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"El VIH me eligió"

Miguel Pedrola es el médico que dirige la ONG más representativa de Latinoamérica

Domingo 26 de Noviembre de 2017

"Soy Pedro Cahn. ¿Está tu jefe?". Miguel Pedrola sonrió mientras estrechaba la mano de quien ya era, a principios de los 90, uno de los popes en VIH-Sida. El doctor Cahn visitaba el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria y quería conocer a su colega, al que suponía, como mínimo, un jefe de servicio.

Sin embargo, Pedrola, que tenía 24 años y cursaba allí su residencia en Clínica Médica, no tuvo más remedio que decirle la verdad: "En realidad, el que atiende VIH aquí soy yo."

Y para sorpresa de Pedro Cahn, así era nomás. La atención de la enfermedad que por entonces era una sentencia de muerte estaba en manos de un joven médico recién recibido, rosarino y criado en Venado Tuerto.

Desde aquellos años en Baigorria, Miguel Pedrola recorrió un largo camino. Hoy es director ejecutivo para Latinoamérica y el Caribe de la ONG AIDS Healthcare Foundation (AHF), considerada la más importante del mundo en la lucha contra el VIH/sida.  

A través de su iniciativa, Rosario ingresó en los récords Guinness el 1º de diciembre de 2012 cuando, en 8 horas, se hicieron 3.733 test rápidos de VIH en 10 puntos diferentes de la ciudad.

Atrás de la vía

En los años 40, el abuelo de Pedrola pasó de peón de campo a obrero ferroviario y les costeó estudios a sus dos hijos: uno fue médico; otro, odontólogo. "El médico era mi viejo y lo destinaron a Venado Tuerto para atender en la UOM", recuerda. Vivíamos en calle de tierra, atrás de la vía, que significaba estar del lado menos opulento, aunque la nuestra era la casa más linda, frente al hospital. Nunca dudé sobre mi vocación: siempre quise ser médico. Pero cuando empecé la facultad mi papá murió de cáncer de pulmón: fumaba mucho. Y la vida no fue tan sencilla como había sido". Pedrola estudió en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Vivía con una de sus abuelas y daba clases de biología para ayudarse con los gastos. Se recibió a los 23. Su idea era ser endocrinólogo, para atender diabetes.

"Viajé a Buenos Aires a hacer la residencia en el hospital Ramos Mejía. Pero no soporté la indiferencia entre los médicos y me volví. Me sentía solo, vivía en una pensión de mala muerte, no tenía con quién conversar. Nadie disponía de un minuto para tomar un café, se iban corriendo para no perder el subte, el tren. El jefe de residentes me lo dijo clarito: acá, es así. Aguanté 5 días".

Entonces fue a hacer su residencia al hospital de Granadero Baigorria. Y "por una cadena de casualidades o causalidades", dice, en poco tiempo se convirtió en el médico santafesino más joven en dedicarse al VIH.

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Miguel Pedrola y otros referentes del VIH/Sida de Rosario posan junto a la intendenta Mónica Fein al recibir la certificación de los Guinness. Fue en 2013.
Miguel Pedrola y otros referentes del VIH/Sida de Rosario posan junto a la intendenta Mónica Fein al recibir la certificación de los Guinness. Fue en 2013.

Los pacientes de Miguel

—A principios de los 90, ¿que sabía sobre el VIH/Sida?

—En la facultad ni nos habían mencionado el tema. Era la época de Rock Hudson. Cuando empecé venían pacientes que se internaban seguido. Como yo los había visto la primera vez, me los derivaban. "Son los pacientes de Miguel", decían.

—¿Cómo llegaban?

—Muy desgastados, deteriorados, con todas las infecciones oportunistas posibles. Se empezaba a dar AZT. La mayoría eran varones. En esta época, en Rosario y cercanías, las principales vías de transmisión eran sanguíneas, por drogas endovenosas. También había hombres que tenían sexo con hombres, pero no era lo principal.

—¿Había mucha discriminación?

—Mucha. Con un enfermero armamos un equipo para visitar pacientes en su casa, generalmente en Rosario, que necesitaban higienizarse, hacerse curaciones. Era gente con VIH que nadie quería tocar.

—¿No tenía miedo a exponerse?

—No. Miedo no, precaución. Tuve algunos accidentes, hice el tratamiento previsto para esos casos.

—¿Nunca sintió incomodidad al trabajar con personas a quienes la mayoría rechazaba?

—Para nada. Me gustaba sobre todo hablar con ellos. En esa época el sida era sinónimo de muerte, se abrían totalmente al médico, aportaba mucho estar cerca de ellos.

"En el hospital me iban corriendo de consultorio. «Estás muy cerca de pediatría o de obstetricia y muchos de tus pacientes tienen tuberculosis». Además, todo lo complicado me lo mandaban a mí"

En el bolsillo

En 1996, Miguel Pedrola terminó su residencia. Y decidió volver a sus pagos, a Venado Tuerto, donde aún vive con su mujer (también médica) y sus dos hijos varones.

—Cuando dije que haría VIH me miraron como a un loco. Era un tema para Buenos Aires, para Rosario como máximo. Ahí, en Venado, yo no iba a conseguir nada de trabajo. Pero al mes tenía 6 pacientes que se estaban atendiendo en otro lado porque ahí no había ningún médico. Hasta se llegó a decir que yo había llevado el VIH en el bolsillo y lo había desparramado por Venado Tuerto. En el hospital me iban corriendo de consultorio. "Es que estás muy cerca de pediatría, o de obstetricia, y muchos de tus pacientes tienen tuberculosis", me decían. Y una vez hasta me derivaron a una chica anoréxica. Todo lo que era nuevo o complicado me lo mandaban a mí.

—¿Y cómo se inició su tarea en AHF?

—En 2010, viajé a Vancouver invitado por el investigador argentino Julio González Montaner, que está radicado en Canadá y que, con sus investigaciones, cambió la forma de tratar la enfermedad. Yo viajaba en representación de Venado Tuerto. Es que allí se había hecho uno de los 5 estudios piloto a nivel mundial para mostrar la utilidad de la estrategia preventiva en gran parte basada en los hallazgos de Montaner. En Vancouver conocí integrantes de AFH y me propusieron algo que, sinceramente, pensé que era una broma.

—¿Qué?

—Romper un récord Guinness: querían superar la cantidad de test rápidos de VIH en una misma ciudad un mismo día. Les propuse Venado Tuerto. Pero hacía falta una ciudad más grande. Y no quise que nos lo robaran Córdoba y Buenos Aires, así que dije: Rosario. Junto a la Universidad Abierta Interamericana (UAI), la UNR y el doctor Sergio Luppo, el 30 de noviembre de 2012 rompimos el récord Guinness con lostest rápidos.

—El test rápido, ¿da una respuesta confiable?

—Totalmente, la especifidad y sensibilidad superan el 99%. Realizar diagnósticos y, en caso de ser positivos, comenzar de inmediato (en 7 días como máximo) el tratamiento es fundamental: para 2030, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Onusida pusieron como meta terminar con el VIH. Pero en 2020 hay una estación intermedia, el 90-90-90: que el 90% de quienes vive con el virus lo sepa, que el 90% esté en tratamiento y que el 90% en tratamiento tenga una carga viral indetectable. Si ese porcentaje crece al 95% en 2030 habríamos terminado con la epidemia del sida en el mundo. En Argentina el 70% de las personas que viven con el VIH lo sabe: tenemos un "agujero" del 20% que falta diagnosticar. Para eso, hay que acercar el diagnóstico de la forma más sencilla.

—¿Los tests son anónimos?

—Sí, por supuesto. Son anónimos, confidenciales y voluntarios. Más del 90% de las personas aceptan hacérselos sin inconvenientes. Trabajamos de diferentes formas según el lugar y la estrategia. Tenemos centros de testeo fijos, por ejemplo en el Sindicato de Empleados de Comercio en Rosario, en hospitales, en ONGs y también centros de testeo itinerantes. Especialmente apuntamos en esos casos a grandes eventos donde muchas personas pueden acceder al test de manera fácil y rápida. Se hace con una gota de sangre.

—¿Qué otras tarea hace la ONG y cómo se sustenta?

—Tenemos nuestra propia marca de preservativos, Love, que entregamos en forma gratuita; también una cadena de ropa de segunda, Out of Closet, y en los EEUU convenios con clínicas privadas que brindan atención médica y una cadena de farmacias. Entre nuestras tareas, están acompañar a las personas recientemente diagnosticadas en su tratamiento mediante acuerdos con servicios públicos, privados, ONG's. En Rosario, por ejemplo, apoyamos al Instituto Caici, al hospital Escuela Eva Perón de Baigorria; tenemos un convenio con la UAI y estamos en negociaciones con la UNR. Además, desarrollamos campañas con foco especial en los jóvenes, en 14 provincias argentinas. Y buscamos incidir en la agenda política. Hoy ya nadie discute que el tratamiento sirve como prevención y que se puede implementar a nivel público.

—Pero en Argentina el tratamiento, aun con altibajos, ¿se cubre?

—Sí. Somos uno de los pocos países del mundo donde se brindan atención y medicamentos en forma gratuita a todas las personas con VIH. El problema es homogeneizar la movilización comunitaria: no es lo mismo Buenos Aires que Jujuy. Influyen mucho la cultura, el prejuicio y las condiciones políticas. También son complicadas provincias como San Juan o Salta. Allí la influencia de la Iglesia es muy importante y es difícil trabajar la temática. No es que no lo permiten, pero ponen todas las barreras posibles para evitar que se desarrolle.

Una epidemia concentrada

En Argentina, la epidemia de VIH Sida es concentrada. "En la población general la prevalencia es del 0,4 por ciento —explica Miguel Pedrola—. Pero en poblaciones determinadas, como hombres que tienen sexo con otros hombres, es de casi el 12%. En personas transgénero asciende al 34%, en trabajadores/as sexuales es del 6%, y en usuarios de drogas por vía endovenosa, del 7 por ciento". En cuanto al rango de edades, la prevalencia es mayor en los dos extremos de la pirámide: chicos jóvenes, sobre todo gay, de 15 a 20 años, y adultos de más de 60 años. Un problema importante es la baja utilización del preservativo, que apenas llega al 16 por ciento. Argentina es uno de los países en la región que más nuevos diagnósticos de VIH tiene anualmente: aproximadamente 6.500 personas. Cada año, se producen en el país 1.500 muertes a consecuencia del sida.


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