Sig Ragga es una banda difícil de clasificar. Su nombre y su trayectoria la ubican cerca de la escena del reggae, pero su música va mucho más allá: tiene cadencias jazzeras, pinceladas folclóricas, ecos de sonidos africanos y melodías que parecen salidas de un mundo onírico. Sus shows también se distinguen del resto, con elementos del teatro, vestuario y maquillaje. El grupo nació en Santa Fe a fines de 1997, liderado por los hermanos Gustavo (voz y teclados) y Ricardo Cortés (batería), a los que se sumaron Nicolás González (guitarra) y Juanjo Casals (bajo). En 2005 editaron su primer disco homónimo, y el año pasado salió su segundo CD, "Aquelarre", grabado en Estados Unidos bajo la dirección de Eduardo Bergallo. También recibieron dos nominaciones a los Grammy Latinos y tocaron en festivales de la Argentina, Chile, Colombia y Costa Rica.
"Nosotros empezamos como un grupo de amigos", recordó Gustavo Cortés. "Con mi hermano veníamos de una historia familiar de mucho arte: mi mamá era artista plástica y mi viejo era cantante de folclore. Nos criamos en ese entorno. Al grupo lo empezamos con el guitarrista, con Nicolás, y el papá de él también era músico. En ese momento arrancamos con el reggae, que nos había interpelado de una manera muy fuerte, y también con el ska, que es anterior al reggae y tenía que ver con la lucha social de los obreros portuarios. Esa música nos voló la cabeza. Pero siempre fuimos muy melómanos y así el grupo se empezó a transformar", relató.
El cambio en Sig Ragga se terminó de plasmar en los últimos años, cuando se abrió definitivamente el abanico de influencias. "No somos muy amigos de las definiciones. Básicamente nos manejamos con libertad", dijo el cantante. "Nuestras influencias son muy vastas, van desde la música clásica hasta la música de los años 50, pasando por el rock progresivo y el jazz. Hay artistas que nos gustan muchísimo, como Louis Armstrong, Chet Baker, Caetano Veloso y Joao Gilberto. También nos encanta el folclore: el Cuchi Leguizamón, el Dúo Salteño o lo que ha hecho Pedro Aznar en ese terreno. Nos interesa toda la música y eso se termina manifestando en Sig Ragga", afirmó.
En ese sentido, el líder de la banda también aseguró que no se sienten parte de "ninguna escena". "Nosotros hacemos lo que nos gusta, y después las clasificaciones vienen de otras personas. En un principio sí estábamos más dentro del circuito del reggae, hasta hace unos años incluso, y renegábamos un poco de eso, de estar siempre participando en festivales de reggae. El grupo tiene una base de reggae, pero no nos sentimos como una banda de ese estilo. Ahora estamos más identificados como un grupo de arte, porque es lo que realmente hacemos", apuntó.
Ese perfil de banda "arty" se nota sobre todo en el escenario, donde Sig Ragga utiliza vestuario y maquillaje. "Eso tiene que ver con el mundo del cine, con los cuadros de mi mamá, con un mundo de fantasía", explicó Cortés. "Y se fue actualizando. En un principio salir en vivo era emancipador para nosotros. Significaba la liberación de la escuela, de las instituciones opresivas, de todo lo que veíamos en plena adolescencia. Lo sentíamos como un arma de cambio, algo casi revolucionario para nosotros. Y lo sigue siendo. El hecho de pintarnos, de defigurarnos, de inventar personajes, tiene su correlato con la música, viene del mismo espíritu. En el show trabajamos en una puesta en escena, muy influenciados por el cine, por la iluminación y la fotografía. Nos gusta trabajar con distintos lenguajes", se explayó.
El grupo grabó su último disco, "Aquelarre", en Texas, Estados Unidos, con la asistencia del ingeniero Eduardo Bergallo, reconocido por sus trabajos junto a Soda Stereo, Shakira, Gustavo Cerati y Diego Torres, entre otros. "Fue un sueño, hasta el día de hoy no lo podemos dimensionar", admitió el cantante. "Son cosas que pasan muy pocas veces. Grabamos en un estudio con unas posibilidades técnicas increíbles, totalmente inalcanzables para nosotros y todos los que estamos en el rubro. Además estábamos las 24 horas del día dedicados al disco. El que hizo el puente para grabarlo allá fue Eduardo (Bergallo), que venía trabajando con nosotros en vivo. Al dueño del estudio le gustó mucho la banda y nos abrió las puertas: nos pagó los pasajes y nos regaló la grabación. Así que lo aprovechamos. Fue una oportunidad única", recordó.
Siempre inquietos, los Sig Ragga ahora están componiendo temas para su próximo disco y se encuentran desarrollando ideas para un nuevo show. También quieren editar un DVD en vivo y planean actuar en el teatro Vorterix de Buenos Aires.