El personaje, la heroína de esta novela, aún da vueltas y vueltas con su
ejemplo, el primero o el primero importante, sobre el destino de la mujer en la sociedad moderna.
Emma, la señora Bovary, es una de las primeras heroínas que sólo vale por eso, por su género,
reivindicado por Flaubert. No es Xantipa o Juana de Arco. El conflicto de la burguesía con la reina
de las cacerolas y sumisa esclava de salones, la mujer, tiene correlatos en Karenina y otras
heroínas. Son los escritores los que narran a la mujer por mitad o mejor, la mujer insatisfecha.
Sin bromas, Flaubert describe la "angustia existencial" de una mujer. Sus deseos son superiores a
su formación intelectual. Flaubert describe esto y la reacción de su personaje. Emma se enfrenta a
sus deseos y su ignorancia; la descripción es excepcional. Es una de las grandes heroínas.
Las heroínas literarias no tienen obligaciones sociales como las personas.
La moral de la literatura se rige por otras convenciones y son otros juicios de
valor los que tienen incidencia en el relato que la sociedad hace de sí, a través de sus cronistas,
los escritores. Los escritores están autorizados a crear una moral, una épica, una justicia en sus
relatos.
Que Cruz abandone al ejército en mitad de una pelea y se pase al bando de Martín
Fierro es un canto (un acto) que emociona.
Que el señor mayor siga embobado los caprichos de la mínima Lolita no es más que
una deliciosa historia de Nabokov y no el relato de una perversión.
Perseguir una ballena blanca es una alegoría que todos entendemos y hablar con
un perro llamado Viernes indica la lógica del diálogo y el encuentro de un solitario con una locura
que se acepta y se reverencia.
La señora Bovary (Emma Rouault de Bovary) es la que primero se planta en la
literatura y se convierte en la mujer que quiere vivir como se le da la gana
Emma se rebela contra la situación social en la que se encuentra. Se rebela y se
enferma. Física y mentalmente la Bovary sufre. La Bovary fracasa como esposa joven de un médico
viudo y gris, como amante de un joven idealista y como amante refinada de un aristócrata. Nunca da
la talla de sus sueños. Sus lecturas, de folletín, terminan confundiéndola. Sus diálogos responden
a la confusión, habla con un idioma irreal, poco práctico.
Puede decirse que el eje de Flaubert, su mérito final, es llevar al lector al
entendimiento de los deseos de la heroína. Todos somos solidarios y queremos que Emma comparta los
sueños de su joven amante, idealista, pobre. Todos entendemos el relumbrón por los salones y los
vestidos, muchos vestidos. El vestuario ocupa un lugar importante en la mirada de Flaubert. Nos
acongojamos cuando es maltratada por el amante de la alta sociedad de aquellos años de una Francia
románticamente imperial. Acompañamos a la heroína hasta la fiebre y la mentira. Es una sociedad
cruel donde ella quiere ser, simplemente, la mujer de sus sueños. Son esos, sus sueños, los que
provienen de una información equivocada, mínima, que la lleva a confundir su realidad, su
posibilidad. Desde Flaubert se sabe, por la literatura, no por el psicoanálisis, que los sueños no
pueden separarse de la información que se posee y eso es fundamental para trazar el perfil de un
personaje de ficción. El valor literario es muy importante. Flaubert respeta todo, aún el destino
de las tragedias. Madame Bovary muere. Imaginaba un mundo, pero vivía en otro.
El siglo XX colocó a la novela de Flaubert como una de las 100 narraciones de
toda la vida literaria occidental, con el voto de los narradores del mundo. En el siglo XXI ha
comenzado el olvido.
En Madame Bovary aparecen paisajes, calles, ambientes, los estratos sociales de
una época de la cultura occidental en la segunda mitad del siglo IXX. Texto realista, al cabo.
El libro de Flaubert resalta que la mujer puede soñar, que es lícito que se
sienta insatisfecha con el destino de cocinera, zurcidora, amable, sumisa y callada esposa en el
lecho y vacía en sus sueños cada noche. Flaubert reivindica que la mujer puede soñar y vivir su
sueño. Desde la primera acción advierte, sin embargo, que la vida se ensañará con los sueños de una
heroína que quiere volar más allá de su sitio.
Flaubert describe el sueño universal (es uno de los primeros que lo hace, que lo
hace de modo tan espléndido) de la mujer insatisfecha y no hay temor en afirmarlo: la mujer
insatisfecha y la pelea de género encuentran en el texto un sólido argumento. En algún momento,
ante la incomprensión, el escritor dirá: yo soy Bovary.
Hay un movimiento que se indica con este nombre: "Bovarismo".
Acudamos a Wikipedia: se entiende por "bovarismo" el estado de insatisfacción
crónica de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones (a menudo
desproporcionadas respecto a sus propias posibilidades) y la realidad, que suele frustrarlas. El
término fue utilizado por primera vez por el filósofo francés Jules de Gaultier en su estudio "El
bovarismo, la psicología en la obra de Flaubert" (1892), donde se refiere, en concreto, a la figura
de su protagonista, Emma Bovary, que se ha convertido en el prototipo de la insatisfacción
conyugal. Aunque el "bovarismo" no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española,
tiene un uso relativamente frecuente en obras ensayísticas y figura en diccionarios de
Psicología.