Escribo para solidarizarme con María Laura Lavizzini y para hacer reflexionar un poco a los empleadores rosarinos. Yo también tengo 30 años y un hijo. Cuando estaba embarazada un hotel de 4 estrellas me cerró la puerta en la cara al hacerme los estudios prelaborales porque no querían "pagarle a una mujer que no trabaje (por la licencia por maternidad"). Pregunté en la Defensoría de mi zona si eso no era discriminación y me contestaron que no, que ellos tienen el derecho de contratar a quienes quieran. "Su error fue decirte que no te tomaban por eso", me aclararon.También una conocida parrilla de la Costanera me "discriminó". Cuando el dueño me preguntó si tenía hijos y le dije que tenía uno, me dijo: "Con hijos es doble riesgo, porque se enferma él y vos faltás". Y esto sigue: en un bar de una galería muy céntrica la dueña me dijo que no quería pagar más salarios familiares porque "la Ansés tarda mucho en devolvérmelo". A todos ellos quiero decirles que una madre trabajadora es mucho más responsable porque sabe que el alimento, la educación y la salud de los hijos depende del trabajo. Por necesitad, soportamos estoicamente humillaciones y maltratos.Dejamos llorando a nuestros hijos y nos vamos llorando a trabajar, y no les ponemos mala cara ni al cliente ni al patrón. Somos seres humanos con los mismos derechos y con el doble de obligaciones. Pónganse en nuestro lugar.


























