"La murga está muy arraigada en la gente, no creo que en el futuro haya una amenaza a que desaparezca, es como si desapareciera el campeonato uruguayo", dice Yamandú Cardozo, director de Agarrate Catalina, la murga charrúa que no resigna sus banderas de críticas hacia el poder, aunque la izquierda hoy esté en el gobierno. Agarrate Catalina presentará el próximo sábado en el Anfiteatro Municipal su nuevo espectáculo "Esperando el fin del mundo", en el que hace una pintura de esta realidad y ofrece a la vez un mensaje esperanzador.
En diálogo con Escenario desde Montevideo, Yamandú Cardozo habló de cómo modificaron el discurso para hacerle una caricatura a Pepe Mujica, de que no es el momento de incluir ninguna referencia hacia el mandatario venezolano fallecido Hugo Chávez, y que tampoco están de acuerdo con opinar sobre la política argentina, simplemente porque no les gusta "tocar de oído". Y dijo por qué se siguen sintiendo, en tiempos cibernéticos de sobrecomunicación, en "la voz de los que no tienen voz". Agarrate Catalina.
—La propuesta está implícita dentro de la caricatura. Este espectáculo es un reestreno de un espectáculo del 2006, en donde nosotros jugamos a transformarnos en cucarachas, basado en la sabiduría popular y en la concepción científica que dice que las cucarachas resistirían un cataclismo universal, y se quedarían en el mundo como los únicos habitantes. Y jugando a ser cucarachas nos reímos del humano, y hay caricaturas corrosivas del ser humano, hablamos de la guerra, de la violencia, de la relación del hombre con la iglesia, con la ideologías, de fragmentarse tanto el odio al otro, definiendo al otro como un enemigo y no como un prójimo. La retirada habla sobre el niño como una chance que tiene el mundo de redimirse en algo de toda su porquería. Lo luminoso es la crítica con humor y más bien dura hacia el género humano, y al final aparece el elemento esperanzador con el nacimiento.
—¿La murga es la voz de los que no tienen voz, aunque suene un poco a una frase hecha?
—Totalmente, yo creo en eso, es algo romántico decirlo así, pero la murga es un poco romántica también. Desde el nacimiento del género, la murga es ejecutada, amasada y dirigida por hijos corrientes de vecinos que se juntan a tirar la bronca en un lugar inventado, porque no tienen la posibilidad de que su voz sea escuchada. Somos los laburantes, obreros, empleados o patrones, somos gente que generalmente no tiene acceso a que su voz sea escuchada a no ser por la murga. Fijate que va más gente al carnaval de Montevideo que a ver a todos los clubes de fútbol del Uruguay, es un dato súper importante, es el pueblo hablando a través del arte, y analizándose colectivamente a través del humor.
—¿Falta y Resto y Araca la Cana marcaron su herencia artística?
—En realidad la Catalina es la devolución a esas murgas que nos tuvo de espectadores La Falta le dio un aporte muy grande al género en la década de los 80, donde no había una manera de decir, incursionó en una poética, una mirada diferente, posó la lupa sobre otras cosas, con un distinto tratamiento estético. Yo soy hincha de esa murga, y si me hubiesen dado la chanche escribiría ahí. Después Araca tiene 80 y pico de años, retoma una ideología más sacada de los 60, e integró un grupo de murgas de murgas cooperativas que —con un Uruguay saliendo de la dictadura, con un cooperativismo muy fuerte, con un intento a ser solidario en lo colectivo— fueron padres de las murgas actuales. En mi caso particular, la referencia de la Falta y Resto es permanente.
—Las murgas siempre fueron críticas al gobierno, pero al estar alguien como Pepe Mujica como presidente del Uruguay ¿las murgas pasan a ser oficialistas?
—Creo que no, todas las murgas pidieron un cambio político en nuestro país para que la izquierda suba al poder. Pero cuando ganó la izquierda se abrió un escenario interesantísimo, porque muchos pensaron qué iba a pasar con el discurso de esas murgas. Creo que salieron muy bien paradas de este nuevo escenario, porque la murga siempre mantuvo la sátira y la crítica política. El problema es que los gobiernos siempre se pararon en la vereda de enfrente, cuando un gobierno se para en la misma vereda del pueblo, y nace desde el pueblo, como en este caso, las murgas más identificadas con la izquierda dieron una carta de crédito, pero no se terminó la crítica, porque así lo dice el diccionario de las murgas: la murga debe hacer crítica política, porque lo reclama la gente. Si vas al almacén de tu barrio, la gente te dice «mirá que están muy blanditos, mirá que a mí me cuesta parar la olla, digan algo».
—¿La gente se convierte en el termómetro de sus textos y ofician de letristas, sea cual fuere el gobierno de turno?
—Claro, te reclama sobre tu obra y es muy maravilloso. El tipo de la calle se siente parte, y no sólo te está esperando para divertirse y ver cómo hacés la caricatura sobre la foto social, sino que además te abre los ojos, te mantiene alerta para decirte qué tenés que hablar en una sanísimo atrevimiento, tiene decisión sobre los espectáculos, en cierta manera. Las murgas han encontrado su lugar, han prevalecido las caricaturas políticas y le encontraron la manera de criticar incluso a los militantes de izquierda, los incluyo dentro de la caricatura, cómo vivimos el cambio, las dudas sobre qué decir y qué no decir, y nos burlamos hasta de esas dudas, no lo digo por Catalina sino por todas las murgas de izquierda. El género ha sido tan inteligente que se ha burlado hasta de esa misma duda de los militantes de izquierda.
— Pasaron del lugar de la crítica contestataria a la crítica constructiva, digamos.
—Sí, con más humor, con menos humor, con más tolerancia o menos tolerancia, pero hay una gran fidelidad a la necesidad de seguir analizando la realidad. Y eso es el valor que yo le doy al carnaval, ya que permite que desde los más sumergidos a los más encumbrados económicamente o culturalmente, hacen un análisis que es escuchado por todos los barrios. Es un evento muy fuerte a nivel sociológico.
—Hoy el mundo está consternado por la muerte de Chávez y ustedes hacían un cuplé sobre él. ¿Lo van a incluir igual?
—Por ahora, no nos da muchas ganas ni es recomendable hacer este cuplé sobre Chávez, sobre todo porque está claro que la muerte no debería construir o justificar nada, pero por otro lado habrá mucha gente en Venezuela que se siente más sola a partir de la muerte de un líder como él. No me parece conveniente hacer humor sobre eso, aunque nosotros no teníamos una crítica conceptual sino que hacíamos una caricatura superficial que a la vez era para los militantes de izquierda uruguayos, como mi viejo, que me obligó a ver las ocho horas del discurso de Chávez. Y allí se abrió el debate entre escucharlo o admitir que estabas roto los huevos y cambiabas de canal.
—¿Hacen alguna alusión a Cristina de Kirchner en el espectáculo nuevo?
—No, porque tampoco nos corresponde dado que no tenemos la clase de información necesaria. En el caso de la política argentina somos muy cuidadosos, sobre todo de la coyuntura, nos resulta inabarcable para los uruguayos. Argentina es un país inmensamente grande, mucho más combustible que los uruguayos, más inflamable y variable, y eso nos haría pifiar, y no nos gusta tocar de oído.
—La juventud va cada vez mas hacia lo cibernético ¿no temen a que el formato de la murga quede caduco para los veinteañeros?
—Es algo que nos hemos replanteado, después de un par de copas, y de 14 horas de bondi, eso aparece también en las tertulias, porque además somos muy amigos, y hablamos del lugar que tiene hoy la murga. Mirá que arrancamos esta nota diciendo que somos la voz de los que no tienen voz y fijate que hoy todo el mundo tiene voz, todos tienen 3.000 amigos en no sé donde, o 1.000 amigos en tal lado, o 4 seguidores en el otro lado, y tiene la capacidad de expandir su pensamiento al punto que el conventillo ya es mundial e instantáneo. Pero el género de la murga tiene la posibilidad de atravesar una cantidad de barreras en cuanto al público. Es una de las pocas cosas que ocurre en Uruguay, que hoy todavía va al tablado a verla un veterano de 80 años y su nieto de 6, y que, como la murga está diseñada para ser un espectáculo cultural, en capas, el niño entiende hasta donde puede, y el hermano de 20 años está twitteando y pone en Facebook «qué buena que está la Catalina» y el abuelo la comparará con la murga de su época y el padre aplaudirá o puteará porque no le gusta y prefiere más a una murga de los 70. Si agarrás el termo de un uruguayo vas a ver stikers de su cuadro de fútbol, de su partido político, de la banda de rock preferida y de la murga que le gusta. Está bueno para el debate interno saber qué lugar ocupamos y cómo seguir interpretando la voz del pueblo. La murga está muy arraigada en la gente, no creo que en el futuro haya una amenaza a que desaparezca, es como si desapareciera el campeonato uruguayo.
Algo superficial sobre Cristina y Pepe Mujica
“La murga también vive de la repentización, de la actualidad más inmediata”. Así justificó Yamandú Cardozo alguna referencia que podría aparecer hacia la presidenta Cristina de Kirchner, pese a que dijo que no les gusta hablar de la realidad política argentina (ver material central). “A lo mejor podemos hacer algún chiste muy superficial, sobre todo si tiene que ver con el pepe y ella (Cristina). No haríamos una cuestión editorial porque no corresponde, y no es por no comprometerse, ya que los reales compromisos de la Catalina ya están dados desde lo humano y la situacion social que nos baña a los dos países, la cuestión económica o de los modelos que seguimos, o sea que ya tomamos partido mucho más allá de lo coyuntural”, dijo.