¿Quién, apelando al sentido común, podría oponerse a la evaluación de aprendizajes? La respuesta lógica es "nadie". Lo contrario saldría de eso, de la razonabilidad. Porque no hay argumento más valido que el que menciona que las pruebas que encara el gobierno de la provincia tienen como objetivo mejorar la educación, esencial para ser libres, para decidir y tener un proyecto de vida. Por eso, es ahora, la oportunidad para barajar y dar de nuevo. Por los chicos, los hombres del futuro.
Por primera vez en la historia santafesina, una administración provincial encara exámenes para niños de segundo grado, con el objetivo de monitorear los desempeños en lectoescritura y en el marco del plan de alfabetización.
Desde hace décadas, las evaluaciones en Argentina suelen recibir críticas y hasta han sido rechazadas de plano. Sin ir demasiado lejos, al llevarse a cabo las pruebas nacionales Aprender 2016, varias escuelas en el país amanecieron tomadas. La determinación fue impulsada por gremios y delegados docentes que se negaron a los exámenes e, incluso, convocaron a paros.
Los especialistas aseguran que "evaluar el rendimiento y las capacidades de los alumnos es una parte importante para determinar si la enseñanza es eficaz o no". En definitiva, la evaluación es una oportunidad. Es decir, "la posibilidad de que una persona realice una acción para conseguir o alcanzar algún tipo de mejora".
“Tener pruebas propias de aprendizajes y conocimientos es una política de Estado que asumimos y nos permitirá contar con elementos ciertos, con algunas evidencias. Si bien estos dispositivos no son toda la realidad ni resuelven por sí solos los problemas, nos aportan información clave para tomar decisiones en la materia”, aseguró el ministro santafesino José Goity.
Controversia con las pruebas
Otras provincias ya lo hicieron, pero no sin polémica, no sin oposiciones. El gobierno de la bota sabe que sobrevendrán cuestionamientos y se guarda la carta de la respuesta: evaluación sin connotación negativa, y como herramienta para conocer los altibajos del sistema, evitar la estigmatización de los alumnos y una posible caza de bruja a los docentes. En efecto, todos puntos claves para arrancar con la menor controversia posible.
¿Habrá entonces espacio para la censura? Se espera que todos los actores de la enseñanza marchen en el mismo camino, orientados a saber dónde estamos parados en la provincia y desde dónde se puede mejorar.
Pero, en el futuro, habrá que ir a fondo con los resultados, exprensándolos del modo más abierto posible.
Tal como recuerda el argentino Alejandro Ganimian, profesor de la Universidad de Nueva York, en 2022, el Ministerio de Educación nacional dio a conocer por primera vez los resultados de evaluaciones sin publicar informes nacionales o jurisdiccionales.
Ganimian asegura que "tanto las decisiones de los gobiernos de turno para ocultar los resultados de las evaluaciones, como los últimos resultados disponibles, deberían convocarnos como sociedad para demandar mejoras urgentes en la calidad de la educación".
Las pruebas Pisa 2022 indicaron, entre otras cosas, que siete de cada 10 estudiantes argentinos de 15 años no logran resolver un cálculo matemático básico.
Las señales de alerta están al rojo vivo. Argentina mide muy mal en las últimas dos décadas. Se trata, entonces, de salir de esta decadencia.