente, ni hablar de la enorme destrucción al medio ambiente donde se producen las quemazones. Pero la persistencia de esta situación desde hace meses nos lleva a preguntar: ¿qué hace la señora Picolotti, secretaria de Medio Ambiente, más allá de darse una vuelta en avión para observar las llamas? ¿Qué hacen los gobiernos de Entre Ríos y Santa Fe ante tanto deterioro ambiental? ¿Carecemos de aviones hidrantes y demás recursos técnicos y humanos para apagar incendios? ¿Qué medidas efectivas se han tomado? A juzgar por los resultados, ninguna. Y los responsables directos de tanto daño, ¿quiénes son? El sistema ecológico destruido por el fuego deja gravísimas y conocidas consecuencias en tierra, flora y fauna sin que nada, absolutamente nada, justifique tanta irracionalidad. Miles de hectáreas arrasadas es algo inadmisible, vergonzoso y muy lamentable. ¿Será que habrá que esperar la lluvia salvadora? Pudiendo convertir nuestro mundo en un paraíso parece que nos empeñamos, vía estupidez y codicia, en hacer de él una tierra yerma para perjuicio de todos.



























