Días pasados se recordó la festividad hebrea del Yom Kipur, conocida entre nosotros como el "Día del Perdón", recordación que lleva casi 3.000 años, a lo largo de épocas y lugares muy distintos en el mundo. Se recuerda el día en que Moisés consiguió el Perdón Divino, después de 40 días de ayuno y ruegos. Se trata del día más sagrado del calendario hebreo, está dedicado a la vida espiritual en la sinagoga, a la plegaria intensiva, a la meditación y al recuerdo de los fallecidos. Es notable su vigencia a través de tantos años, cuando en la actualidad, tecnologías del año pasado parecen antiguas. En ese día se resalta el arrepentimiento, el perdón y la solidaridad. El filósofo y humanista, Erich Fromm decía: "Un hombre que se arrepiente, es un hombre que regresa". El Perdón Divino no es un regalo, sino una meta a conquistar cuando el hombre vuelve a lo mejor de sí mismo. En ese día también se recuerdan las palabras del profeta Isaías, quien proclamaba "no es el ayuno lo que purifica a las personas, sino los actos de solidaridad con el prójimo". Siendo católico, resalto la esencia de esta festividad. No importa la religión que profesemos, o si el individuo es agnóstico o ateo, el arrepentimiento ante un paso equivocado, el perdón para el semejante que equivocó su conducta, y la solidaridad y la ayuda para el necesitado, nos hacen mejores personas y ennoblecen nuestra condición humana. En estos tiempos donde pareciera que la "globalización", muy presente en la economía, en la comunicación, en este mundo tan conectado, también se da en la indiferencia.
¿Estacionamiento medido?
¿Alguien me puede explicar por qué si el gobierno nacional dispuso que el último lunes fuera un día no laborable con fines turísticos, y en CABA el estacionamiento fue libre en toda la ciudad, en Rosario regía el estacionamiento medido?
Oscar Sacchi
DNI 6.041.495
Sin censura, sin piedad y sin moral
Al gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, la cámara indiscreta de algún periodista lo registró mientras trataba de "despejarse de las preocupaciones" que el pésimo Estado registra en todos los indicadores. Maestros en huelga desde hace largo tiempo, sumados a los empleados estatales "que pretenden cobrar". Entre las actividades de su cargada agenda se hizo un lugarcito para irse hasta la capital de la República, seguramente a meditar si el aumento del 100 por ciento que se autodecretó en su sueldo le alcanzaría para poder darse gustitos de paladar negro, como son los de este escribano, asesor y socio de Lázaro Báez (el Cliquot Ponsardin vale 10.000 pesos la botella en el balcón del bar del Palacio Duhau, donde se lo fotografió). Todo esto sucede mientras su provincia es una hoguera a punto de estallar. Así se hace política en un país devastado como Argentina, sin censura, sin piedad y sin moral. Me pregunto: algún día los sufrientes y engañados ciudadanos que los votamos (no para que hagan estas cosas sino para que cumplan con sus promesas de solución a los problemas existentes), ¿haremos sonar las voces para el lado de la Justicia?
Otto Schmucler
Un debate que no fue tal
No fue lo que yo esperaba. Alberto Fernández muy agresivo y confrontativo con Macri, Lavagna contestando mal de lo que más sabe, y en ocasiones perdido. Del Caño, un joven con ideas viejas que lo único que repetía eran los pedidos de minutos de silencio y de solidaridad con los indígenas de Ecuador cuando le concedían 30 segundos. Lo tendrían que haber amonestado por lo del pañuelo. Atinadas las posturas de Espert, muy aplomado y directo. Centurión, con una verba castrense pero transparente. Macri, si bien siguió insistiendo con un bienestar que le fue esquivo hay que reconocer que nada se resuelve en tres años, la realidad es que nadie tiene la pócima mágica para solucionar los problemas. Lo de Fernández, puras contradicciones con respecto a sus declaraciones pasadas con respecto a su mentora y jefa, el dedo admonitorio y autoritario típico K, como si tratara a alumnos del primario, le jugó en contra. Además de tener al patético Scioli de ladero, fue cuanto menos bochornoso, un ex gobernador tan cuestionado opinando nos define como una sociedad decadente y mediocre. Agradecidos, señor Fernández por su denodado esfuerzo y aporte a la campaña de Macri.
Roberto Rubén Sánchez