¿Por qué se te ocurrió escribir este libro?
Yo empiezo esto, esta observación, un día justamente en el conurbano nuestro de Morón. Yo estaba en el videoclub de un amigo, él estaba atendiendo y yo me hago a un costado, los clientes miraban las películas, era un barrio más bien modesto de Morón sur, y me pongo a observar a la gente que entraba, que en ese entonces se alquilaban películas, y veía que bajaban de un Fiat 147 medio caidito, un Duna que estaba para cambiar, con un perro, pero les veía una plenitud al matrimonio, el tipo con la patrona abrazaditos, buscando la peli para el sábado a la noche. Y me dije “ahí está la felicidad, ahí está, esta gente es feliz”. Posiblemente no le sobra nada, pero posiblemente tienen para proyectar. Y cuando te ponés a leer, a investigar, me pongo a trabajar en esto y veo que un psicólogo llamado Maslow escribió La Pirámide de Maslow, en donde los de abajo son los que tenían las necesidades básicas apenas satisfechas y arriba estaba el más rico. El tipo te asegura que la felicidad está más cerca de abajo, donde ubicaríamos a la gente con algún poder aspiracional, con un poquito de posibilidad de ahorro, para ubicarlo hoy, te diría un matrimonio que vive en el Gran Rosario, que laburan los dos, y están pensando en cambiar los cerámicos de la cocina el año que viene. Los expertos ubican el pico de la endorfina ahí, en lo aspiracional, en la gente que tiene una zanahoria que puede desear o que está viendo si se va a poder ir diez días a la costa o a Córdoba. O sea, yo lo ubiqué en el Conurbano, pero podría ser en un barrio medio de Rosario, en Caleta Olivia, no sé, pero no en Beverly Hills, no en Hollywood ni en Puerto Madero.
¿Al estar en el mundo del espectáculo y ver de cerca a tantos famosos con un camino ascendente hacia la fama y descendente hacia la felicidad te motivó también a hacer este libro?
Tal cual. Yo vengo de la gráfica y a muchos los entrevistaba desde hace años y los conocí cuando tenían un departamentito de un ambiente. Después uno los vio crecer y los viste mudarse al country, costosísimo. Y vos percibís que no hay un camino ahí de la felicidad, les va cambiando el tono de voz, el grupo social, se enganchan con la tilinguería de que de una bodega les hagan un vino con su apellido, una cosa hueca para mí, es para mostrarse. Es cuando necesitás comprarte esa 4 x 4 aunque todo el camino que hagas todos los días sean 20 cuadras. Ojo, para mí que cada uno se compre un tanque de guerra, a mí no me importa ni juzgo a nadie, esto es lo que dicen quienes han estudiado este tema.
Estás cumpliendo 15 años en “Bendita TV”, que es un canal más austero comparado con los tanques de El Trece y Telefe. Siguiendo la metáfora de ricos y pobres ¿vos elegiste estar en la vereda de enfrente de los más poderosos para ser más feliz y te quedás en Canal 9 por una declaración de principios?
Mirá, es la mejor metáfora esa, hace diez días tuve justamente la última propuesta de uno de los canales más importantes, será porque con la cosa modesta me arreglo. Así es el autito que tengo, el departamentito que tengo, la ropa que tengo y los lugares adonde iba cuando se podía, ahora no se puede ir a ningún lado. Pero armo grupos parecidos a mí, en “Bendita” somos un grupo muy parecido en cuanto a hábitos, a gustos, a perfil. Cuando vino alguien con un perfil diferente, ahora le dicen vibra, una energía diferente, no funcionó. Por ahí viene una chica que la están probando para el programa y viene con un maquillador, un asistente y un perrito, yo digo: no es del grupo. Y generalmente a la semana pasa algo y no quedó.
”La risa quedó para los menos pudientes que pueden amasar un sueño” decís en tu libro. En “Bendita” la risa atraviesa el programa, llega a la hora de la cena y la impronta del ciclo está destinada a los sectores populares. ¿El objetivo es descomprimir la tensión de las noticias duras del día?
Capaz que conservo el payasito que tengo adentro desde los 7 y 8 años. Yo era un poquitín tímido a los 6 años pero el día que comprendí que mis chistes podían causar gracia en el resto me cambió la vida. Después ya me pasé de vivo en la adolescencia y en el colegio me decían: “Casella, ¿me puede decir de qué se ríe así nos reímos todos?” y empezaba a tener problemas de conducta. A partir de ahí la risa siempre estuvo atravesando mi vida. Yo me doy cuenta que en todos los productos que he hecho, mal o bien, te pueden gustar o no, pero ya sea en radio o en tele, siempre se mete el humor. Podés hacer una nota seria, pero al rato aparece el humor. Además es lo que más me agradece la gente, yo ando mucho a pata por la calle y me saco todas las fotos que haga falta, pero cada vez que me ven o me escriben algo en las redes, me dicen “Betito, te agradezco porque nos sacás una sonrisa por la noche o por la mañana en la radio”. Y lo más lindo que me han dicho fue “Betito, vos fuiste el último que hiciste reír a mi viejita, que ya no la tengo, pero me la recuerdo riéndose con vos viendo la tele”. Y eso es mágico, maravilloso, es terapéutico, no tiene precio. Yo prefiero mil veces eso a que me digan “sos un periodista prestigioso, creíble y me traés las primicias”. Qué primicias, yo si puedo hacer reír a alguien a las 9 y 10 de la noche, cartón lleno y soy feliz, ¿viste?
¿Cómo ves el lugar del humor en la tele actual? ¿Por qué no puede haber un programa de sketchs como antes?
Porque a los programas de sketchs y de humor los tenés que esperar. Vos antes ponías “Matrimonios y algo más” y esperabas un año porque el rating venía una vez por semana o al año siguiente. El minuto a minuto atontó a la tele, la dejó grogui y la tiene grogui. Entonces uno se permite probar, hay programas que duran una semana, es un desastre, es pornográfico, mi teoría es que es por eso. Porque recién hablábamos de que la gente te pide “haceme reír” y no hay programas de humor hecho y derecho, con sketchs y todo, que hoy funcionarían si fuese por ese pedido de la gente, pero vos tenés que darle tiempo para esta familiaridad. Como la que se da con los materiales de archivo que tenemos en programa, con Brandoni y las empanadas, con Batman, con Capusotto, con todo eso. Sofovich, que algo sabía de esto, tenía ya lugares comunes que sabías que se iban a repetir en un momento del sketch y funcionaban. Como cuando llegaba Luisa Albinoni en “La peluquería de Don Mateo” y decía “hola mami” o la Tana Noemí Alan te decía “en la próxima tandita te muestro la tanguita”. Eso ya lo hacía Sapag en “Las mil y una de Sapag”, sus personajes siempre remataban con la misma muletilla y funcionaba. Si vos no le das tiempo, no pasa, porque si vos estás midiendo con “uy, no funcionó el primer bloque, hay que cambiarlo”, así no se puede vivir. Por eso está atontada la pantalla y atontada gran parte de la gente que trabaja en la tele midiendo el minuto a minuto diciendo “esto no funciona, sacálo, no lo pongas”. Así no se puede trabajar.
¿Cuando aparezca la vacuna contra el virus y salgamos de la pandemia desaparecerá el fenómeno de los shows por streaming o esta nueva dinámica virtual llegó para quedarse?
El streaming seguro que se queda porque es práctico, porque nos está permitiendo hacer ahora un cara a cara Buenos Aires -Rosario o Buenos Aires-Milán, y es práctico, sale bien y será un recurso que van a usar muchos programas. Ahora, si vos me preguntás si la tele aprendió algo de esta pandemia te digo que nada. Porque sigue habiendo la misma polarización política en algunos canales, para mi gusto, y esto me parece que alguna vez habría que debatirlo: hay canales o noticieros que muestran demasiada cosa cruenta que angustia a la gente. Tenemos que pensar o repensar si necesitamos ver a un repartidor de pizzas que lo están baleando o si eso angustia al público y retroalimenta esa angustia y hace que no salga a la calle por miedo. Me parece que hay un exceso de eso porque les funciona también. Pero en ese sentido creo que en esta pandemia la tele no aprendió nada, ni siquiera a contar la pandemia.
¿La cuentan mal por desconocimiento o por mala intención?
Mirá, yo veo conductores quejándose de cuánto falta. Yo qué sé cuánto falta. Yo al segundo día que empezó esto me puse como condición transmitir la mejor onda, tampoco el optimismo al pedo, aunque nosotros hacemos entretenimiento. Pero siempre el mensaje, en tele o en radio, es “bueno, falta poco, vamos, porque esto le está pasando a todo el mundo”. No es consuelo de tontos, pero si yo además vengo y digo “uhhh, no pude ver a mi sobrino”, ¿viste? Nosotros no nos podemos quejar, los tipos y mujeres que estamos en la radio y en la tele, que conservamos nuestro laburo en pandemia y hacemos lo que nos gusta no tenemos derecho a quejarnos de nada, debería darle vergüenza quejarse a los que están en los medios cuando hay gente que todavía desde marzo no puede laburar. Suena demagógico, pero estoy convencido de que es así. Siempre fuimos privilegiados y ahora más todavía.
Hay tres figuras del mundo del espectáculo argentino que no necesitan identificarlos con el apellido: Mirtha, Susana y Marcelo. Más allá de que son estrellas, nunca les demostrás obsecuencia, como sí algunos colegas tuyos de los medios porteños. ¿A qué se debe esta distancia?
Los respeto por lo que consiguieron: Tinelli treinta años liderando la audiencia, creo que en el mundo debe haber pocos casos así, Susana consiguió algo increíble con la gente. Yo no veo sus productos, no veo Tinelli, no veo los programas de Susana, ni nada, Susana hace algunas declaraciones que....si bien es lo que piensa medio país y yo puedo no estar de acuerdo; lo de Tinelli ya es más sinuoso, con la política, con el fútbol, con Esquel a veces derrapa un poco. Pero él y ellas algo han tenido para conservar la audiencia, algo que no se ve, que no se palpa, pero que lo tienen. Mirtha es un caso prodigioso, de cómo preguntar, a veces se va un poco al pasto, pero también hay que entender que ella se deconstruyó 1500 veces con la edad que tiene y acepta que se equivocó y le da para adelante. No es joda tener cinco personas en la mesa y pensar “qué le pregunto a aquel” o “este otro hace veinte minutos que no habla”. Ahora no puede ir al piso por la pandemia, pero hasta el último día con la edad que tiene estuvo impecable, es un caso único.
¿No te parece que se impone un recambio en la tele?
Pero no llega, no te preocupes que cuando venga el recambio, la tele te lo fagocita y lo trae. Van probando, últimamente te pasa que miran las redes, entonces te ven con 3 millones de seguidores y dicen “ponele que nos vea el diez por ciento de los seguidores son 300 mil personas, y entonces son 3 puntitos de rating”. Y no, después medís 0.9 puntos, o sea no lo ven ni sus seguidores. Eso pasó varias veces con la gente de Twitter o Instagram, entonces van probando con chicos nuevos que en las redes se manejan cómodos pero en la tele no están pudiendo transmitir lo que hace falta para decir “con éste la pegamos”. Y seguimos estando los Casella, los Gerardo Rozín, los Tinelli, los...¿viste?. Ojalá venga un recambio de gente inteligente, que llegará de a poco. Ya están un poco en las redes y un poco en la tele, y ahí tendremos a la tele del futuro.
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"La felicidad vive en el conurbano", su nuevo libro lanzado por Editorial Planeta.