Hace unos días me fui a tomar una placa radiográfica. En la puerta del sanatorio Americano me encontré con Daniel García que es el cirujano que me operó del corazón y me salvó la vida. Charlamos un momento y luego me trasladé a rayos. La radióloga me recibió con una sonrisa, previamente mientras estaba en la sala de espera pasó Miguelito, empleado del sanatorio y viejo amigo de la vida. Cuando salí a la calle estaba realmente contento. ¿Por qué? Creo saberlo. La calidez y generosidad de la gente del sanatorio hicieron posible que hoy camine, trabaje y sueñe. ¡Gracias médicos queridos, técnicos y viejos amigos! ¡Gracias por ayudarme y devolverme la salud! Y más que nada gracias a la Caja de Ingenieros que nos contiene y ayuda en esos terribles momentos de angustia. Siento que les debo mucho. Se los agradezco de corazón y dejo para ello, éste mi humilde testimonio.
Juan Alvarez,
LE 6.187.086

























